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Por Federico Medina.

Acerca del dossier y las decisiones editoriales que merecen celebrarse

  Entendí que tenía que comenzar estas breves líneas celebrando la iniciativa editorial de proponer un dossier sobre violencia institucional. Primero, porque interpreto que esta modalidad compone una propuesta que aspira a reunir diferentes perspectivas sobre una misma tematización. Eso, a no dudarlo, enriquece la mirada. En tanto compendio de opiniones de todas ellas podremos co-construir la nuestra propia. Recargada, eso si, de otros atributos que permiten complejizar a partir del ejercicio intelectual de ir y venir desde cada ángulo sobre el que se tematiza. En segundo lugar, por la elección de la temática. Aquí el equipo editorial de Subida de Línea decide meterse en el barro de una problemática social in crescendo. Y se sumerge, además, en un contexto en donde las violencias institucionales vienen exhibiendo formas cada vez más abominables de expresarse y reposan en crecientes imaginarios sociales que las legitiman, apuntalándolas más fuerte aún. Además de ello, lo plausible de la iniciativa se verifica en la condición de incitarnos a producir reflexiones situadas en contextos locales determinados. Escribiremos sobre las violencias institucionales del aquí y ahora en Santiago del Estero, la región NOA y el País.

Una vez trazadas las coordenadas de la convocatoria, entendí pertinente acercar algunas primeras y breves reflexiones surgidas de una investigación más amplia[1] y en pleno proceso de construcción. Ello, por cuanto entiendo que la producción de conocimiento en ámbitos académicos necesita fortalecer su faz divulgadora. Esa que suele pasar desapercibida entre los rígidos encorsetamientos que imponen las publicaciones académicas y sus limitados modos de circulación y alcance social. Por otra parte, entiendo provechoso además que esa producción de conocimiento circule por medios de comunicación como este, en la medida que también obedece a la necesidad de aportar reflexiones para problematizar discursos instalados, así como a visibilizar practicas policiales y judiciales que se nos presentan con nobles disfraces en la construcción de sentido que imponen los medios principales. Así, con el horizonte de reflexionar para, en definitiva, transformar realidades determinadas.

A estos fines me he propuesto acercar dos fragmentos (Lugones, 2012), es decir unidades particulares de descripción de relatos recogidos en el trabajo de campo con el propósito de destacar actuaciones, significaciones recurrentes y razonamientos de frecuencia usual en las agencias burocráticas, en procura de identificar significados construidos y compartidos por los agentes del campo. Entonces, traigo fragmentos selectivamente recortados de intervenciones policiales determinadas en donde los sentidos de su accionar pueden iluminar todo un conjunto de prácticas y rutinas institucionales que dinamizan sus modos cotidianos de actuación. Sobre ellas, luego de reconstruirlas con el recurso a las anotaciones del diario de campo, intentare formular algunas reflexiones desde la idea de las violencias institucionales, que a continuación explicare con más detenimiento.

Acerca de fragmentos que ilustran practicas policiales

Un día de la madre cualquiera

Corría el mes de octubre del año 2016 y en ocasión de celebrarse un nuevo día de la madre las inmediaciones del Cementerio de la Piedad se habían llenado de gente. Entre ellos, componían la escena un número considerable de niños y adolescentes, de entre 11 y 14 años, que procuraban vender algunas flores y otras cosas que hacían las veces de ofrendas florales para homenajear a quienes yacen en ese lugar. Son todos chicos de ese conjunto de barrios populares que lindan al cementerio. Se conocen entre ellos, algunos son amigos. En esa ocasión, todo transcurría en un clima apacible y sereno. La cuestión era solo hacerse unos pesitos para zafar unos días. Ese ambiente de repente fue intempestivamente alterado por la aparición de móviles policiales que en fugaz operativo “levantaron” o se “chuparon” a los chicos, sus flores y lo que tenían consigo, para trasladarlos a una seccional de policial local. Llegaron con todo tipo de móviles, equipados con su indumentaria de “máxima seguridad”. No abrieron la boca, simplemente los levantaron y ante el pedido de explicaciones solo atinaron a ejecutar lo que los llevo a ese lugar. A los que se resistieron lo subieron a la fuerza tras correrlos por todo el lugar. Tras eso y luego de unos minutos, se hicieron presentes familiares de estos jóvenes quienes inmediatamente pusieron en marcha sus redes de sociabilidad y así dieron con activistas locales quienes se presentaron directamente a la seccional de policial a preguntar por semejante episodio. Con uno de estos activistas, que aquí llamare Mario, logre entrevistarme en las puertas de esa comisaria.

  • No tengo respuestas concretas, no puede ser lo que está pasando. Hasta ahora lo único que me dicen los canas es que “No fueron detenidos ni hay una denuncia que justifique iniciarles un sumario, simplemente están demorados, y ni bien lleguen sus padres serán entregados a estos uno por uno”- Me dijo Mario.

Mario, de incansable compromiso con la defensa de los derechos y la inclusión social de los changos del barrio, se quedó allí por varias horas. La directiva policial era la de “demorarlos un rato” y esperar a que los padres de los niños se hicieran presente y así ir “soltándolos de a poco”. En ese transcurso de encierro injustificado se pasaron el día.

Un tiempito después me presente en esa misma dependencia policial por otro motivo. Indague a quienes me atendieron, por el episodio del día de la madre. Solo atinaron a decirme que habían recibido “ordenes de arriba” y que eso era todo. El dialogo, o el comienzo de lo que pretendía ser tal, quedo inmediatamente finalizado.

Julio en Santiago del Estero

Se sabe que ya desde hace algunos años nuestra provincia recibe una afluencia considerable de turistas durante Julio, mes de los festejos por el aniversario de la fundación de la ciudad capital. Este 2017 no fue la excepción.

En uno de esos días, sobre avenida Aguirre se encontraban trabajando de limpiavidrios algunos chicos de la zona. Nuevamente, sorprendidos por un operativo policial fueron levantados uno por uno para ser llevados a una comisaria cercana. Allí pasaron varias horas “demorados”. Hubo hasta quien paso la noche. Y la rueda del acompañamiento barrial y del activismo volvió a acercarse hasta el lugar. Tuve la oportunidad de conversar sobre el episodio de manera larga y tendida con una referente barrial, a quien llamare Juana a estos fines.

Mira aquí lo que pasa es que necesitan “limpiar las calles”, entonces la cana viene y se chupa a los chicos. En el barrio pasa lo mismo, vienen de la nada y los levantan. Y mira que no están haciendo nada de nada eh, están en la esquina y punto. Yo voy y me presento nomas en la comisaria… ¿Sabes que me dicen? Que tienen órdenes de arriba y que ellos están obligados a cumplirlas. Yo les digo ¿Qué serían ordenes de arriba ¿De quién? Y me responden ya enojados, de arriba señora, de arriba. Y después de eso me piden que me vaya- Me dijo Juana.

¿Cómo se puede relacionar esto con lo que paso el año pasado en el Cementerio de la Piedad? – Le pregunte.

Esto es lo mismo, aquí pasa siempre lo mismo. Quieren “limpiar las calles” y se llevan a los chicos. A ellos les viene las órdenes de arriba eh, ojo con eso. Los canas van y cumplen con las órdenes. Y los changos solo quieren llevar unos pesos a la casa, pero se ve que cuando vienen determinadas épocas del año quieren tener las calles sin chicos que anden trabajando- Respondió.

 Acerca de las reflexiones que nos disparan los hechos

Entiendo que la idea enunciada de manera plural, al hablar de violencias institucionales, contiene una potencia que permite arrojar luz sobre todo un conjunto de prácticas institucionales que avanzan sobre la individualidad de determinados sectores sociales. Violencias institucionales, porque en cada sector estatal (la policía o la justicia, por caso), los actores que se disputan las configuraciones de sus sentidos como de sus modos de ejercicio lo hacen de modos diversos, con el recurso a artefactos discursivos y dispositivos de ejecución claramente diferenciados entre sí. Así, las condiciones de posibilidad que pueden explicar las violencias institucionales merecen indagarse a la luz de cada trama social que la hace posible. De esta forma, violencias institucionales, permite dar cuenta de los particularizados modos que, en cada contexto, tiempo y lugar, asumen los sentidos que sostienen esas violencias. Y, a su turno, problematizan las formulas dogmáticas y de aspiraciones universalistas con el que suelen revestirse los estudios jurídicos del ámbito de los derechos humanos.

En estas breves líneas me ocupo de la violencia policial. Empero, no pierdo de vista que estas suelen activar derroteros personales que luego, suelen desembocar en el espacio judicial. Desde ese saber empírico policial de tipo pragmático articulado entre prejuicios, sospechas y estereotipos determinados se abre paso al saber judicial, construido de modo normativo, abstracto y con apelación a fórmulas discursivas de tipo formal. Y una vez allí, las concepciones de los actores que animan sus prácticas de violencias institucionales adquieren sentidos diversos, manifestados en rutinas judiciales que avanzan sobre los cuerpos de los sujetos a partir de discursos construidos desde otros soportes ideológicos. En efecto, de la llamada normativamente “aprehensión policial” o enunciada en tanto categoría nativa como “levantadas policiales” en el barrio a la detención en sede judicial, existen no solo diferencias operativas sino principalmente sustantivas en relación a los modos y contextos en los que se construyen los saberes que sustentan a unas y otras.

Formulada esta aclaración, recuperó el hilo conductor de las líneas que nos trajo desde la reconstrucción de fragmentos hasta estas reflexiones. En efecto, Sofia Tiscornia, al referirse a la violencia policial entiende que la misma puede abarcar tanto lo que ocurre en la calle con las razias, como lo que acontece intra-muros en el interior de los centros de encierro (2008). Aquí nos ocupamos de lo que pasa en la calle, como ese terreno de señorío absoluto de la fuerza policial y que a la vez se constituye como fuente principal de los conocimientos que sustentan sus prácticas. La primera reflexión que nos arroja estriba en la causa eficiente de estas violencias institucionales: a quien se presenta como responsable parece estar conformada por una entidad abstracta e inaccesible. Una entelequia ubicada entre las altas jerarquías del cuerpo policial o bien en la intersección entre esa fuerza de seguridad y el poder político de turno con quien dirime sus márgenes de acción. Se trata de “ordenes de arriba”, es lo que se puede saber. No obstante, Juana insistió con la pregunta. Quería conocer la expresión de carne y hueso de eso que viene de arriba. La respuesta fue siempre la misma.

La orden de que viene de arriba puede dar cuenta no solo del carácter eminentemente vertical del funcionamiento del aparato policial sino además de la disputa que tiene en tanto proceso de producción de verdades con otros procesos, como el judicial, con el cual suelen superponerse en determinados tramos del comienzo de un proceso judicial. Aquí, el discurso policial coloca una fuerte barrera a la pregunta sobre las causas de esos procedimientos: lo público es concebido como privado y se edifica como una estrategia de control social diferenciado a partir de la particularización de lo público (Kant de Lima, 2010)

Los levantan porque vienen órdenes de arriba. Y eso en palabras de Juana y Mario obedece a la necesidad de “maquillar” la vía pública en épocas en donde la visibilidad del que viene de otra provincia se acrecienta. Ellos, quienes conocen ese día a día del barrio y sus complicados vínculos con las fuerzas de seguridad, perciben que perderíamos el tiempo si indagamos en las construcciones normativas que suelen justificar estos atropellos. Se hable de “resistencia a la autoridad”, de violación de tal o cual contravención de uso de la vía pública, la respuesta parece invitarnos a apuntar la lupa hacia otro lado. Eso sería quedarnos con la superficie del problema, explicitada en la caratula de un sumario policial instruido a propósito de estas prácticas. Entonces, la búsqueda se oscurece, adquiere mayor complejidad. Estas violencias institucionales acontecen en ese limbo donde todo orden jurídico parece suspenderse para transcurrir en un estado de naturaleza donde gobierna la fuerza. En este estado de naturaleza se configura el llamado estado de excepción (Agamben, 2004), que necesita para concretarse de hacerse a espaldas del conocimiento público. Así, las practicas policiales analizadas encauzan esta dimensión no conocida de sus intervenciones a partir de la alegación de otro abstracto, inaccesible, desconocido. La responsabilidad de esto es de esa orden que viene de arriba y no se sabe muy bien de quien ni mucho menos porque lo hace.

En suma, lo cierto es que, estas violencias institucionales contribuyen a la consolidación de ese proceso simbólico encaminado a construir al otro como negativo y así favorecer su legitimación social. Y en ese proceso simbólico, el poder policial opera en la escena de la vía pública como teatro en donde la construcción de ese otro adquiere mayor visibilización al sellar estigmas y estereotipos de criminalidad sobre determinados colectivos sociales.

 

Referencias

 

Agamben, G. (2004). Estado de Excepción. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.

Kant de Lima, R. (2010). Policías, Justicia y Sociedad en Brasil: un abordaje comparativo de los modelos de administración de conflicto en el espacio publico. En T. S. V., Derechos humanos, tribunales y policías en Argentina y Brasil. Estudios de Antropología jurídica. (págs. 89-114). Buenos Aires: Antropofagia.

Lugones, M. G. (2012). Obrando en autos, obrando en vidas: formas y formulas de la proteccion judicial en los Tribunales Prevencionales de Menores en Cordoba, Argentina, a comienzos del siglo XXI. Rio de Janeiro: E-Papers.

Tiscornia, S. (2008). Activismo de los Derechos Humanos y Burocracias Estatales. El caso Walter Bulacio. Buenos Aires: Editores del Puerto.

 

[1] Estas líneas se inscriben como parte de investigación doctoral financiada por Conicet durante el periodo 2017-2019.

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