Compartir

Por Camila Pereyra

Comencemos por el principio. Este texto surge desde la necesidad de aportar en algo a la conflictiva situación del país que siento desde lejos. Entre quejas y alabanzas, entre marchas y contramarchas, entre el paro general y las fervorosas declaraciones de aquellos que no paran.

Entre la devaluación del peso argentino y la baja del salario real, entre la lucha docente y la represión a los maestros, entre las mujeres desaparecidas y asesinadas y aquellos injuriosos interrogantes sobre cómo-cuándo-dónde. Entre lo que leo en las redes sociales y lo que racio-(a)nalizo, entre lo que extraño y el extrañamiento, entre Argentina y Brasil. Entre la distancia y la cercanía, entre la bronca y la angustia, sale esto. Esto, cuya intencionalidad tiene una fuerte carga política y trata de suplir aquella marcha no marchada, aquel paro no parado, aquel grito no gritado.

Es vasto el camino que se atraviesa, y no es hasta que la situación te lo demuestra, que sos una fiel (y no formada) embajadora de tu país de origen en el país destino; en mi caso, y a duras penas, me encuentro representando a la Argentina (como muchos otros más) y contestando a preguntas en nombre de una nación que mucho tiene de diversa, de compleja y de construida. En particular, y a los objetivos de este texto, voy a tratar aquello que surge de las acciones bien posicionadas en el marco político del país.

En las conversaciones de los almuerzos y las cenas, entre lxs argentinxs intercambistas, nos contamos de todo, pero no falta la lectura de la noticia sobre la represión en el comedor de Lanús, las desapariciones de 5 mujeres en una semana, las siempre controversiales declaraciones de Bullrich y Vidal, la represión en la marcha docente, la marcha federal, la concentración del #1A, los polémicos discursos que se reproducen en videos y muchas otras noticias más.

En medio de todas las emociones, sentimientos y pensamientos que despiertan estas informaciones, vamos a ver “memorias del saqueo” de Pino Solanas en el auditorio del Centro Sócio Econômico de la Universidade Federal de Santa Catarina-BR.  Resultaba una película tragicómica, al verla tan situada en las crisis neoliberal y con palabras y situaciones tan similares a las actuales; generaba rabia, mordiéndonos los labios y maldiciendo a las personas implicadas en la crisis, generaba risas sumamente irónicas que trataban de camuflar la incredulidad y el dolor de que haya personas que fueron absueltas de culpa y pena por haber hundido el país y que hoy nos están gobernando; pero, en comentarios generales, generaba indignación. Estando a más o menos 2500 km de distancia, generaba mucha indignación. Así, la indignación se instalaba en la lista de sensaciones que nos producían todas las noticias que nos llegaban. Y, llamándome al extrañamiento, me quedó resonando una placa del final del video-documental que dice “la primera victoria argentina contra la globalización”.

Soy una ferviente opositora a pensar que el gobierno de Macri nos hace viajar al pasado, nos hace volver y estancarnos en los ’90. No somos nosotros los que hemos retrocedido en el tiempo, ni los tiempos pasados los que han venido hacia nosotros.

Entiendo que el documental ha sido realizado en el 2003, en pleno auge de la esperanza de que un gobierno que responda a los intereses del pueblo resurja de las cenizas cual ave fénix. Pero esta placa, que aparece como una resolución del conflicto que muestra el video, me dejó pensando. El documental hace un profundo -y a la vez veloz- desfile a lo largo de la historia para comprender aquella movilización tan recordada de diciembre del 2001, pero ¿primera victoria argentina contra la globalización? ¿Podemos calificar eso como una victoria? En caso de que sí, ¿en serio se la puede considerar como la primera?

Soy una ferviente opositora a pensar que el gobierno de Macri nos hace viajar al pasado, nos hace volver y estancarnos en los ’90. No somos nosotros los que hemos retrocedido en el tiempo, ni los tiempos pasados los que han venido hacia nosotros. Esto es crucial, entender la dimensión histórica del no tan nuevo modelo económico, social y de gobierno que se instala en el país es sumamente importante. El propio documental lo hace, la crisis del 2001 tiene sus primeros antecedentes en el último golpe cívico-militar (incluso quizás antes), pero el modelo impuesto por la junta militar no ha sido el mismo que el del menemismo, así tampoco es el del actual gobierno de la nación. El neoliberalismo que vivimos hoy es “hijo de los 90”, como muchos de nosotros; será hijo pero ha incorporado dinámicas, discursos, efectos y justificaciones que su padre no tenía; ha cambiado, mudado, y hoy lo defienden en las calles quienes antes se resistían a manifestarse en el espacio público. No casualmente, en estos días leía comentarios como “ni Menem reprimió a los docentes”; es así, somos hijos de los 90, con todo lo que este ha parido, pero no de los noventa en sí.

            Habiendo dicho esto, y volviendo a aquella placa que tanto llamó mi atención en la película. En el debate que se dio después de ver el documental, me preguntaba si realmente podemos hablar de una “victoria” pensando en el par de años acéfalos y corruptos que nos gobernaron después de diciembre de 2001. Recordando la estrechísima victoria electoral de Néstor Kirchner en 2003 ante Menem, ¿en serio ha sido una victoria? Viendo que el actual gobierno nacional ha llegado a ese lugar mediante el voto universal, secreto y obligatorio, ¿victoria? Viendo la marcha del primero de abril y las consignas que se levantaban ahí, no puedo negar que me entra la duda de si podemos decir que ha sido efectivamente una victoria. Más que una victoria, puedo entender al diciembre de 2001 como la máxima muestra de la crisis de representatividad que generó la democracia argentina, de la mano del modelo neoliberal y las desigualdades que se empezaron a ver abrupta e innegablemente.

Mounted police charge toward demonstrators in Buenos Aires, in this Dec, 20, 2001 file photo near the obelisk in Buenos Aires . The government of President Eduardo Duhalde is trying to quench fears that there might be generalized violence on December 19 and 20, when the country marks the first anniversary of two days of fury which forced President Fernando De la Rua to resign. (AP Photo/Walter Astrada) ARGENTINA ANNIVERSARY

En el 2001, apenas tenía conciencia sobre la realidad, pero en la construcción que vivo de ese año, el 2001 es dolor y fuerza, es motor y bronca. Pero la victoria contra la globalización es una declaración poco verdadera, ya que no ha sido estructural (aunque el levantamiento haya tenido intenciones de serlo) y ha sido parte de un proceso político difuso que se nos ha escapado como la arena entre los dedos. Considero que no podemos hablar de victoria si aún hoy se llama a concentrar a favor de la democracia del país con gritos que justifican la represión y la discriminación; razonando que es gracias a la represión y a la discriminación, que vivimos entre ausencias y violencias. Esto demuestra que somos hijos de aquellos ‘90 que nos enseñaban sobre meritocracia, sobre la teoría de los dos demonios, sobre que desacreditar problemas sociales se convertía en la solución a estos problemas sociales. Argentina como país, Argentina como hija de la meritocracia de los ´90 que eligió a Cambiemos para que gobierne el país.

Ahora bien, pensando la cuestión, creo que esa placa me lleva a un pensamiento bifurcado. Es claro, hay situaciones que acontecieron y acontecen que no nos permiten pensar en el diciembre de 2001 como una victoria. Pero, es evidente que, tanto las organizaciones como el gobierno de “Cambiemos”, saben que no estamos en cero. La memoria social no abandona a la lucha popular por la defensa de los derechos; las organizaciones sociales reconocen, aprenden, reaprenden y aprehenden de sus antecedentes. En su diversidad, saben que no están dispuestos a dar ni un paso atrás. (Salvo la CGT, que, bueno, poco tiene de organización social. Pero eso es otro tema). Y es en este punto que, aunque sea la misma la que usan “los defensores de la democracia” del #1A y los opositores a los ataques en materia de derechos, la calle aparece entendida de manera diferente para lxs unxs y lxs otrxs.

En el mismo debate que se abrió después del documental, uno de los organizadores del evento decía en sus palabras que no es lo mismo entender a la calle como toma de conciencia que como mero lugar para salir a gritar algunas canciones. Es ahí donde creo que sí hubo una efectiva victoria en el 2001: la protesta como toma de conciencia y acción concreta, que tiene resultados visibles y posibles de ser transformadores. Lxs docentes no pretenden hacer una carpa blanca porque sí, lxs feministas no marchan porque sí, lxs trabajadorxs no paran porque sí, lxs estudiantes no protestan porque sí; hay un interés concreto, una illusio, en términos de Bourdieu, que da sentido a las movilizaciones, a la lucha contra la regresión del Estado y el advenimiento de las políticas de mercado y de represión. Aquí también somos hijos de los ’90, hemos aprendido que los gritos, las marchas y los paros tienen efectos, y es por eso que hay que gritar, hay que marchar y hay que parar, repudiando la represión pero siendo conscientes de que es una de las principales características de los gobiernos anti-populares. Argentina como país, Argentina como hija del movimiento piquetero de los ’90.

La historia argentina no resulta ser un círculo vicioso que ronda entre los gobiernos populares, la clase media beneficiada, los gobiernos neoliberales, la clase media empobrecida y que siga la flecha. La complejidad es mayor; no vivimos en una rueda, sino en un camino con caídas y levantadas. Continuidades y rupturas, que operando con la memoria y el olvido selectivo, con las nuevas realidades y situaciones, dan resultados diferentes. Desde Brasil no veo a la Argentina de los 90, hay muchas acciones y reacciones que no se repiten, que son “nuevas” en la historia del país. Tampoco veo a la “victoria contra la globalización” de la que hablaba el documental, pero tampoco veo a la derrota contra la globalización. Los argentinos hoy estamos ante un proceso no tan nuevo y no tan pasado, ante un modelo que es hijo de la impunidad, la reducción del Estado y la vacía receptibilidad política de los ’90, pero que convive con lxs hijxs empoderados como protagonistas históricos y de la conciencia-acción política de los 90.

 

Comentarios

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here