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Por Ignacio Ratier

Luego de la mesa panel de experiencias de periodismo alternativo en Santiago del Estero realizada en la UCSE, titulada “Los otros periodismos”, surgieron algunas ideas que pude puntear rápido ayer a la noche. Ahora les doy una mejor forma, o al menos eso intento.

Antes que nada, deseo felicitar, por sus participaciones, a los representantes de Revista Cabeza, La noche boca arriba, La voz de la pacha y Agenda de Géneros, quienes pudieron poner en claro hacia dónde se dirigen y cuáles son las bases conceptuales que sostienen su labor. En especial, quisiera felicitar a Nicolás Adet Larcher, quien participó en representación de Subida de Línea con una excelente exposición que recuperó la historia de la revista y  también puso en claro lo que nos define conceptualmente.

Si encuentro un punto en común entre todos los proyectos, es que tienen un compromiso social y político que se cristaliza en su quehacer cotidiano, que logra escapar del viciado aire de las definiciones clásicas de neutralidad y objetividad periodísticas. Por brindar algunos ejemplos, la larga juventud (7 años) de la Voz de la pacha y su compromiso socio-ambiental indeclinable, la proyección social de Agenda de Géneros a través de las actividades que realiza en instituciones educativas, la lucha de Cabeza por poder decir desde aquí o el compromiso de La noche boca arriba por consolidar un espacio de libertad para los locos por las movidas culturales. Todos ejemplos de cómo derribar los sentidos comunes sedimentados acerca del oficio.

Volviendo a la charla, y en ocasión de lo que el día de ayer demandaba: reflexión, mucha reflexión, surgió la pregunta por la sustentabilidad de los medios, algo que la normativa futura de comunicaciones convergentes debería contemplar para consolidar la permanencia de la expresión diversa de voces que ahora tienen menos barreras de ingreso y más problemas para no ser efímeras.
El desencanto de muchos estudiantes ante la “sorpresiva” noticia de que estos emprendimientos generan pérdidas y no ganancias es entendible, la razón instrumental nos come los talones, más cuando las garantías paternales acercan la fecha de vencimiento. A esto le atribuyo dos posibles causas:
1) la posición marginal del tema (comunicación alternativa) en la currícula de la carrera, que hace que se torne difícil que los estudiantes comprendan la idea de lo alternativo (mi experiencia en el aula, en la carrera, hace que sepa de las grandes dificultades en ese terreno) y 2) el clima cultural y los obstáculos que impone a la comprensión del valor social de las formas culturales mediáticas más allá de si son o no rentables. Por eso es que considero que la actividad fue una instancia crucial para la formación de futuros profesionales, y debería repetirse.

Pero lo cierto es que en el entorno digital, esto es algo que todos los estudiantes de periodismo y comunicación deben tener bien en claro, la sustentabilidad es un problema para casi todos; también para muchos empresarios con relativo poder económico. La crisis económica global del 2008 ha afectado a los medios y, sumado a ello, su progresivo alejamiento de la sociedad y los intereses reales de ésta, los ha llevado a la deriva ultra-comercial, viéndose muchos de ellos capturados por grandes grupos económicos y representantes del capital financiero global. Y si digo que es un problema para “casi todos” es porque siempre están los peces gordos que se sostienen con otros rubros, con multimedios y especialmente gracias al poder financiero, que ha hegemonizado la gestión de la información en todo el planeta.

Desde esta perspectiva, a modo de atender las inquietudes de los futuros periodistas y comunicadores, debemos decir que los medios digitales no escapan a estos problemas, más allá de su presencia creciente en el espacio público. El quid de la cuestión está en las acotadas opciones para generar ingresos: a) por publicidad, y b) por tarifa plana (cobro por suscripción).

Para lo primero se necesitan buenas relaciones sociales, esas que permiten dar continuidad a la idea de alternatividad en los contenidos, es decir, que no se caigan en contradicciones entre quienes nos financian y los temas y las formas en que son tratados en el medio o la plataforma, sin mencionar los condicionamientos editoriales que se implican en el establecimiento de una relación comercial de este tipo.
Y, además, para lo primero (publicidad) y lo segundo (cobro de suscripción), se necesita trabajar seriamente en los contenidos; pensar en las audiencias en toda su complejidad, en los registros por los que el medio se va a mover, los estilos a utilizar, los tópicos a tratar, las perspectivas y enfoques, etc. Y resalto la palabra “seriamente”.

El problema con el cobro de tarifas es el siguiente: el medio dejará de ser un espacio de no mercado y se ajustará a una lógica contraria a la gratuidad y el conocimiento y la información en procomún, es decir, a disponibilidad de todos (los que tienen acceso a internet en este caso, no olvidemos la brecha digital y la importancia del acceso a los bienes culturales para un cumplimiento satisfactorio del derecho a la comunicación). A menos que quieras vivir de eso, lo cual resulta extremadamente difícil, pero también válido y necesario (si es que vas a ofrecer contenido alternativo al que los otros medios comerciales ofrecen).

¿Lo alternativo se pierde en la lógica comercial? No del todo. El éxito no es el fin pero es necesario para la difusión masiva de ideas que hagan contrapeso a la unificación discursiva en temas sensibles de los grandes medios, que perjudica a la democracia y a la sociedad en su conjunto. Y en eso último anda Subida de línea, por lo que veo muy saludable que otros jóvenes se suban a este carro o a sus propios carros.

 

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