Edición 6

Usted séñemelo

20 agosto, 2017

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Usted séñemelo

Por Camila Cornet Hoyos.

¿Entiende usted chino?

¿Se imagina despertarse un día y tener que comunicarse en chino? ¿Leer en chino? ¿Hablar en chino? ¿Entiende usted que significa cada símbolo?

Si ha sentido una breve desesperación al momento de imaginarlo y su respuesta es no, entonces bienvenido. Si no es así, de todas maneras comparta con nosotros este artículo.

Poco sé sobre sordos y lenguaje de señas, después de dos años de estudiar el lenguaje en el curso dictado por la Asociación Civil de Ayuda a la Persona Sorda de Santiago del Estero (ACAPSSE) considero que me falta todavía un mundo entero por conocer y del cual aprender. Pero aquí me encuentro intentando ganar espacios en donde podamos debatir, y sobre todo pensar, la comunicación desde otro aspecto.

Antes de estudiar lenguaje de señas tenía la idea de que todos los sordos podían leer y escribir, por lo tanto comunicarse con ellos no tendría por qué resultar difícil. En mi mente, simplemente bastaba con hablar despacio y modular bien las palabras, o simplemente escribirlas y ¡Voila! El sordo me entendería.

Pero este pensamiento de sujeto que forma parte de la hegemonía de lo lingüístico ha desaparecido conforme iba aprendiendo y adentrándome en el mundo de los sordos.

En Santiago del Estero hay sordos que saben leer y escribir, así como yo me lo imaginaba. Pero hay también un grupo de sordos que no cuenta con estas habilidades, producto de una falla en el sistema educativo, problema que quedará para un análisis posterior.

A esta altura del siglo XXI, con internet, globalización, Whats App y todas las nuevas tecnologías que nos permiten una comunicación casi inmediata con cualquier rincón del mundo, ¿cómo me comunico con alguien que no utiliza el sistema lingüístico?

El español es, a muchos sordos, lo que el chino a quienes estamos leyendo este texto. Esta agrupación de signos dispuestos de determinada manera que forman palabras y a su vez oraciones, tiene poco sentido para ellos. Y este es el primer y gran desafío al cual nos enfrentamos los oyentes a la hora de aprender lenguaje de señas.

Aprender el lenguaje no simplemente significa evitar los conectores, los artículos, tener la capacidad de simplificar todas las ideas y la constante búsqueda de sinónimos, sino que implica dejar de lado la estructura de pensamiento y de creación del lenguaje en la cual hemos estado insertos toda nuestra vida.

¿A qué quiero llegar con esta explicación? A pensar que si bien el sistema lingüístico es el predominante, no es el único que existe. Entonces, ¿cómo hacen estos grupos minoritarios para ejercer su derecho de acceso a la información y a la producción cultural?

Tendríamos que plantearnos primero a quien consideramos sujeto de derecho, un concepto amplio en el universo del discurso pero mucho más restringido en la práctica. Si todas las personas gozamos de ciertos privilegios por el simple hecho de ser seres humanos ¿por qué existen convenciones para recordarnos que los discapacitados, las mujeres y los niños también tienen derechos?

Esto bien lo explica Diana Maffia en “Las palabras tienen sexo”, una recopilación de Sandra Caher y Sonia Santoro, cuando explica: “(…) Cuando el sujeto de derecho es abstracto, se refiere al sujeto hegemónico. Todos los demás sujetos tienen que explicitar su diferencia y justificar su ciudadanía”

El problema de las políticas públicas, sostiene la autora, es que son uniformes, se piensan para un sujeto ideal y deja fuera lo diferente. Habría que atender y reconocer las diferencias para garantizar todos los derechos.

Estos últimos meses he visto en Facebook una serie de publicaciones repudiando a personas que estacionan en rampas para discapacitados. Rampas que ni más ni menos permiten el acceso a determinados lugares y facilita la forma de habitar el espacio de personas con problemas motrices.

Sumándome al reclamo, pero a su vez trayéndolo al tema de este texto, ¿nos indignamos de la misma manera cuando no se respetan los derechos de personas sordas? ¿Nos indignamos cuando en un noticiero no aparece el cuadro de intérprete? ¿Somos capaces de entender que el intérprete o el subtitulado son las “rampas” de las personas sordas?

Sin embargo en Santiago del Estero sigue sin cumplirse el artículo 66 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522) que establece que “las emisiones de televisión abierta, la señal local de producción propia en los sistemas por suscripción y los programas informativos, educativos, culturales y de interés general de producción nacional, deben incorporar medios de comunicación visual adicional en el que se utilice subtitulado oculto (closed caption), lenguaje de señas y audio descripción, para la recepción por personas con discapacidades sensoriales, adultos mayores y otras personas que puedan tener dificultades para acceder a los contenidos.”

El motivo de este texto es simplemente entender por qué es necesario que se cumpla la Ley, por qué cada vez es más necesario que las personas se interesen por el Lenguaje de Señas y sobre todo  formar profesionales de la comunicación puedan dar solución a estos problemas.

“Los sordos no tienen ningún problema de la cabeza, solo auditivo. La cabeza funciona” decía Federico Sykes en el taller “Cine Sordo” que se ha dado en el marco del Santiago del Estero Film Festival, lo que me lleva a pensar que su problema es netamente comunicativo. Lo único que impide al sordo relacionarse es el lenguaje. Desde que es niño y por no saber comunicarse como los demás no puede acceder a su derecho de la educación, hasta aquel grande que aún sabiendo leer y escribir no puede disfrutar de una película sin subtítulos.

Y simplemente para mencionar, Federico Sykes es egresado de la carrera de “Diseño de Imagen y Sonido” en la Universidad de Palermo, creador del Festival Internacional de Cine Sordo de Argentina y productor en “Access Media” la plataforma accesible que permite tanto a sordos y ciegos acceder a la información a través de audio descripción y  Lenguaje de Señas .

Ah, y es sordo.

 

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