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Por Ignacio Ratier

Estoy sentado con la Coca, charlando mientras desayunamos. Ella es jubilada y en cada conversación que mantenemos deja su parecer sobre la situación política. Me dice que lo que le gusta de Macri, pese a que por el momento no ve grandes medidas ni resultados, es que está metiendo presos a todos. Y si lo tienen que meter preso a él cuando se vaya, que lo metan, remata. Alguien con quien compartimos la mesa le contesta que va a ser conveniente que no ande diciendo cosas así en cualquier lugar porque no es potestad del presidente decidir quién va o no a la cárcel. Yo me quedo con lo primero. Porque si algo ha muerto, en este barullo constante de información y expresividades a raudales, es el sueño americano del predominio de lo racional verdadero.

La charla en cuestión fue antes de las elecciones. Más tarde comprobamos lo que las PASO, ese anillo al dedo de Cambiemos, ya nos advertía: el país se está pintando de amarillo. Y del 2015 a esta parte, el macrismo ha trazado un camino que va desde la campaña con propuestas kirchneristas a poder decir lo que la lengua quiere decir sin generar el malestar necesario para que el GPS enuncie “recalculando”. Eso es construir hegemonía, como Walt Disney.

¿Por qué los votan cada vez más?, preguntan los desahuciados. Podemos dar con muchas razones. Por ejemplo, que desde el 83’ hasta hoy, salvo durante el gobierno de la Alianza, todos los ciclos políticos marcaron una curva ascendente en sus primeras elecciones de medio término. Vale aclarar, Cambiemos, después de Alfonsín, el domingo 22 de octubre tuvo el mejor resultado .

También podemos decir que el voto anti-k, potenciado con la presentación de Cristina, todavía tiene una fuerza enorme y es un factor nada despreciable para entender, por lo menos, las últimas dos elecciones nacionales.

Y la razón económica. En términos comparativos, a nivel micro, la situación del país se asemeja a la del 2015, aunque no llega a los mismos niveles. Pero lo que predomina es la memoria a corto plazo y este año hubo una recuperación con relación al 2016. Hoy la gente siente que está mejor.

Pero hay algo más, algo que mantiene vivo el fuego: la esperanza. Scioli pidió optimismo, fe y esperanza. La sociedad hoy le refriega en la cara que todas esas ilusiones las ha depositado en el oficialismo. El voto a Cambiemos es un voto con expectativas a futuro. Mañana puede ser mejor si hoy somos parte del sacrificio.

Los fueros de Julio

Cuando el presidente dijo que Milagro Sala estaba presa porque la mayoría cree que ha cometido delitos, lo que en realidad hizo fue desnudar el costado más nítido de su ethos: la obsesión con la opinión pública, el llamado telefónico para saber cuánto jode lo del pibe Maldonado, el focus group y las encuestas que, conforme pasa el tiempo, auguran un mejor futuro a los herederos de Durán Barba. Prefieren bancarse las chicanas de Espert y no una plaza de mayo colapsada por sectores sociales que exceden al fantasma del kirchnerismo, como aquella del 2×1. El orden fiscal y el cumplimiento de las metas anuales de inflación pueden esperar, la sociedad no. Por eso fueron por los fueros de Julio.

Bonadío dictó prisión preventiva. La cámara de diputados le sacó los fueros a través de una votación que resultó 176 a 0, con algunas ausencias. Llegó la orden, y cuando los flashes de las cámaras y gendarmería esperaban en la puerta de su casa, Julio ya estaba en Comodoro Py, listo para afrontar las consecuencias. Al respecto, Andrés Rosler, especialista en filosofía del derecho, sostiene que lo que cuenta es la ley vigente y, en ese sentido, la detención del ex ministro es inconstitucional. El abogado Martín Schapiro, por su parte, escribió una serie de tweets en los que afirma que la conducta de De Vido durante su proceso no ofrece razones que justifiquen la prisión preventiva, lo cual, según él, como precedente puede traer graves consecuencias para nuestro sistema político.

La mano invisible de la sociedad

El kirchnerismo duro, tras la derrota de 2015, creyó que su destino era encerrarse en el sótano de la resistencia a esperar, paciente, con aguante, la revolución. Vamos a volver. Lo que nunca hubiese imaginado es tener que abrir la puerta y ocupar el centro del campo de batalla, bandera blanca en mano, para pedir respeto por el derecho liberal.

Los resultados del domingo marcan la afirmación de Cambiemos como fuerza mayoritaria que está construyendo con precisión su hegemonía nacional. También dan cuenta de la renovación de los votos de confianza con un electorado convencido del camino asumido. Pero las expectativas son frágiles y no hay noviazgo que dure sin pruebas de amor. De Vido, en ese panorama, sin grandes resultados y con ajustes por delante, era una de las presas más deseables, la prueba más contundente.

¿Qué quiere la gente? Como la Coca, quiere verlos a todos en cana.

Hace algún tiempo, los familiares de Brian, el niño asesinado por motochorros en Flores, pidieron que no se utilice el caso para pedir mano dura. Eso me recordó a las marchas de Bloomberg durante el gobierno de Néstor. Me resulta difícil creer en manos invisibles, pero a veces pareciera que la sociedad tiene una que equilibra las cosas cuando la cancha se inclina demasiado. Hoy tenemos el ejemplo de Sergio Maldonado, que, en dos meses, casi tres, nos ha enseñado más que un compilado con todos los programas de José Pablo Feinmann.

Los medios opositores cambian de mano, progresivamente se van corriendo hacia el arco oficialista, en un proceso de concentración discursiva sin precedentes en nuestra democracia. La oposición está fragmentada y es débil. Esta situación deja a un amplio sector social huérfano de representación mediática y con perspectivas negativas a futuro. Nosotros, con nuestras expectativas y esperanzas, también necesitamos pruebas de amor. Y ahí está la nieta 125, recién llegada. Hablemos de largas esperas.

 

Referencias

http://lacausadecaton.blogspot.com.ar/2017/10/julio-de-vido-y-el-constitucionalismo.html

 

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