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Por Adrián Bonilla

Cómo me gustaría quemar esa bandera de mierda.

¿La de La Cámpora?

Sí, esa mierda Kirchnerista.

    Él toma una gaseosa sabor a manzana directamente de una botella plástica. Su interlocutora, la que acaba de preguntar por la bandera, cruza su brazo izquierdo por detrás de la cintura de él. Parecen novios. Tienen alrededor de 40 años. Él no para de censurar la presencia estampada de las caras de Néstor y Cristina en ese trapo azul, blanco y negro. Los descalifica con tal encono que uno podría pensar que esa tela ajada pudiera tener el poder, por sí sola, de propiciar cambios o fortalecer voluntades. Ellos están de pie frente a la Plaza del maestro participando del primer acto por los 41 años del golpe cívico-eclesiástico-militar.

   Las intenciones de este hombre, que ha marchado junto a partidos y organizaciones de izquierda, resume lo que ocurre cada vez que en Santiago del Estero se marcha conmemorando el día de la memoria.

     La primera columna, formada por el Partido Obrero, Movimiento al Socialismo, Barrios de Pie, entre otros partidos y organizaciones, comenzó a movilizarse desde Plaza Libertad a las 19. Cuando los vemos, acaban de cruzar por Belgrano y San Martín. Con mi fotógrafo enfilamos por 9 de Julio y nos acoplamos detrás. Desde allí es imposible calcular cuánta gente han convocado. En los semáforos, algunos automovilistas impacientes tocan bocinas repudiando el retraso que el paso de la gente les provoca. Otros, con más paciencia y entusiasmo, toman fotografías o filman. Parecen japoneses disparando sus Nikon a todo lo que se mueve. Una mujer que camina por la vereda, en sentido contrario, no oculta su fastidio. ¿Qué molestará más a esta mujer: lo que se recuerda o la gente que no para de recordar? Creo que a mí también me fastidia su cara de fastidio, por eso me respondo que a esta mujer le molestan ambas cosas.

   Me sorprende que la columna no se haya detenido frente al domicilio donde, entre 1974 y 1978, funcionaba un centro clandestino de detención y tortura dependiente de la policía provincial. Esperábamos algún pronunciamiento, tal vez el sonido de algunas bombas de estruendo, pero no, nada, siguen de largo. Es como si esa siniestra casa, por la que pasaron más de 200 detenidos y desaparecidos, fuera hoy sólo un pomposo decorado en el 1162 de avenida Belgrano. Llegando a la intersección con Castelli, un grupo de jóvenes con remeras de La Cámpora camina por la vereda de enfrente: se dirigen hacia Plaza Libertad para concentrarse con la segunda columna. Se escuchan silbidos y algunos comentarios que no alcanzo a descifrar. Viejas disputas, supongo. Disputas sesentosas que aún hoy siguen minando la convivencia y el consenso entre los diferentes movimientos y partidos de izquierda.

Fotos: Carlos Hopian

  Efectivos de la policía provincial merodean la Plaza del maestro. Una camioneta ha estacionado sobre Viamonte y los policías que la ocupan vigilan más vigilantes que nunca. En la vereda, el carrito donde una mujer prepara choripanes parece ser para ellos el centro del universo. Algunos piden su chori y mientras esperan hincarle el diente beben cerveza en lata. En minutos más sabremos que la venta de birra, a pesar de que todavía es muy temprano como para imponer una improvisada y restringida ley seca que sólo afecta a un quiosquero y a una plaza, está prohibida. La camioneta se ha marchado, pero los que ahora esperan su chori sin las miradas escrutadoras de la ley no pueden beber cerveza. Pero quizá tanta presencia y tanta mirada policial no se deba sólo a un mero control sobre la venta y el consumo de alcohol en la vía pública. Uno puede percibir cierta tensión latente en el ambiente. Las consignas que proclama la mujer que se ha plantado sobre el escenario son desafiantes. Pero más que desafiar o descalificar al gobierno provincial o nacional, desafía y descalifica a las agrupaciones que pronto llegarán hasta esta plaza. La mujer del escenario deja bien en claro, entre otras cosas, que muchas de las conquistas sociales logradas en este último tiempo fueron mérito de sus agrupaciones. Asume como exclusivamente suyas las gestiones encaminadas a la recuperación de identidades de nietos secuestrados durante la última dictadura. Noto una leve distensión en el momento en que la mujer comienza a leer los nombres de los Santiagueños desaparecidos. Cada nombre pronunciado funciona como una especie de interpelación que nos llega desde un pasado reciente a la que la gente responde con un presente.

    Pero los ánimos vuelven a caldearse cuando alguien les pide a través de uno de los micrófonos que deben abandonar la tribuna. La mujer del escenario putea y acomete contra la organización del segundo acto, que en minutos comenzará. Cuando intento acercarme para tratar de averiguar las razones del petitorio, escucho decir a alguien que el sonido está pagado por las agrupaciones de la segunda columna, integrada mayormente por organizaciones de derechos humanos como Ex Presos, H.I.J.O.S. y la Asociación por la Memoria la Verdad y la Justicia. Es de suponer que además hay una cuestión de horarios que debe respetarse, porque sino la latencia de esta tensión puede llegar convertirse en manifiesta.

   Han pasado algunos minutos desde que comenzó la desconcentración de las organizaciones del primer acto, pero todavía pueden verse muchas remeras negras pertenecientes al Partido Obrero dando vueltas por la plaza. Cuando la segunda columna llega, se detiene en la intersección de Belgrano y Viamonte. De allí, de ese frente humano embanderado que ocupa todo el ancho de la avenida, salen la mayoría de los registros fotográficos del día. El segundo acto está pronto a comenzar. La tensión de la que hablaba se ha esfumado. Desde el escenario no se escuchan proclamas desafiantes ni descalificadoras. Vuelven a leer  los nombres de los santiagueños desaparecidos y de nuevo escucharemos un sentido y unísono presente.

  Un amigo que acaba de llegar nos recrimina haber marchado con la primera columna. Nos tilda de trotskos, pero se ríe. Sé que bromea. En una fecha como ésta no deberían caber distingos ni reproches, pienso. Pero evidentemente esa intención de deseo es un error. Escuché y sigo escuchando variadas impresiones e interpretaciones sobre la ideología con la que comulga el colectivo que acaba de finalizar su acto. Peyorativamente los llaman trotskos. La creencia urbana más común sugiere que quienes adhieren a estos partidos políticos y organizaciones sociales padecen de una disconformidad insaciable, infinita. Sí, así, padecen (sic). Sin embargo, la disconformidad, entendida no como un padecimiento perpetuo sino como una actitud positiva ante ciertas aspiraciones socioeconómicas y culturales, no representa ni debería representar algo por lo que rasgarse las vestiduras.  Lamentablemente esta actitud ha sido estigmatizada como subversiva desde siempre por ciertos sectores de la sociedad. Podríamos ejemplificarlo ahora mismo con la lucha docente y eso ya echaría suficiente luz como para acallar cualquier intento de negación o descalificación. Pero eso es otro asunto. Volviendo a lo anterior, seguramente lo que escuché sobre León Trotsky y sus seguidores se trata sólo de una exegesis bastante simplona o exagerada de lo que el ruso postulaba como revolución permanente.  

Fotos: Carlos Hopian

    Mientras los artistas que acompañan la organización del segundo acto desenvainan su arte sobre el escenario, son varios los sedientos y sedientas que confluyen hacia el bar ubicado justo frente a la plaza. El lugar es a prueba de vedas etílicas y oposiciones ideológicas: por allí se entreveran, entre cerveza y maníes,   remeras del Partido Obrero y de H.I.J.O.S.  

   En una mesa junto a la puerta del bar está sentado Mario Guzmán. Él es militante del Partido Obrero y responde solícito a la pregunta por la escisión de las columnas: “Hay dos columnas porque hay discrepancias ideológicas. Por un lado nosotros repudiamos al gobierno de Macri, el ajuste y las represalias por parte del Estado hacia los trabajadores. La otra columna plantea que la solución estaría en el regreso al Kirchnerismo. Por eso incluso en Buenos Aires hubo diferencias que hicieron que también se dividan las columnas”. Mario bebe un sorbo de cerveza rubia y luego pregunta para qué medio es la entrevista. Él mismo me da las precisiones del porqué de su retirada de la plaza: “Lo que ha sucedido es que nos han bajado del escenario arbitrariamente manifestando que no éramos a los que esperaban para el acto. Ahí surgió el malestar de nuestros militantes porque nosotros buscábamos unificar en este día a los familiares de desaparecidos con los trabajadores de la docencia, que vienen manifestándose hace más de cinco años”.  

     En otra mesa no muy lejana, está sentado Pedro Orieta, Director de Relaciones Institucionales de la provincia, abogado querellante en las causas de lesa humanidad e integrante de la Asociación por la Memoria la Verdad y la Justicia. Él me dirá que “las diferencias que escindieron la marcha de hoy son puramente políticas”. Que esas diferencias se remontan a los años sesenta, “donde la izquierda trotskista comienza su ruptura con el marxismo leninismo”. Nuevamente aparece la figura de León Trotsky y la comprensión de su ideario se me antoja ahora indispensable y esclarecedora. “Esto se remonta a un viejo concepto de León Trotsky acerca de la necesidad de mantener la conflictividad como una manera de construcción. Esa diferencia se fue dando durante los setenta y hoy se manifiesta en ciertas posturas que tienen que ver con: ¿la conflictividad nos sirve para avanzar y resistir, o es necesario mantener la conflictividad para que la organización continúe?”, se pregunta Pedro, aunque él sabe que lo que acaba de ensayar es pura retórica.  

   Valeria Bullaude es Licenciada en Comunicación Social y ha participado en la organización del segundo acto. Me aclara que lo que sucedió hoy viene ocurriendo hace varios años: “Creo que no hay sólo un motivo por el que haya dos columnas marchando hoy. Es una cuestión muy compleja, pero desde el espacio político en el que milito, preferiría que hubiera una sola marcha. Pero no depende de nuestro espacio que las otras organizaciones políticas y sociales no quieran marchar con nosotros. Son ellos los que eligieron separarse”, reflexiona Valeria, contundente. Agrega que el concepto de Trotskismo “fue desvirtuándose con el tiempo. Hoy es utilizado de manera despectiva a causa de ciertas decisiones políticas que han beneficiado más a la derecha que a los sectores populares a los que dicen representar”.

Fotos: Carlos Hopian

 

  La música de los artistas sigue sonando y muchos de los que se quedaron bailan sobre la calle. Las banderas se plegaron y algunos comienzan a retirarse. No atino a recordar si el orden en que leyeron los nombres de los desaparecidos durante ambos actos fue el mismo. Porque es imposible recordarlo supongo que sí. Es como si en esta noche santiagueña las víctimas de la última dictadura tuvieran una presencia desdoblada; una presencia a destajo. Hoy, como otros años, estuvieron presentes dos veces.    

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