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Por Soria y Obes

Sin pena, y la gloria de los avisos oficiales colgando en las redes sociales, la feria del libro peronista pasó por nuestra ciudad abriendo un nuevo capítulo en los cruces entre el objeto libro y una ideología que ha funcionado mejor por fuera de este soporte.
¡Alpargatas sí, libros no!, fue el grito que identificó más que el gusto por un calzado rústico y montaraz, un rechazo alegórico al objeto que sembrara las diferencias entre una clase letrada y mandamás, y el tendal de lúmpenes sometidos a su propia fuerza de trabajo.
La contradicción mítica tuvo su apocalipsis, la rotura completa del mosaico político en la que la partidocracia nacional se reconocería por décadas: las patas en la fuente (la fuente de Plaza de Mayo), la revolución estética más profunda y fugaz de los últimos ochenta años.
¿Tiene sentido hoy proponer libros peronistas, hacerse un lugar en la patria letrada para exponer los textos representativos?, ¿son peronistas los textos de Cooke, discutiendo con el líder el horizonte político del continente y la lucha de clases?, ¿en qué stand dejamos las diferencias, las críticas, las disidencias lógicas de un movimiento que ha perdurado acumulando contradicciones, y llegado el caso, valiéndose de estas mismas contradicciones, abarcando todo el ancho del sistema para volverse ineludible?
Los pasillos del Fórum tuvieron menos público que peronistas, y más militantes que lectores; estuvo pensada como un evento político que incluyera a la provincia entre los espacios friendly del peronismo literario y testimonial que itinera en un país Cambiado en plena campaña.
A decir verdad fue la feria del libro justicialista (no peronista), peronista fue la feria de Rosario del año pasado, ambas menos sistemática que las siete ediciones de la feria del libro de temática peronista, una inspiración kirchnerista del 2009, en plena locación del PJ, cuando nada hacía pensar el abandono de “la cáscara vacía”, que despreció Moyano.
Las editoriales porteñas devolvieron intactos los ejemplares al stock, el hecho político una vez más pasó por la foto con las autoridades provinciales y la divulgación de una mística para convencidos. En el llano, los libros y el peronismo vuelven a tomar distancia sin repelerse. Son el oxímoron perfecto. Casi.

 

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