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Por Martín Junco Gómez

Después de haber estado siguiendo la tendencia de votos en Buenos Aires (una de las que marcan rumbos electorales) hasta cerca de medianoche decidí dejar de lado ese altar político que se construyó alrededor de las figuras del frente Cambiemos. La noche parecía asomarse más oscura de lo normal para aquellos que hoy se paran como opositores y en el búnker de los globos la fiesta no planeaba parar.

Me acuesto e intento dormir con la cabeza maquinando un utópico revés para la alianza. En cuanto me dí cuenta que las vueltas en la cama no iban a dejarme dormir prendo la televisión sólo para chequear, en breves segundos, cómo iban marchando los datos y para mi sorpresa, siendo las 3 de la mañana, ese revés comenzó a hacerse realidad mientras, de tanto en tanto, los datos en todos los monitores estaban congelados.

Me cambio y  dirijo al comedor, a prender la computadora, quería ver por mí mismo esos resultados directamente desde la página del escrutinio. La tecla F5 de mi computadora se vio rebalsada de pulsaciones mientras, la diferencia entre Esteban Bullrich y Cristina Fernández de Kirchner era cada vez menor.

Ya plantado en la computadora decido comenzar a tomar notas y realizar una especie de ejercicio de zapping entre los canales que aún seguían transmitiendo la elección. El prime time ya había muerto hace horas y al parecer sólo quedaban los simpatizantes del frente Unidad Ciudadana. Decido quedarme en los canales fuertes de cada frente, en los que por lo general –dada su concepción, sus dueños, o el perfil de sus periodistas- simpatizan de un lado o el otro de la famosa “grieta”: C5N y TN.

Me encuentro a más de mil kilómetros de Sarandí, lugar donde se había plantado el búnker de la fuerza opositora, pero por televisión se sentía la tensión, el nerviosismo y un tímido y creciente optimismo entre los militantes que se encontraban allí. Por C5N, un Navarro eufórico comenzaba a hacer una especie de discurso motivacional –seguramente escrito con anterioridad- ante este asomo de los números de la candidata. Mientras tanto, la brecha de votos se achicaba cada vez más y más, y de pasar a un número de dos cifras que separaban (por ese momento casi rotundamente a dichos candidatos principales) se redujo a tan sólo centésimas. Números simples que a medida que avanzaban marcaban terror en la sede de Cambiemos que ya había festejado una rotunda victoria entre globos de colores y hashtags pedorros, al mejor estilo de #NoVuelvenMás.

Cambio al medio oficialista (sí, voy a decretarlo siempre como oficialista pese a esa pantalla estúpida de objetividad que siempre tratan y trataron de vender) y un oportuno Adrián Pérez, Secretario de Asuntos Políticos, en comunicación con éste, comenzaba a anticipar el nerviosismo que generaba esta reñida competencia voto a voto, recordando que, “como siempre” el escrutinio iba a detenerse en el 95% de mesas escrutadas. Demasiado conveniente, pienso, por cada centésima de mesas escrutada que avanzaba más cerca estaba Cristina Kirchner de dar vuelta esta elección, tarea que en un principio se encontraba como algo muy difícil de lograr.

En cambio, el alarde que comenzó a escucharse de parte del equipo de C5N fue, en medidas que el término me permita etiquetar, épico. Navarro cambió totalmente la cara. Pareciera que fue al baño a sacarse el maquillaje atroz que tenía mientras Mauricio Macri hablaba en el búnker Cambiemos, y con una cara totalmente renovada, hablaba –irónicamente- como un militante de los que “anhelan el cambio”, con fe, esperanza, y demás discursos universales baratos.

A todo esto, la diferencia llegó a su límite y un 0,01% separaban a la candidata Fernández de Kirchner del macanudo Bullrich. “Una histórica vuelta de tortilla está a punto de darse” vociferaba una de las panelistas de Navarro.

Cuando me fui a dormir, al principio, la señal de Todo Noticias era de alegría total. Cuando la brecha comenzó a achicarse se convirtió en una película dramática, y comenzó a hacerse presente un descenso anímico a lo largo de toda la noche. Pasaron de cubrir desde todos los ángulos posibles la caída festiva de globos en el búnker de cambiemos, con un Macri totalmente motivado, a titular que “el empate virtual era inminente”. Comenzó a sentirse totalmente agobiante la jornada y los números no paraban de achicar diferencias. Nervios, discursos paralelos que tenían guardados en un cajón –por las dudas- y títulos autodefensivos comenzaron a circular por el canal de las letritas rojas y azules.

Sí, terminé totalmente prendido a ambas señales. Las mesas escrutadas ya no se actualizaban cada 5 minutos, como se dijo  toda la noche, y comenzó a percibirse que la lentitud de dicha actualización era casi intencional (por no decir directamente que lo fue)

Se habían clavado en un 94.23% y aún se resistían a moverse. Esta diferencia hizo algo –tal vez uno de los momentos en el que, por arte de magia, coincidieron en opinión-: ambas señales comenzaron a hablar de un error de cómputos.

Las banderas argentinas se repartieron en el búnker opositor y sin más preámbulos flameaban con entusiasmo, sin embargo, las sonrisas que se ven por televisión continúan tiesas, nerviosas, y los ojos, con bolsas gigantes, cansados, ya no aguantaban tanto entusiasmo.

Pensándolo así, si llegara a darse vuelta dicha elección, marcará un nuevo mapa político a nivel nacional, y el contexto mediático cambiaría rontudanmente. Todos los 678 que existen hoy pasarían a bombardear pauta, y con mucho más ahínco, Maria Eugenia Vidal pasearía su sonrisa por todos los canales habidos y por haber y entonces, aquel futuro apocalíptico que vociferaron a más no poder por todos los medios, ese donde el país se iba a caer del mundo y flotar por el espacio desolado de la economía mundial tan sólo por la victoria de determinada candidata, comenzará a circular nuevamente por los mismos que repiten (y se repiten) una y otra y otra vez lo mismo.

Allí fue cuando pasó lo que todos estaban esperando. En los gigantes monitores de Unidad Ciudadana comenzó a reproducirse un clip inédito. Los militantes presentes comenzaron a gritar, eufóricos, porque saben que Cristina viene a aliviar esos nervios que al principio le produjeron los números electorales. Los diferentes –e ingeniosos- cánticos que caracterizan  a la militancia kirchnerista fueron reemplazados por un  “¡Argentina, Argentina!” muy propio de otros sectores políticos. Poco a poco aparece el equipo de Unidad Ciudadana y sin previo aviso aparece Cristina con una bandera argentina proyectada en las pantallas gigantes que se ubicaban detrás de ella. Sale a escena con un 94,41% de mesas escrutadas y una diferencia que se alejó un poquito de la anterior actualización: tan sólo un 0,03% separaban a los pre-candidatos.

En TN, uno de los periodistas comenzaba a hablar y fue interrumpido abruptamente por la presencia y las palabras de la ex mandataria.

“¡GRACIAS!” fueron las primeras palabras que se escaparon de su boca. Boca que se encontraba rodeada de algunos que conforman el equipo de Unidad Ciudadana y de personas que los medios, durante todo este tiempo, consideraron muertos políticos –Scioli, encabezando ésta lista-. También se mostraron junto a ella personas ajenas, tal vez, al equipo, pero no distanciadas en ideología , pensamiento y militancia.

“La verdad, quiero contarles que tenía pensado hablar como normalmente pasa en todas las elecciones, o por lo menos hasta la pasada en nuestro país, hablar a las 10 u 11. Entonces pensaba que iba a tener que darle las gracias a todos y todas que fueron a cumplir con su deber cívico. También pensé que iba a tener que darle las gracias a los cientos y miles de hombres y mujeres que desde las ocho de la mañana,  ya sea como autoridades o fiscales, estuvieron custodiando el acto electoral. Darle las gracias a la prensa que cubrió el evento pero nunca, se los juro de corazón, nunca pensé que iba a tener que pedirles perdón a todos los argentinos y argentinas por este bochorno que vivimos en nuestro país.”

Gran parte de la introducción de su discurso giró en torno a los resultados, pero no por los resultados que se dieron, sino por el modo en el que éstos se fueron dando a conocer. “Esto que hemos vivido hoy, este montar un show, para que salga en prime time de la televisión, como si fuera un timbreo, o subir a un colectivo para simular algo, es una ofensa para los ciudadanos que fueron hoy a votar”

A todo esto las ediciones de los diarios,  cerradísimas, comenzaron a publicarse y la foto que reinaba en todas era la de un Macri –y equipo- festejando el triunfo ¿aplastante? de su fuerza política. Los números hablaron durante toda la madrugada, pero su precipitación jugará un papel clave durante la semana que arranca.

Foto: Pedro Lázaro Fernández

Cristina se abalanza y dice lo que todos esperan. “Los números que manejamos indican una victoria del frente Unidad Ciudadana en Buenos Aires”.

El público cayó de culo y los zócalos ya mostraban una diferencia de apenas 0,01%. Aproximadamente seis mil votos separaban a ambos ya las mesas se encontraban escrutadas en un 94,54%.

El discurso conciliador abarcó casi todo el tiempo que la candidata estuvo en el escenario y, como ya había realizado anteriormente en la cancha de Sarandí, invitó a diferentes personas –que no necesariamente pertenecían a un ambiente totalmente político- a acompañarla. Tal vez éste fue el fragmento de discurso más aplaudido en toda la noche.

“Quiero decirles algo porque es lo que siento y lo que pienso. Estas elecciones no la ganó ninguno de nosotros. Estas elecciones las ganaron todos estos hombres y mujeres que nos acompañan. Las ganó Moni, filetera de Mar del Plata que no tiene trabajo. La ganó Camila presidenta del  centro de estudiantes de una escuela pública de Quilmes. La ganó María del centro de jubilados de Lomas de Zamora, María del comedor de Monte del Milagro de Quilmes. La ganó ésta chiquita campeona de la Matanza, taekwondo, cinturón negro, que además estudia administración de comercio exterior en la Universidad de la Matanza. La ganó Maia, ingeniera química, con medalla de honor, echada de fabricaciones militares. También ganó Gabriel, el panadero santiagueño. Éste pequeño agricultor boliviano que estudia ciencias agrarias en la Universidad Nacional de La Plata.”

Cristina puso mucho énfasis en resaltar a aquellas personas comunes que fueron parte de este triunfo. Aquellas que la acompañaban en el escenario y a todas aquellas que podían sentirse identificados con todos los que estaban ahí. Aprovechó para resaltar los cuatro ejes de campaña, que luego –de manera sarcástica- acompañó a que el gobierno las utilizara.

“Queremos que los que hasta hace un año comían todos los días, puedan seguir haciéndolo. Que los mayores que tenían sus medicamentos cubiertos puedan tenerlo. Y que revisen esas tarifas porque nadie las puede pagar”.

Sin importarle demasiado el subir y bajar de los porcentajes que la alejaban o acercaban Esteban Bullrich, nuevamente criticó la manera en la que se fueron dando los resultados en provincia de Buenos Aires y aprovechó para denunciar el manejo mediático que se dio a lo largo y ancho del país.

“Creo que es un inmenso papelón internacional. Aunque pasa lo mismo en otras provincias también. Como en Santa Fe donde Agustín Rossi está a 0,8 y todavía falta el 17% de las mesas de Rosario.”

Cambiemos cerró la noche diciendo que aún seguían siendo la primera fuerza nacional, mientras tanto, los números durante la madrugada aplastaron estas afirmaciones del oficialismo

(A todo esto, no puedo dejar de pensar qué hubiese pasado –a nivel mediático- si hubiese sido la gestión anterior la responsable de este bochorno de cómputos )

“Pensaron que esta noche nos íbamos ir a dormir. Nosotros no somos vagos, no vamos a dormir. Nosotros nos quedamos porque no dejamos el trabajo a medias. Nos gusta trabajar, es lo que mejor hacemos. Pero sinceramente es necesario que el gobierno escuche. Le pedimos sólo eso. Que escuche la voz de la sociedad que se ha expresado en las urnas. “

Cristina fue cerrando poco a poco su discurso, pero no olvidó la desaparición de Santiago Maldonado.

“Este domingo debió haber votado un joven llamado Santiago Maldonado. Ese joven sigue sin aparecer y, junto a la solidaridad, queremos expresar nuestro reclamo al gobierno para que Santiago aparezca con vida.”

Similar al caso Santiago, Cristina no se olvidó de mencionar todo lo acontecido respecto a violencia y represión y recordar que aún Milagro Sala está presa.

“Quiero agradecerles mucho estar acá. A todos los argentinos y argentinas que han ido a las urnas. A todo los que apoyaron a unidad ciudadana. Espero por la democracia, por la Argentina, que mañana alguien del gobierno pueda explicar que lo que ha pasado hoy porque no nos merecíamos algo así, nadie se lo merecía.”

Apago la tele y me voy a dormir, pensando en que dos de cada 3 argentinos votaron a cualquier tipo de oposición presente en las listas.

Cierro la madrugada, pasadas las 4:15 y el escrutinio en mesas con un 94,92%. La diferencia creció nuevamente y es de 0,05%.

TN titula a grandes voces que la diferencia real es de un 0,06% y criticando, grosso modo, el discurso de Cristina. Tratan a viva voz de resaltar ésta diferencia, sin ningún tipo de argumentos que exceda los números.

Termino escribiendo esto apuntando los intentos de instalar en agenda (por parte de TN) una alternativa al voto que está vigente (voto electrónico, coff, coff)

A todo esto, los globos y las sonrisas cínicas ya ilustran la tapa de todos los diarios del país. O al menos de aquellos diarios que están demasiado pendientes de Buenos Aires.

Yo me voy a dormir. El bostezo me hace pensar en éste bochorno y las vueltas en la cama ya no se hacen presentes. Duraron tanto como la consistencia del discurso de cambiemos: un par de horas.

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Junco
20 años. Del interior, coterráneo de Homero Manzi. Estudiante de Comunicación Social. Fuerte tendencia al arte del diseño. Dibuja. Trata de ilustrar. Le regalaron una tableta de dibujo digital que aún trata de aprender a usar. Vectoriza todo, hasta sus más grandes problemas. Le apasiona Bersuit y Red Hot Chili Peppers. ¿Su patria? Su familia y amigos.

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