Inicio Edición 5 Cuarteto Bolche, un “cascabel del tiempo”

Cuarteto Bolche, un “cascabel del tiempo”

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Por Pilar Carranza

Humildemente hablando, creo que es muy fácil saber cuando un libro nos marca. En mi caso sucede, casi de manera inevitable, que soy asaltada por versos que ilustran escenas de mi vida cotidiana. Este texto, es una clara muestra de ello.

 

Mientras lo escribía, por ejemplo, me pasaba que moría de fiebre y pensaba: “escribo desde este agujero / que es tu ausencia”. He aquí, el efecto Tejerina. Impregnarse en el cuerpo del lector “en silencio / como matan los niños a los sapos”. Imprimiendo un poco del caos que lleva consigo, como si no se tuviese demasiado con el propio.

En Cuarteto Bolche, vemos a un autor incendiarse. Iluminarse. Inmolarse.

Personalmente considero que esta obra es un modo hermoso de sublimar los demonios que habitan en Lucas. Demonios que son la “vida / la risa / y la muerte”.  Que conviven enmascarando algo del terreno del dolor y que hacen a su antojo en él. A cada palabra que da; mata, ahoga, hunde apenas a esos espectros, y esto es lo conmovedor de su poesía.

De todas las sensaciones que tuve, la más fuerte que me llevé al leerlo por primera vez, fue la de sentir que detrás de sus estrofas, un autor venía a sentarse al lado. Pero que, al mismo tiempo, en esa cercanía, inauguraba un abismo hecho de silencios. Porque ahí donde le duele; ahí donde difícilmente había posibilidad de palabras, él, puso algunas.

Pienso que este libro es un “cascabel del tiempo” (imagen introducida en alguno de sus poemas), en tanto que hay algo que no deja de sonar. Uno puede leer el texto las veces que quiera, y a pesar de ello, éste sigue manteniendo su vigencia. A mi modo de ver las cosas, esta actualización se presenta sólo cuando se capturan universos incontables de sentido en determinadas configuraciones de palabras. Tarea para nada sencilla.

Tras ser mordido por los perros de la locura y el enamoramiento, Tejerina, se convierte en un montón de astillitas que arduamente logran salirse de la piel. Es este el motivo fundamental por el cuál invito a leerlo. Porque hacerlo implica dejarse interpelar por un elemento muy valioso de la literatura contemporánea. Implica transitar el placer de conocer una pieza clave, constitutiva del escenario poético. Pero sobre todo, implica avistar el costado quizás más blando, del bellísimo Lucas Manuel Tejerina.

 

Nació en Bell Ville, provincia de Córdoba, el 6 de mayo de 1974. Sus obras publicadas son: Automotrices (2005), Editorial La Creciente; Vuelve (2009), Ed.Caballo Negro; Historia de amor (2009), Ed. Textos de Cartón; Cuarteto Bolche (2016), Ed. UMAS. También se autoeditó, publicando: Provincia Tristeza (2002), 20 Escritos Cuarteteros (2006), Árbol de Nísperos (2007), Campo (2008), Cuarteto Bolche (2011), El ciclista (2013), y El perdido (2015).

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