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Por Florencia De Marco y Melina Villalba

Poco se sabe del sector científico-tecnológico argentino, de hecho, hasta el conflicto que el año pasado se ha desatado por la reducción presupuestaria, su participación en la agenda pública ha sido casi nula. Pensar en científicas sentadas conversando sobre sus experiencias laborales y personales en los programas televisivos de mayor audiencia resultaba, hasta hace un tiempo, cuasi novelesco. Debemos asumir, pues, que en parte esto es nuestra responsabilidad, hemos estado ocupadas, y hasta obnubiladas, intentando aprovechar un período fecundo de crecimiento y desarrollo del área -vale decir que no sin contradicciones y asumiendo ciertas perversidades sistémicas contra las que todavía queda un largo camino de lucha – que nos ha permitido dar grandes pasos en la producción de conocimientos diversificados y locales, que se vieron en gran medida transferidos en políticas públicas y en el desarrollo de distintos sectores, pero a los que no hemos alcanzado a poner en la agenda pública. 

Los debates e inquietudes que orientan nuestros trabajos siguen quedando reducidos a espacios académicos. Esto no es, sin embargo, una condición ajena a un modelo científico que, aunque intentamos deconstruir, todavía cala hondo en el sentido común – y hasta en ciertos sectores de la propia comunidad científico-tecnológica – en los que está arraigada la idea de ciencia(s) como una abstracción universal y neutral, alejada de las realidades particulares y las experiencias históricas. Pues bien, debemos reconocer que ésta, lejos de ser neutral, apolítica y objetiva – como se plantea – es, así pensada, parte de un programa político, cultural, económico e ideológico particular, que en términos generales podemos identificar dentro del gran proyecto de la modernidad.
Al respecto, es necesario reconocer que a lo largo de todo el proceso histórico en el que se ha ido conformado el campo científico-tecnológico local – que va desde la década del ‘30, con la creación de la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia (AAPC) – el modelo de Estado, y la matriz económica respectiva, han estado profundamente vinculadas con el desarrollo del sector y las disputas y tendencias ideológicas que en su seno se proyectaron, y que todavía siguen conflictuando. Es así que, en el marco de un nuevo proceso de redefinición del Estado, que ha iniciado en diciembre de 2015, la comunidad científica, ya con otro camino transitado, se ha organizado y ha salido a la calle a hacer sentir su voz – y poner el cuerpo – en defensa del sector.

al no existir una planificación centralizada en Ciencia y Tecnología tampoco hay una articulación y utilización eficaz del conocimiento en procura de proyectos nacionales

Ahora bien, cuando hablamos del área de ciencia y técnica argentina o “del sector” científico tecnológico, ¿de qué hablamos? Para comprender en su complejidad el panorama hay que precisar algunas cuestiones. En primer término, situarnos en la escena local implica tener presente que el Sistema Científico-Tecnológico argentino está compuesto, principalmente, por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva (creado en 2007). El cual cuenta con una serie de organismos políticos que se encargan del asesoramiento, planificación, articulación, ejecución y evaluación de la política científica, entre ellos se encuentran, por ej., el Gabinete Científico Tecnológico, el Consejo Interinstitucional de Ciencia y Tecnología, el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología.
Este Ministerio tiene bajo su órbita a dos de los organismos más importantes del sector: la Agencia y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). A su vez, existen numerosos organismos, pertenecientes a distintas áreas de conocimiento, que desarrollan actividades científicas, de financiamiento, formación y perfeccionamiento de recursos humanos, entre los que se pueden mencionar: las Universidades Nacionales (Educación), INTI (Producción), INTA, INV e INIDEP (Agroindustria), CITEDEF e IGN (Defensa), CNEA (Energía y Minería) y CONEA (Relaciones Exteriores). Todos ellos distribuidos en 8 Ministerios diferentes, lo que resulta ser un problema que históricamente atravesó al sector. Ya que, al no existir una planificación centralizada en Ciencia y Tecnología tampoco hay una articulación y utilización eficaz del conocimiento en procura de proyectos nacionales.
Este es el escenario que con la llegada de la alianza Cambiemos al poder se está redefiniendo. El recorte presupuestario ha reavivado debates sustantivos, que rompen con las versiones simplistas que pretenden instaurar este proceso como mero reclamo corporativo. El conflicto ha llevado a problematizar los procesos de construcción de conocimientos, sus vínculos con el estado y la sociedad, y los proyectos locales y regionales de crecimiento, desarrollo y redistribución sostenida, en el que dichos procesos se erigen como pilares fundamentales. Una de las principales consecuencias de este recorte, que ha generado lo que llamamos el conflicto en CyT, es la desarticulación y el vaciamiento de los equipos y los proyectos de investigación que las distintas entidades que componen el sistema científico-tecnológico vienen desarrollando en las diversas áreas de conocimiento desde hace más de diez años. Desarticulación que, cabe decir que no es indiferente a los procesos de regresión socio-económicos que estamos viviendo.
En segundo lugar, si bien el tridente MINCyT-Agencia-CONICET sufrió el retroceso más fuerte en relación al conjunto de áreas que hacen a la ciencia y tecnología nacional- lo que resulta alarmante ya que MINCyT y Agencia constituyen las principales fuentes de financiamiento a los proyectos de investigación y de salarios de las trabajadoras del sector -, este escenario se replica en todos los organismos del sistema, que también ven reducidos su presupuesto, por ejemplo: INTA (-17%), INTI (-19%) CONEA (-8%), CONAE (-33%). En el caso del CONICET, si bien aumentó un 3% el presupuesto en términos reales, la situación es preocupante ya que este incremento no ayuda a compensar – en un contexto de inflación galopante, subas tarifarias abrumadoras y devaluación- el poder adquisitivo de los salarios, los costos de equipamientos e infraestructura, además de que disminuye la incorporación de trabajadoras en su planta. Todo ello se vio reflejado en el recorte del 60% en el ingreso a la Carrera de Investigadora Científica (CIC) que se realizó en la convocatoria 2016.

…las empresas jamás han recurrido a la inversión en producción de conocimiento nacional, sino que han importado las patentes producidas en los centros mundiales

Durante los últimos años fuimos testigos del incremento sostenido de ingresantes a la CIC: hubo 657 ingresos en 2013, 746 en 2014 y 830 en 2015, mientras que en el 2016, cuando alrededor de 900 investigadoras fueron aprobadas en todas las instancias de evaluación para ingresar a carrera, el organismo redujo drásticamente a 425 los ingresos, dejando afuera alrededor de 500 científicas altamente calificadas, que transitaron 7 años de formación en condiciones laborales precarias. Esta es la punta del iceberg de un conflicto que generó masivas protestas de las trabajadoras del sector, las que culminaron con 5 días de toma del Ministerio de Ciencia y la firma, el 23 de diciembre, de un Acta Acuerdo entre las autoridades del MINCyT, organizaciones gremiales y afectadas directas del conflicto. Acta acuerdo que, hasta el día de hoy, las autoridades del Ministerio y del CONICET han desatendido, incumpliendo los acuerdos alcanzados para la incorporación efectiva de “las 500” compañeras, asumiendo, además, que resulta imposible la reabsorción de las despedidas en las entidades incluidas en el documento al verse éstas también alcanzadas por los recortes presupuestarios. Por lo que no existen condiciones materiales para cumplir con los acuerdos. De este modo, las bases para el proceso de mercantilización de la actividad científico-tecnológica comienzan a edificarse, y emerge con fuerza la figura de emprendedoras de la ciencia.

“En Conicet nos dijeron que esperan que nos convirtamos en emprendedores”
Ezequiel Adamovsky, UNSAM-CONICET

Las científicas deben ser emprendedoras en este nueva matriz económica de corte neoliberal, es decir, deben venderse al mejor postor, auto gestionarse financiamiento, y por ende adecuarse a las demandas de quienes tienen los fondos para financiar la investigación. Lo cual, debe decirse que, además, es de una perversidad y falsedad enorme siendo que las empresas jamás han recurrido a la inversión en producción de conocimiento nacional, sino que han importado las patentes producidas en los centros mundiales. Compran las patentes afuera, aumenta sus ganancias en el país, para luego sacar esos excedentes: las maravillas de neoliberalismo.
Esto es sostenido por, desde las estructuras estatales, y con la complicidad de los medios masivos de comunicación, una campaña de despolitización y deshistorización de la actividad, que pretende volverla un kiosquito individual en el que años de inversión estatal en la formación de miles de profesionales e infraestructura, son tirados a la basura. El recorte presupuestario relatado viene acompañado de un conjunto de iniciativas que ha impulsado el actual gobierno en distintas áreas y que tienen como eje discursivo “la meritocracia, la innovación y el emprendedurismo”, marcando un rotundo cambio en el perfil de sociedad que se pretende construir -o destruir -, en la que el conocimiento – mejor dicho: los conocimientos – tienen un lugar secundario que se sostiene según se adecúen a la función de introducción de nuevas técnicas que incrementen el valor agregado para el sector privado.

“El emprendedorismo aparece ahora como la nueva teología que quiere hacernos olvidar que el conocimiento útil que necesita un país es un activo estratégico que requiere de instituciones y políticas públicas que coordinen su producción y su integración a la matriz productiva y al desarrollo social”

Diego Hurtado, Miembro del directorio de la ANPCyT – MINCyT.

Es en este marco de recorte presupuestario y deslegitimación/deshistorización de la actividad científica en el que debemos situar dos hechos que no son menores, y que reclaman de un texto aparte para su desarrollo: el ataque a las ciencias sociales y la desarticulación de las investigaciones en género. La gravedad del asunto respecto a la última es enorme, ya que son estos estudios las bases a partir de las cuales se generan las políticas públicas para hacer frente a las desigualdades de género.

“El eje de las políticas de CyT debería ser el desarrollo de PROYECTOS PÚBLICOS”
Martín Isturiz
IMEX – CONICET – Academia Nacional de Medicina en el IX Foro Nacional de Educación para el Cambio Social, Santiago del Estero, Mayo de 2017.

En tanto todo proyecto de producción científico-tecnológica está atravesado por cuestiones políticas, resulta claro que el conocimiento social y económicamente funcional a un modelo industrial inclusivo no será el mismo que el conocimiento social y económicamente funcional para un modelo de país neoliberal que apuesta a la primarización de la economía, la megaminería y la bicicleta financiera. Por lo que resulta lógica la falsedad de las promesas electorales del Presidente Macri respecto al mantenimiento de las políticas científicas. Al modificarse el proyecto de país, no puede permanecer inalterable el modelo de conocimiento. Las diferentes concepciones políticas dotan de contenido y de un lugar particular en el complejo político, económico y social a la ciencia y tecnología en un país. Apostar a la modificación de la matriz económica incorporando conocimiento producido localmente – y aquí hablamos no sólo de técnicas aplicables a la producción, sino al conocimiento que permite la comprensión del entramado social – o apostar a la importación de conocimiento técnico-tecnológico para aumentar el valor agregado de la producción del sector privado – que luego fuga las sobre ganancias obtenidas – es parte del debate por un proyecto político inclusivo o uno excluyente. Por lo que creemos que la comunidad científica tecnológica tiene que constituirse como actor relevante que participe de la escena pública, problematizando la realidad que habita. Y para ello es necesario desnaturalizar la concepción de la ciencia como conocimientos universales y neutrales y asumirla como práctica vinculada a intereses y valores propios de un complejo histórico y cultural, que nunca es acabado y que la requiere como parte para la construcción de nuevas realidades.
La unidad de los distintos actores sindicales y políticos que componemos el sector, junto con las distintas medidas de lucha directa que hemos llevado a cabo desde el año pasado, nos permitieron obtener triunfos parciales ante la ofensiva neoliberal de este gobierno que proyecta medidas aún más crudas. Por lo que entendemos que la unidad y la lucha son el camino más fecundo – y necesario – para defender lo alcanzado y para aportar a la construcción de un proyecto de desarrollo científico situado, inclusivo, integrado y orientado a la resolución de las necesidades sociales del país.

Florencia De Marco y Melina Villalba son
Becarias INDES/CONICET e integran la
CORRIENTE 12 DE MAYO- DOCENTES UNIVERSITARIAS/OS E INVESTIGADORAS/ES

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES CONSULTADAS

Revista Anfibia

Periodismo Popular

Página 12

Radio Universidad

Storify – Cómo quedó el presupuesto para CyT

Análisis del presupuesto 2017 en Ciencia y Tecnología (.PDF)

MinCyT 


Hurtado de Mendoza, Diego (2010). La ciencia argentina. Un proyecto inconcluso: 1930-2000. Buenos Aires: Edhasa.

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