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Por Gabriel Hoyos Izurieta

Cuando todo indica que se va a ganar, estamos condenados a elaborar una fórmula ganadora. Si bien es difícil entender cómo se consigue un éxito musical, podemos decir que en parte se debe al trabajo y también a una súbita dosis de buena suerte.

Con Banda de Turistas pasó lo primero y esa fue su única fórmula. Con cuatro discos al hombro, que incluyeron giras por todo el mundo, este mes lanzaron su quinto álbum «Mancho», para reivindicar la canción y su confirmación como una banda fuerte del rock argentino.

Con Mancho, los BDT eligieron distenderse. Atrás quedaron los tiempos de hits y popularidad, cuando con el tema “Química” fueron habitué de estudios de televisión, radios, festivales y boliches. Mancho puso un freno a esa dinámica.

Es un disco relax de once canciones. Todas parecen entrelazadas para ser escuchadas una seguida de otra. Y a diferencia de los discos de hits que son amor a primera vista, a Mancho hay que darle play más de una vez y luego la magia hace lo suyo.

Los temas que me llamaron más la atención, son «Solo para mí», «Avenida Selva» y «Ando de nube». Cada uno cantado por integrantes distintos. En una de las entrevistas que les hice hace unos años, me comentaron que quién escribe la letra, la canta.

Creo que Mancho es uno de los mejores lanzamientos del año, y debe ser bien recibido porque desde varias perspectivas está bien hecho. Los músicos exponen su perfil más auténtico; conservan la frescura, arañan la madurez, consolidan un sonido, inventan sus propias palabras, las letras redescubren territorios melódicos… en definitiva, nos dan la pauta de que su música no es más de lo mismo.

 

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