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Por Soria y Obes

Nuevos audios, con nuevos matices, y su multiplicación intensa por todos los medios disponibles. A minutos de programarse la nueva aparición de los dichos (viejos) de CFK, se comenta, con estupor, la vulgaridad y el desprecio en los que puede incurrir la lengua de una ex mandataria.

Más de 88 cd’s dan cuenta de los detalles de la comunicación telefónica del ex número uno de la AFI, Oscar Parrilli, con sus colaboradores directos, con otros funcionarios ligados al servicio, y sobre todo con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en lo que se asemeja a una Caja de Pandora, de la que afloran males vocales por goteo: órdenes, insinuaciones, puteadas, ironías tejidas con presagios… Males, administrados desde una consola de sonido, que al toque de play y stop van rankeando las piezas más sucias de un diálogo de rutina.

La justicia de los hechos 

Junio, 2016: Pérez Corradi, imputado como autor intelectual del triple crimen de General Rodríguez, es trasladado cinematográficamente al país, luego de ser hallado en Paraguay viviendo bajo identidades falsas por más de cuatro años. El juez Lijo procesa a Parrilli por entender que encubrió al imputado al no comunicar informes que develaban su paradero. Esto a finales del mismo año.
Marzo, 2017: se declara la falta de mérito del ex jefe de la AFI, se conserva la actuación del juez Ariel Lijo en la causa, y ratifica las escuchas telefónicas, con el agregado de que tendrá que profundizarse la investigación. En diciembre del año pasado Servini de Cubría dictó idéntica medida sobre Pérez Corradi, aunque lo mantuvo preso. El gran frustrado fue el gobierno, que apostó desde un principio a conectar a la gestión anterior con las causas y derivaciones del triple crimen.
En el medio, el fiscal Delgado solicita a la Corte y a la AFI que investiguen puertas adentro la cadena de custodia de las escuchas. No prosperó la recusación del juez Lijo; entre éste, la Corte y la Agencia Federal de Inteligencia deberán decir, en algún momento, qué responsabilidad tienen en las filtraciones telefónicas; los difusores quedan eximidos de revelar las fuentes (y los pasamanos) por imperio de la Constitución Nacional. Las escuchas se escuchan y seguirán valoradas como medida judicial, sin importar, o importando menos, que su contenido se cuele con la cualidad de un capricho sospechoso.

Socioanálisis del off

La voz en off en tiempos de internet pasa por un registro con propiedades múltiples; el guión histórico es relevado de sus matices más realistas: silencios, dudas, gestos y adornos del cuerpo, quedan fruncidos a una mínima expresión, al amparo de un relato que soporte la lógica de la transcripción.
Las intervenciones sobre un recurso tan parco como la voz (en off), son necesarias para habilitar un espacio entre las publicaciones; una voz grabada, sola, sin imágenes ni palabras que completen el mensaje, sería en el mejor de los casos un placer subjetivo, estadísticamente discreto. ¿Bajo qué condiciones este registro se vuelve persuasivo, impregnante?
La vida de los otros, el film alemán que expone la urdimbre perversa de la Stasi, policía secreta de la RDA durante el comunismo, lejos de ser una anomalía para las democracias contemporáneas, prueba la continuidad de los métodos de control y del espíritu fisgón -más rampante en nuestra época. Si lo captado por los micrófonos del totalitarismo dejaban a sus víctimas inermes, literalmente en manos de otros -Dreyman puede salvarse porque su espía, Wiesler, se fascina con él-, los derrames de las captaciones dentro del Estado de derecho circulan con igual libertad que una mercadería sustraída al fuego -quemar los off, ritualmente, es acabar con una prueba innoble.
En el interín, con las muestras ontológicas de la víctima: su lenguaje, los expertos realizan la trazabilidad del off con la comisión de delitos. Afuera: en las calles, las rutas virtuales, en las nubes, las copias circulan como textos satíricos, de ingenio.
La sociabilidad del chiste finge pasar por alto a los comediantes: ríe con el exabrupto, pone nuevas mordacidades en sus bocas. La tarea anónima y vertiginosa de la divulgación, rebaja los significantes de la víctima, la degrada. Es la política por otros medios: la construcción social de la vergüenza.

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