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Por Gladys Loys.

Marzo. Hemos atravesado un año enfrentando decisiones gubernamentales tomadas para la vida política, publica, de la Argentina, que nos sumió en la  perplejidad. Medidas, gigantescas medidas, numéricas medidas que como acontecimiento no se podía comprender. Rebasaron los recursos disponibles. Ni como en los 90, ni como en los 70/ 80, aunque buscáramos comparaciones con qué organizar su comprensión, la comprensión, de lo irruptivo / disrruptivo. La irrupción en una lógica que fue conformándose en la experiencia del hacer y  pensar que nos merecíamos  los derechos conquistados, por ejemplo, y que  seguiríamos ampliando sus alcances.

Una avalancha, un alud de olvido, dejaba a la memoria latente. Fue un momento de silencio. Se callaron los Dioses. Se callaron los hombres. Cada uno podrá recordar el día y la hora cuando en el último año sufrió por el suspenso, la suspensión de la estructura que lo contenía.

Despejándose va el aire de las palabras que totalizó el universo semántico con la jactancia, no ya del sí se puede, sino del puedo hacer y deshacer sin costo.  Porque  la vida siempre siempre se abre paso..

Ahora todo parece ir regresando a recordar el lugar al que llegamos. Retomando el hilo del reconocimiento a nuestra dignidad de ser, que se trenzó en la lucha, en medio de una era de fluidez y donde se escucha decir, que todo es cuestión de “opinión” que todas las opiniones valen igual. Sin diferenciar lo que porta y aporta cada una al bien social. En medio de ello y en disputas, recomponemos la idea de que la justicia y solidaridad no son sino los actos y el camino mismo que se elige y se realiza para alcanzarlos. Por eso marzo, en Argentina, es una invitación a pensar ¿De qué hacemos memoria? Los invitamos a traer la suya, como ejercicio de sumar al sentido de Democracia.

Memoria de la Libertad

Marzo, y como cada 24, desde hace algunos años, instituido como Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia, en Argentina, damos testimonio. Aquella vez, marzo del 2009 fuimos convocados por una comisión del lugar, a una localidad que en la provincia de Santiago del Estero organizaba el Acto.

Viajé llevando- además- el propósito de ver salir el sol.  Me ilusionaba la idea de recuperar la luz de la mañana, caricia ambarina tenue que me arrebujaba y era promesa de vida para el desperezo en mis mañanas de estudiante. Trechito intenso de mi adolescencia temprana, mi paso por ese mismo pueblo, que ahora, en mi edad adulta, requerida, debía poner junto a aquella, esta otra memoria, la de pres@s de la dictadura cívico militar genocida.

Guardaba memoria de que la luz del alba, cada día, se sumaba a los olores de la leche que nos traían de la estancia y entibiaba los ruidos con que mi tía nos anunciaba, a mis primos y a mí, que el colegio nos esperaba. El olor al pan y dulce de leche caseros atenuaba el sacrificio de la levantada.

Ahora, cuarenta años después de concluida una etapa de colegio que nos vio marchar del pueblo, año 69, caminé,- desde la esquina del Monolito que erigido en la platabanda de la calle principal, se levantaba para recordar  la memoria de luchas y resistencias  al estado terrorista-, hasta la casa de mis tíos. Vacía la casa, en la vereda, en el mismo tronco, -de un árbol de los muchos de su tipo, talados por Patrones y sin medida, en la zona-  que nos hacía de asiento por las noches, y donde con mis primos y amigos guitarreábamos, había unos changuitos sentados, a los que pregunté y me dijeron, que en el patio seguían existiendo los rosales.

Marzo es todo comienzo. Todo por iniciar, todo por escribir. Hojas en blanco en el forrado cuaderno, el lápiz que espera afilado, el guardapolvo su estreno, los zapatos descansan hasta la primera pisada. Marzo es como la infancia, es el tiempo inicial, cuando se construye el alma. Marzo es democracia, por  su emblemático retorno, el de aquel 11 de marzo del 73. Aunque también, Marzo tiene alas, pero no lo dejan … Le ponen candado, le fabrican rejas[1], como el dictatorial  24 de marzo del 76.

No alcancé a ver el sol, -y eso que leales hasta los muros de la cárcel traspasándolos entibiaba- y no porque el cielo no fuera generoso, lo es, tanto!  Como la gente de la espera. Los que resistieron al olvido, los que le pusieron contenido político a nuestro regreso. Los que hicieron que sigan girando los sueños de igualdad en parajes olvidados, haciéndonos lugar para  anidar futuros. Los que ponen el cuerpo y dan el contexto para que nosotros mismos nos comprendamos en la consigna: no olvidamos, no nos reconciliamos. ¡Alerta compañeros!  nos dijeron, fraternalmente. Es que esta el riesgo de sólo quedarnos en el gesto rimbombante de pasado, para las glorias de sólo algunos beneficiados de presente.

A veces, y pese a las enseñanzas, partimos, nos vamos, sin ver el sol. Como cuando somos muy pequeños para tamaño cielo.

 

Memoria de la Democracia

No renuncio, sin embargo, hay mucha memoria, milenaria memoria precediéndonos para pintar el cielo. Como la memoria de aquel año 82. En la Argentina se precipitaba el fin del proceso de reorganización nacional, última dictadura militar argentina. Salí con el empujón de memorias de democracias, en un país que se aprestaba a recuperarla y que no tardaría más que un año en lograrlo.

 ¿Qué es la democracia?  sino el deseo, que se apretó en el pecho de cualquier argentino todo el tiempo que imperó su contraria: la dictadura. Y en el mío, recobrado deseo de abrazar sin tiempos, de soñar sin rejas, de escribir sin censuras, de compartir sin miedo.

Memoria del 82, retorno a la libertad: sentir los sonidos que produce la gente que trabaja. De la mañana que canta, en la madera aserrada, en la calle polvorienta, en el andar pueblerino, en la esperanza que como cauce dirigimos al mañana.

¡Y oír el canto, libre! Libre por fin!, en el mismo patio de  escuela, libre el Himno en mi pequeño, el mismo, poblado, frente a la bandera, volverla a ver en el mástil, entre lágrimas y entre las cabecitas de unos niños, en cuya fila, yo, ahora no estaba, me reemplazaba el hijo, que se aguantó la espera en tiempos de dictadura,  a que el retorno de sus padres  le hablara de democracia.

Democracia, en su retorno del 83 ¿Qué fue? ¿Sino el encuentro de tanta madre y sus hijos y de seguir las MADRES buscándolos?

 

Memoria de la in-JUSTICIA

La verdad fortalece la vida humana, la dignifica;  y en la Argentina del presente, la recuperación de la memoria histórica es  un acto de resistencia contra el olvido que tanto justifica lo impune. 

..”De aquí no sale nadie  o locas o muertas, y nadie cuente lo que vivió aquí adentro”. Orden, propósito, imperativo de muerte por apelación al olvido que nos repetían los militares argentinos en las cárceles vidrieras transcurriendo el año 82, ante el inminente vaciamiento de las cárceles. Aunque llegaríamos hasta el 87 con presos políticos de esa dictadura.

Los pueblos no sobreviven sin memoria, cada riesgo del presente la convocan.

Con memoria constituimos lo que somos.

Memoria pos genocidio, memoria paciente y a la espera. Memoria atenta por componerse con los cristales del estallido, por reunirse y saber de qué estaba hecho el plan que buscó su exterminio. Obligada a recordar y a actuar para transformar impunidad en  enmienda humana, rectificación cultural, acto de justicia.¿Qué la hizo deber?  ética de lucha? ¿Cómo constituyó política de rememoración?

Memoria que actualiza la experiencia sobrellevada, dando testimonio de que no se logró el cometido, que la vida que se segó se abre paso en el deseo, …..el que nos late ahora,  a este grupo, a nosotr@s, cuando nos encontramos, en la alameda del Parque San Martín,  atravesando el Portal de la Memoria, en Salta, y a la orilla de la ruta allá en Palomitas. Año 2011, recordándol@s a ell@s , nosotr@s, entre to@s, los que quedamos para ser  memoria de sus sueños, ellos, ellas que nos reúnen mirándonos en su recuerdo, nosotr@s, los que sorteamos una muerte por decisiones caprichosas: Este sí, Este no. Somos memorias que se buscan, aguardando y guardando todo este tiempo, en esperanza de encuentro, de reunirse para hacerse una, colectiva comprensión del pasado, haciendo presente.

Así nos ocurre cuando te encuentras después de 30 años de no verte, y te ves en la memoria de l@s compañer@s que te abrazan. Como ocurrió  con  Pía, compañera no sorteada para morir en Palomitas[2][i].

Después de esa masacre, que no fue la única en la terrorista dictadura militar  de los 70,- cuenta también la de Margarita Belén, en Resistencia , entre otras,-  las cárceles provinciales comenzaron a despoblarse. Presionados por organismos internacionales de derechos humanos, las cárceles debieron ser convertidas de centros de incomunicación y aislamiento a lugares visitables. Comenzaron los traslados desde todas la provincias y la concentración de mujeres, en una sola cárcel, la cárcel de Villa Devoto. Con Pía coincidimos en el avión que realizó el traslado, compartimos el mismo vuelo y la reubicación en  la cárcel de Villa Devoto y también por un tiempo, el mismo pabellón.

En ese 6 de Julio de 2011 que recuerdo, un grupo de compañer@s hicimos una rueda, mediando el acto por la Masacre de Palomitas, en el Parque San Martín de Salta.   Como siempre, hacemos y rehacemos rueda, le damos la vuelta al pasado con alguna anécdota, siempre completamos un recuerdo, le ponemos en la memoria de la otra el pedazo que nos quedó en la nuestra  .. :- ¿te acuerda de?.. me acuerdo que .. vos eras?.. y la compañera tal?…Y así ocurrió esta vez: “compañeros les voy a contar lo que me contó Pía en Devoto”… y ella dice:- “ya sé de qué te acuerdas”… y ante los compañeros, nuestro circunstancial auditorio,  recordamos y repetimos la misma historia que una de nosotras pensaba que recordaba la otra,  la misma historia trasportada en la memoria de ambas,  todo este tiempo!,  y el relato  actualizó el lazo que el encuentro tensó hacia el  futuro. Presurosa me dio el número de teléfono y me pidió que la busque y me encuentre con Virginia,   compañeras en la misma cárcel, compañera, que como ella, no fue sorteada para morir en  Palomitas, compañera  que escribió y escenifica “EL TAPADITO VERDE”.

El exterminio, sabemos, tiene  controversiales relatos,  y estos encuentros recrean la  voz que  conjugamos  juntas, que  al unísono  denuncia el genocidio y que reclama  justicia. Nos encontramos abrazadas por la misma ética de solidaridad de entonces, y cuando nos despedimos, partimos reconocidas en el deseo de avanzar haciéndonos memoria de aquellos principios. Pasaron más de 30 años y cada una se aguardaba, descontando encontrarse intacta en el recuerdo de la otra.

Corriendo tod@s, en la despedida de partidas provisorias, entre el abrazo de Ema, Mirta, su hijo, su madre y su hermana; Emiliano- hijo de Evangelina,  muerta en la irracional masacre de Palomitas- la Negra, Ricardo;  entre fotos, cánticos y lagrimones, Pía me dio su teléfono  en medio del frío que nos expulsaba del parque. La nochecita ya caía sobre un día que nos había tenido a muchos y a tantos recordando a los compañer@s muertos en la masacre de Palomitas. Completó entre  la información de su vida actual, que me faltaba:  que tiene casi 10  años más que yo,  que siempre creí que todas éramos sólo una edad en la cárcel de Devoto¡!

Me repitió que busque a Virginia, que EL TAPADITO VERDE,  obra de teatro que se está poniendo en escena, era el tapado verde de Georgina, una compañera elegida para la muerte en Palomita.

De regreso a Santiago, Nilda me confirmó con su recuerdo:- Georgina tenía un tapado verde…

 

[1] expresión tomada de una poesía anónima registrada en el cuaderno de la cárcel

[2] Párrafo revisado Compuso un artículo que me fuera publicado en el periódico Presente. Año 2008

3- Masacre de Palomitas. El 6 de Julio de 1976, 11 personas fueron sacadas del Penal Villa Las Rosas, Salta,  y asesinadas en el paraje de Palomitas al sur de la provincia de Salta

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