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Por Ignacio Ratier.

Una tarde, en uno de esos arranques frenéticos que me llevan a lanzar una catarata de tweets, se me ocurrió lo siguiente: Si existiese la amenaza de juicio político al presidente y corremos el riesgo de que lo suceda Michetti, armaría una agrupación llamada La Mauricio Macri y lo defendería a capa y espada. Una humorada con su dosis de incorrección, nada de otro mundo para un espacio caracterizado más por la agresividad que por la racionalidad. Sin embargo me detuve, la idea dejó de parecerme buena. Aquí van las razones.

La vida en tiempos de consolidación del régimen digital nos exige poner la atención en todos los órdenes para analizar la realidad política. Casi que nos tenemos que transformar en reptiles para extender nuestra capacidad de observación. Todos los espacios de expresión, hasta el más ínfimo recoveco, se han vuelto importantes para entender las pautas de organización de nuestra cultura; lo que sucede en la plaza, en los medios tradicionales y lo que se dice en las redes sociales, en conjunto, conforman nuestra esfera pública y, por lo tanto, no debemos perderlos de vista si lo que queremos es medir el clima y el humor social.

La violencia contra la mujer se manifiesta en todos los órdenes. Con la excusa de la diferencia ideológica, como si con eso alcanzara para justificarla o ampararla, muchos de los hombres y mujeres que militan en contra de ella terminan por incurrir en lo mismo a lo que se oponen. Reflexionar sobre la cuestión es el objetivo del texto. He sido muy crítico de los gobiernos kirchneristas y me opongo fuertemente a la represión ilegal de la gestión de Patricia Bullrich, el miserable aumento propuesto por Vidal a los docentes y su pésimo trato hacia ellos durante su reclamo; también quiero encender luces de alarmas ante el sobreseimiento de Gabriela Michetti, quien no pudo justificar el origen del dinero que encontraron en su casa. Todo lo que viene a continuación no es un aval de la mala política.


Gabriela

De la espectacularización de la política se ha hablado y escrito mucho. Lo cierto es que los últimos años nos llevaron a un escenario en el que la mayoría de las cosas se mide al ritmo de las cambios en las tendencias de la sociedad. Frases como “Milagro está presa porque una mayoría así lo cree” son sintomáticas y dicen mucho respecto a lo señalado. En tal sentido, la presencia de personajes como Scioli o Michetti es todavía más significativa para comprender esto. No quiero decir que la discapacidad que sufre la vicepresidenta sea el único atributo que la llevó a la posición que ocupa. Gabriela, además, reúne todas las características necesarias para integrar el espacio que integra, partiendo de su dicción, prisma a través del cual se pueden percibir los círculos sociales por los que se ha movido. Como en La uruguaya, novela de Pedro Mairal, cuando los chorros que asaltaron a la hermana del protagonista dijeron: se le nota el billete en la lengua.

Sus capacidades como oradora no difieren mucho de las del presidente; los deslices en los que ambos incurren, potenciados por sus limitados registros, por lo tanto, también se parecen entre sí. Pero hay algo más, tal vez una variable, que hace que la vicepresidenta, ante cada aparición pública, sea víctima de los ataques más feroces y desmedidos en la red social del pajarito, reino de la violencia, los bots y el trolleo. Debemos comenzar por preguntarnos si no resulta más sencillo insultar o desacreditar a una mujer que a un hombre, aunque de política se trate. Si caemos en ese remolino es porque somos víctimas del embudo.

 

María Eugenia

Vidal es otro agente caído en la escuela privada y los think thank porteños. Acompaña a Macri desde Cemento. A lo largo del proceso cambiemita, caracterizado más por las desavenencias en la gestión dura que en la gestión de la imagen de sus figuras, la gobernadora se ha consolidado como el político con mejor imagen positiva del país. Esto la dota de cierto plus ante el resto de los integrantes de ese jardín semi-amurallado que es el Pro. Por eso es que Durán Barba planificó una campaña legislativa en PBA focalizada en que los candidatos caminen por la provincia de la mano de Mariu.
Las fronteras de la imaginación no son un territorio demasiado vasto, escuché decir recientemente a un amigo. De Heidi, cuando se expresan los que no toleran digerir el gluten de su sonrisa, a Tatcher, en relación a la dureza de la ex magnate británica, han fluctuado las etiquetas. Tan disímiles las marcas y su contenido, evocan un supuesto cambio abrupto en las muecas de la mandataria.

A lo lejos, atravesando la inmensidad oceánica que nos separa ideológicamente, alcanzo a divisar a otra figura víctima de esa tendencia a desviar la discusión política por las canaletas de los discursos morales y los estereotipos. El espejo devuelve la imagen de lo que odiamos.

¿Qué es una mujer en el poder sino alguien que pone en duda el orden? Mientras escribo este texto me entero que la primera jueza musulmana de los Estados Unidos fue hallada en un río neoyorkino. Muerta.

En una entrevista con Reynaldo Sietecase , que recomiendo enérgicamente, Rita Segato proponía una mirada diferente al tópico de la violencia sexual; mirada solventada por muchos años de investigación en los que numerosos presidiarios condenados por este tipo de crímenes colaboraron en profundas entrevistas antropológicas. Lo que la antropóloga brasileña resaltaba es que las violaciones tienen un factor moralizante: hombres inseguros reivindican su hombría ante otros hombres. No hay actos puramente individuales, todo tiene un trasfondo social. Y esta historia de la mujer en el poder cuestionando la hombría de la sociedad la vimos en algún lado.

Cristina

En alguno de los dos libros que escribió sobre la historia de Clarín, Martín Sivak realiza una comparación cien por ciento argentina. Dice: Néstor fue como Alfonsín y Cristina fue como Menem. Los primeros estiraron su paciencia hasta el límite de la elasticidad para evitar confrontar con el poderoso Grupo, mientras que los segundos, más efervescentes, saltearon todas las alternativas para dar paso a la batalla. En el mismo trabajo, el historiador resalta un dato importante. Magnetto, pese a que en el 2007 acompañó su candidatura, nunca escondió su antipatía por la ex presidenta. Asimismo, la alianza entre el kirchnerismo y Clarín se disolvió ni bien Cristina asumió el cargo.

El balance que concluye con Néstor sí pero Cristina no es otro lugar común que visita asiduamente la discusión. Al margen de todos sus errores, lo cierto es que Cristina atravesó 8 largos años cargando sobre sus espaldas el mote de yegua y soportando una balacera simbólica que incluyó el desgaste diario de los medios y la intensa actividad del mercado editorial, cuyo principal resultado fue la invención de un nuevo género literario: el antikirchnerismo mágico. Una mina de oro de la cual se pueden extraer hasta libros que hablan de su salud mental.  Cómo no pensar en El orden del discurso; lo normal y lo anormal, lo sano y lo enfermo, el cuerdo y el loco. Cuando las palabras jerarquizan, clasifican y excluyen. La batalla cultural se libra, principalmente, en las canaletas.

Los medios

El embudo cultural es la fuerza que nos arrastra a reproducir el orden hegemónico. Lo repetimos siempre desde esta base, el Estado es una enorme maquinaria narrativa, por eso es que un cambio de signo en el Gobierno es también un cambio en el orden de los discursos. Los medios comerciales, en el caso de cambiemos, juegan un papel preponderante. Por eso es que las escenas más elocuentes son las que encontramos en los estudios de televisión.

Patricia Bullrich bien podría haber tenido un apartado propio en este texto, como Gabriela, María Eugenia y Cristina. Militante de la JP en su juventud, ministra de Trabajo con De la Rúa y actual ministra de Seguridad. Desde hace algunos años lidera el partido liberal-conservador Unión por la libertad. En una visita al programa de Mirtha Legrand, tal vez la diva sea uno de los cuadros políticos más importantes de la derecha argentina, Bullrich cayó en la trampa del embudo. Sí, jugando de local. El mozo que habitualmente sirve a los invitados aparecía en escena con mayor frecuencia a la usual. Cada vez que Patricia se acercaba al desfonde de la copa de vino, el muchacho acudía de prisa para recargar. Ese mismo día se viralizó una imagen tomada por el director del programa que muestra a la ministra bajo el hechizo del goce bebiendo un largo trago.

Pero no todo se reduce a la violencia patriarcal. Hay otros tipos de escenas que se repiten diariamente y que muestra cómo actúa el embudo. Macri llegó a la presidencia con una campaña parchada, en el tramo final, con promesas kirchneristas: hacer ley la AUH, mantener las estatizaciones de YPF y las AFJP y demás cosas relacionadas con banderas de la gestión anterior. Parafraseando a Coriolano Alberini, como en “el Facundo”, romanticismo de medios e iluminismo de fines. No es casualidad: una encuesta realizada por Ibarómtetro en diciembre del 2015 señalaba que la mayoría de la sociedad avalaba estas políticas, así como los logros en materia de derechos humanos o la intervención del Estado en la economía. Entonces, esa es la barrera que los medios deben romper, y no hay forma más efectiva de hacerlo que a través de la producción masiva de discursos cargados de otros supuestos; otras formas de entender la democracia, la justicia, la economía, el Estado y sus leyes, por ejemplo.

Así es como el reclamo salarial de los docentes se transforma en la fuerza destituyente de una pandilla k (esa historia también la vimos en otro lado) y la represión ilegal se convierte en una nueva versión de Macri, más astuto e inteligente, que de cara al año electoral se vuelve más duro para animar el fulgor de sus votantes.

Animales sueltos, con toda su estética pos-seisieteochista, es la muestra más contundente. Una noche Stolbizer visitó a Fantino. Era la época en la que acompañaba las medidas oficiales, todavía no había establecido la alianza del enmudecimiento con Sergio Massa. En esa oportunidad le reclamó la ausencia de mujeres en su mesa. Lo mejor que pudo hacer el gringo, fue decretar el cupo femenino convocando a la periodista Romina Manguel.

Las noches con el fanta se repiten; generalmente, los invitados son los mismos y si no fuese por los pequeños contrapuntos entre Feinmann y Zunino, casi que se vuelve tarea imposible encontrar matices en el panel.

Sin embargo, el conductor es uno de los comunicadores más hábiles para lograr censurar los temas que amenazan a los supuestos con los que se maneja el oficialismo. Y aquí va una última escena:

Feinmann se las arregla con la fuerza de su ignorancia para endilgar la culpa por el horroroso crimen de Micaela al jurista Eugenio Zaffaroni, y dice que el juez Rossi es el autor intelectual del asesinato. Un bochorno conceptual que no resiste análisis. En la mesa hay un especialista que conoce del tema, se lo ve impaciente ante algunas de las aseveraciones que se realizan. Fantino, para reafirmar a quien se sienta a su derecha, enseña el video de una psicóloga que no actualiza su bibliografía desde hace aproximadamente 30 años. La psicóloga dice que “el falo, el pene (y resalta con fuerza la palabra pene) para el violador es un arma. No hay ningún caso de un violador que se haya recuperado”. Acto seguido, el especialista comienza a explicar el tema, refutando en gran medida las posiciones del resto de sus interlocutores y, entre sus palabras, aparece la cuestión de la estigmatización de la pobreza. Fanta interrumpe de inmediato, expresa con claridad que lo que le interesa es otra cosa y dirige su mirada hacia Zunino para consultarle algo que no tiene nada que ver con el tema. El especialista no vuelve a tomar la palabra.

El embudo ha actuado una vez más.

 

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