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Por Belén Navarro

Es eso lo que realmente no entiendes. Vos te regocijas de tu movimiento feminista. Te empoderas y me atacas. Te ríes de mis contradicciones, de mis intentos por hacerme cargo de una posición que voy perdiendo de a poco. A mí me enseñaron un rol de ataque, de lucha, donde consigo lo que quiero, donde me siento pleno de gozo en los placeres carnales. Pretendes quitarme el valor de la conquista, donde soy lo que soy sintiéndome cómodo de planificar, invitar, satisfacer, solventar. Pretendes quitarme la decisión de dejarte decidir, de llevarte, de degustar el vino, de salvarte. Pretendes que consienta las gastadas de mis amigos, los que me llaman maricón, mandado, puto. Quieres correrme al lugar de violencia en tu afán de justicia, apelando a esta cosa de construcción de amores libres e igualitarios.

Quieres que deje aflorar los sentimientos que me hacen sentir vulnerable, que me vuelva abierto y dócil, pretendes entrar en mi cabeza y conocer esas memorias de fragilidad que me esmero por olvidar. A mí me enseñaron que los hombres no lloran, me enseñaron que un pene grande es sinónimo de poder, que tengo que priorizar mi libertad, mis posturas rígidas, que no tengo que ceder porque ceder es de débiles. Pretendes que te demuestre que me gusta arrinconarme en una cama. Pretendes que te demuestre que me gusta arrinconarme en una cama y abrazarte para dormir, cuando lo único que tengo que hacer en la cama con vos es tener sexo, y sexo exitoso; que cuánto más porno es mejor. Que cuánto más sucio es mejor. Sexo memorable y creativo; y dicen que si solo duermo con vos estoy hasta las manos, que me he vulnerabilizado (enamorado); lo cuál es bastante estúpido de mi parte porque la soltería está fuertemente (sobre)valorada. ¿Qué quieres?

Quieres que me sienta atrapado, dominado y rendido. ¿Amor?; como hombre tengo que aspirar a la ella que vale-la-pena; señorita en la calle y una puta en la cama; conmigo solamente; no la que se acostó con otros vagos porque uno se convierte en blanco de burlas. Sería una torpeza pública. Y si hay algo a lo que tememos los hombres, es al ridículo. Humillación de que descubran que no somos lo que estamos vendiendo; -creérmela, (el capo que se sabe todas) y que se me note-: inseguridad, desconfianza, celos; ternura, enamoramiento, necesidad de contención… -Amor-… si llegamos a eso, es porque realmente ella vale-la-pena (de doblegarme hacia mi no soltería), y para lograrlo, debe cumplir extremados requisitos.

Me enseñaron que no puedo arriesgarme a ser doblegado, y encima abandonado. Antes tengo que abandonar yo; y si me dejan es porque realmente la cagué, porque es eso lo que hacen los hombres: piensan con la cabeza de abajo. Y los del grupo interno aplauden, aunque hacia afuera, frente al movimiento de igualdad y liberación digan que no: ¿con cuántas mujeres cagó a su mujer? es una hazaña que entre nosotros no se juzga negativamente. Tenemos que ser distantes, rígidos, testarudos; los tipos tenemos que renegar cuando una mina nos pide cosas, y no ceder aunque tengamos ganas, porque permitirte ser dominado por tu pareja merece el peor de los castigos, sobre todo cuando los otros se dan cuenta, y es jodidamente estresante estar pensando todo el tiempo si hago las cosas porque ella quiere o si porque realmente es lo que siento.

Una mujer etiquetada como feminista o no, pero capaz de tomar la decisión de ir sola por la vida nos implica no tener el control, y realmente creemos que una mujer segura e independiente nos va a privar de la comodidad adquirida, ese mega lujo, que va más allá de estar sentado en la punta de la mesa y ser atendido. Y a veces no tan lejos; porque qué más lindo que no planchar, que no mantener la casa acomodada, o que salir de joda mientras ella cuida hijos.

Tenemos miedo al fracaso en general, sí, y también tenemos miedo a fracasar en la pareja ¿te resulta nuevo, no?. Ser carnero ni hablar, es ser burlado como autoridad, en el sentido simbólico estructurante de lo concebido como hombría (y -la muerte- si es de público conocimiento); pero frente al abandono motivado en lo que sea, es bueno y suficiente caretear, y si flaqueamos que sea solo con música copada. Nada de latinos patéticos o melosos aunque tengamos placeres culposos escondidos. Y melancolía no, quita estatus (solo para mujeres, se dice). Pero si ella fuerza, y si se extraña, que se muestre a través de letras de Spinetta, Radiohead o Pink Floyd. No hay lugar para Alejandro Sanz, banditas populares, o música cantada por mujeres en el mundo de melancolía de los hombres. Y si pinta la bronca o la violencia poética, que sea a través de Cerati, porque el chabón sí que sabe hablar de la minita con masculinidad. Es copado, y está re loco, entonces pinta; y pinta la birra y el faso y la guitarra. Pero nada de lágrimas ni de maquinarla mucho, cuando se puede, y de vez en cuando si se tiene la fuerza, fuera de la vista de cualquiera.

En las apariencias: nada de cremas, ni de demasiado cuidado. Si me estilizo de más me gastan, si me pongo algo llamativo me gastan, si me miro mucho al espejo me gastan, si me pongo algo ajustado que marque las piernas me gastan; me gastan por la panza, el corte de pelo, la pelada, algún defecto físico o manerismos… y me tengo que reír aunque me guste una mierda, porque en el fondo me están juzgando por acercarme a eso que llaman femineidad, y me veo mas puto si me enojo por eso. Me cago de risa del billetera mata galán, pero cuando tengo que laburar, tengo que laburar mucho. Tengo que mostrarme inteligente y empoderado, tener un auto fálicamente grande; no esmerarme por conseguir aceptación social, reconocimiento y respeto, porque eso viene solo porque soy seguro de mí mismo, (y rara vez sucede tan simplemente así). Tengo que ocupar lugares de poder y en esos lugares ser extremadamente eficiente.

Marcar territorio a la antigua es usar la fuerza, en palabra o acción; de vez en cuando (como la herencia manda) la violencia es la mejor alternativa para no evidenciar que nos han lastimado, o que sentimos miedo de la seguridad del otro. Ahora, eso sí, -fuerza bruta-, las mujeres no deberían usarla delante de los hombres. Ser caballero es algo que nos corresponde aunque no tengamos ganas, estemos doloridos, cansados o tristes… ¿porqué?, porque somos hombres, y se supone que la mayor capacidad muscular se corresponde también, a la necesidad de que el sufrimiento físico pase por nosotros antes que por una chica, y realmente ninguno se planta con un no, porque de cierta forma nos sirve que el sufrimiento emocional sea inherente a ella: suyo, no nuestro. No es algo que sea agradable de reconocer, mejor delegarlo; y entonces ellas sufren… es lo que les toca. Pero ellas nos dicen cagones, ustedes le tienen terror al compromiso. Y nos dicen que ahora los histéricos somos nosotros. Y que está de moda cagarse en los pantalones. Y nos dicen que somos unos hijos de puta porque jugamos y nos reímos de ese juego.

Nos llaman machistas, como si eso hubiera sido una elección.

Pero no te dejo porque soy cagón. No soy cagón. Soy otro. Soy hombre. Te dejo porque tengo una posición que sostener. Porque aunque pienses que tengo más libertad, lo real es que también estoy preso. Porque tengo que ganar, porque eso hacemos, porque eso se espera. Si te quiero, si me quedo con vos; pierdo. Pierdo la posibilidad de sentirme independiente. Pierdo mis amigos, los tercer tiempo de fútbol; pierdo las horas de tardes y noches colgadas en la play, en el póker; los fernet entre semana, los asados; pierdo mi vía libre para tocarme las bolas y tirarme pedos… Con una novia rompebolas los viernes tienen que ser de cine o de comedias románticas en la cama. Los sábados se comparten con ella dicen, y que ya no me voy a divertir como antes. Porque los changos salen de levante; y está bueno salir de levante aunque no levantes nada. Pero en el histeriqueo capaz te llevas una mina a la cama (no un chango, ¡jamás!), y si está buena ellos me clavan una sonrisita cómplice frente a la cuál, aunque me haga el modesto, me siento un ganador. Me dicen que tengo que tener una más, y las más que pueda, y que tengo que cogerlas si me encaran porque virilidad es lo que somos; pero cuidado que duele cuando no se te para, porque a través de la frustración y la vergüenza y la gracia de es la primera vez que me pasa, la impotencia sexual es aterradora; la guacha nos quita lo que somos por definición. Somos eso que debe llenarte de hijos y proveer la economía del hogar. Y cierto es, que peor que una mujer sostén de familia, es que ella te mantenga.

Por eso peleo, porque realmente asusta la ella que se banca sola; que habla, que pide, que te busca, te encara; la ella que ya no coquetea y espera, sino la que dice lo que piensa y siente, y así te avasalla con palabras de cariño que te generan culpa en tu incapacidad de corresponder tan espontáneamente. Retrocedo. Realmente es difícil corresponderte cuando hay una demanda que se supone, debo satisfacer. Porque en la demanda hay seguridad de algo que se quiere, y si yo no sé lo que quiero no importa, sé lo que no quiero, y es que me lleven la delantera en esta cosa de decidir.

Si te escucho, si hago que te quedes, si te amo; tengo que cuidarte y sostenerte; y bancarme tus reprimendas, tus altibajos hormonales, y prepararme sobre todo para perder mi libertad. Tengo que preparar mi vida para construir una con vos, presentarte a mi familia, a mis compañeros de laburo, casarme, y capaz que no quiero todo eso porque simplemente NO QUIERO. Porque me enseñaron que si te amo pierdo, y pierdo mucho. Entonces antes de que eso pase te dejo, porque es probable que encuentre a alguien mejor, más joven, que me dé menos problemas; alguna chica tranquila, más segura de conservar; porque vos sos muy liberal, y si sos liberal realmente me cuesta abrirme, arriesgarme, jugármela; porque yo también sufro por amor como vos, pero tengo menos recursos para sobrellevarlo. ¡Ey! me da vergüenza que des abrazos a tus amigos porque frente a los míos quedo como alguien que ha perdido el control, como alguien que no puede manejar a su mina. Y si me dejas, o me haces aca, quedo como un boludo, como pito chico, como loser… a ver si entiendes esto: no puedo. Porque si algo malo pasa, algo que no tenga que ver con mi decisión, tengo que enfrentarlo callado; que no se note, que no se escuche, que no se sepa. Entonces yo te niego, ahora, porque tengo miedo de mí mismo sintiéndome vulnerable.

Soy macho si hago chistes misóginos y si mando fotos de minas cosificadas a los grupos de whats app, y audios de gemidos… y así me integro. Los changos se cagan de risa, pero si vos me llegas a encontrar el porno me vas a hacer quilombo, y seguro también si me pongo en pedo y vuelvo tarde, porque en estas cosas del machismo sos vos la que tiene miedo. Son cosas que dicen. Y aunque en el fondo piense que sos diferente, seguro te vas a convertir en ese monstruo castrador del que todos hablan.

¿Y entonces, qué quieres? No tengo salida. Pero te digo que no salgo porque no quiero y con toda convicción. Me resulta más fácil no ganar, que el pensar en la mínima posibilidad de perder. ¿Ceder?, ¿resignar?, ¿elegir?… ¿elegir-te?

No te dejo porque soy cagón. Te dejo porque tengo que ser macho y me la tengo que bancar. Te niego ahora porque no puedo tolerar que hieras mi orgullo; este, que vale más que cualquier cosa. Que vos, que yo, y que todo el cariño que pueda haber en medio. Esta cosa de buscar la igualdad de derechos es bastante violenta cuando vos estas preparada… pero no yo.

Es entonces que te dejo y no te lloro; y no te extraño. Pero apoyo tu lucha sintiéndome todavía poderoso como para protegerte porque todavía te creo vulnerable. Es así más fácil; delegándotela a vos, a esta cosa de la fragilidad.

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No quisiera estar en tu lugar, perdón; estamos hablando de supervivencia.

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“No me voy,

 me quedo aquí”

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NOTA: Se interpeló a hombres de entre 15 y 50 años de edad aproximadamente, de Santiago del Estero (en su mayoría), además de Córdoba, Buenos Aires y Tucumán, con tres interrogantes concretos: *A qué temen los hombres *qué cosas le generan vergüenza *cómo debe hacer, sentir y pensar un hombre para ser considerado como tal. En el medio aparecieron espontáneamente cuestiones íntimas relacionadas con el amor y el desamor en la mayoría de los casos; y como emergente, la opinión personal en relación a las relaciones de pareja vs. el mandato social, que aun percibiéndose como ajeno, impacta simbólicamente en el encuentro/desencuentro amoroso heterosexual. De igual forma, mujeres de entre 20 y 60 años aproximadamente, que aportaron una mirada subjetiva sobre la posición masculina y el machismo frente a lo amoroso. 

Gracias a ellos que cedieron su tiempo y con sinceridad sus perspectivas: Nico, Gabi D, Gabi B, Igna R, Igna P, Charly A, Charly U, Carlos H, Marcos, Darío, Gon, Mauri, Lion, Ariel, Ramiro, Andrés, David, Monte, Martín, Luis, Juampi, Mariano, Juane, Juani, Max, José, Emma, Javi, Quique, José K, Emi, Adolfo, Facu, Franchu, Edu, Fabi, Diego, Rafa, Rafi, Daniel, Pablo, Pablo M, Santi, Esteban, Matías, Albert (espero no olvidarme de nadie). Y a todas ellas, las del corazón roto: Euge, Yani, Ceci M, Ceci S, Na, Flor, Adri, Angie, Romi, Vir, Quilli, Chechu, Ana, Carla, Juli, Alicia,Vero Z, Vero F, Vale, Cori, Euge, Vane, Nati N, Flor, Fati, Marisol, Agostina, Lourdes S, Lourdes P, Lourdes T, Viviana, y tantas otras.   

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