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Por Johana Lacour y Rita Morano 

El año nuevo feminista reunió a más de 60.000 mujeres, lesbianas y trans, el fin de semana largo del 14, 15 y 16 de Octubre en  Resistencia, Chaco. El nombre de la ciudad, Resistencia, parecía rezar de antemano una de las tareas de esta etapa política que se escucharon mencionar en la gran mayoría de los talleres. Resistir al vaciamiento del Estado, a la precarización de nuestras vidas y al recrudecimiento de la violencia machista, a la criminalización de la protesta, al endeudamiento del pueblo. De esto las mujeres sabemos mucho, porque ante la feminización de la pobreza también supimos construir la feminización de la resistencia.

El feminismo argentino fabricó su Nunca Más, su 20 de Diciembre, con cada 3 de Junio desde el año 2015 en adelante, pero fue allí donde explotó lo que se venía gestando varias décadas antes, desde 1986 con el primer Encuentro Nacional de Mujeres en Capital Federal pero tomando el ejemplo de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que varios años antes habían estrechado sus manos en el pedido de Memoria, Verdad y Justicia. Y así podemos seguir rastreando cada paso de quienes estuvieron antes que nosotras y explican cómo llegamos al 32° Encuentro Nacional de Mujeres en Chaco.

Éste encuentro se dio en medio de lo que llamamos la cuarta ola del movimiento feminista, la del feminismo popular y con los pies en la tierra, que propone a cada compañera y su realidad protagonizar los debates y orientaciones de ésta marea de brujas que no para de multiplicarse. Contra todo pronóstico el ENM no descendió en su convocatoria ni -como muches pensaron-  el contexto conservador de la provincia implicó un “recorte de progresismo” en los talleres, no fue así. De hecho fue el primero en el que no hubo incidentes durante la marcha oficial luego de dos años de lamentar compañeras heridas en manos de las fuerzas de seguridad.

Desde Mala Junta participamos una delegación de 80 compañeras, con diferentes recorridos y realidades, por primera vez además, viajaron con nosotras unas diez compañeras referentas del Movimiento de trabajadorxs excluidxs de Santiago, quienes vienen trabajando en su reconocimiento como mujeres trabajadoras de la economía popular, lo cuál propone un salto a la construcción de un feminismo en el que quepamos todas

El corazón de los encuentros

Éste año, a la nómina de 69 talleres que nos acompañó en el 31° ENM de Rosario, se le sumaron dos, entre ellos, el de “Activismo gordx” desde donde se intenta abonar a la despatologización de los cuerpos “grandes”, se esboza una crítica a las industrias alimenticias y de la moda, pero sobre todo a desterrar la pedagogía de la vergüenza de los cuerpos disidentes.

En el taller de mujeres y pueblos originarios había muchas que venían desde sus pueblos, desde el Impenetrable, ese espacio entre las provincias de Chaco, Formosa y Salta que el trabajo de la comisión organizadora recorrió durante meses para ir a convocar al Encuentro. Cuando pidieron la palabra, algunas hablaron en qom, moqoit (mocoví) o wichi y la coordinadora traducía. Esto implicó también la discusión de un feminismo campesino-indígena, de un feminismo federal, lo que hizo de ésta edición del ENM, de las más ancladas en realidades poco visibles pero sobre todo dejando un saldo organizativo importante en nuestra región.

Otro taller que multiplicó su asistencia, fue el de “Mujeres y derechos de las trabajadoras sexuales” que se desdobló en 7 comisiones colmadas de compañeras que abonaron al debate de un tema que en la actualidad divide al movimiento de mujeres y feminista pero que dejó claro que como premisa feminista, no debemos ser nosotras quienes indiquemos a las demás qué pueden o no hacer sobre su cuerpo.

Las compañeras de la economía popular -uno de los sectores que protagoniza la conflictividad social durante el gobierno de Cambiemos y uno de logros de envergadura como lo fue la Ley de Emergencia Social- sostuvieron talleres como “Mujeres y organización barrial”, dónde se debatió sobre el rol de las organizaciones sociales y políticas en los barrios populares y su inserción en torno a demandas como la falta de políticas al servicio de los humildes en los barrios. También en el taller de “Mujeres y cooperativismo”, que, como nos comentaron, sirvió para pensar los desafíos de la economía popular en la sociedad saliendo fortalecidas, sabiéndose parte fundamental a la hora de pensar cómo mantener de pie y fortalecer el feminismo popular.

Los talleres de “Mujeres y estrategias para la legalización del aborto” fueron de los mas desdoblados, en donde se realizó un balance de lo que fue la iniciativa continental del “Grito global por el aborto legal” el último 29 de Septiembre, además de compartir las experiencias provinciales en torno a la lucha por nuestros derechos sexuales y (no) reproductivos, las estrategias para la exigibilidad que nos damos en éste contexto regresivo.

“Mujeres y Universidad” contó con grandes ausentes, como la Presidenta de la Federación Universitaria Argentina quien el año pasado fue el blanco de múltiples cuestionamientos relacionados a la forma en que el gremio mas importante del movimiento estudiantil hacía frente a las políticas de vaciamiento de la educación pública, la ciencia y la técnica. Ademas de sus nulos esfuerzos por impulsar protocolos de acción contra la violencia de género en las universidades nacionales. Éste año mientras cientas de compañeras discutían la situación de la educación pública, Josefina Mendoza se encontraba, haciendo campaña como diputada nacional por Cambiemos en Provincia de Buenos Aires.

 

El patriarcado se va a caer

De las actividades en las que participamos el “Pacto de mujeres contra el neoliberalismo” fue de los más emocionantes. Convocó a referentas de diferentes organizaciones o personalidades comprometidas con los derechos de las mujeres como Checha Merchán, referenta nacional de la organización “La Colectiva” o Florencia Minici, fundadora junto a otras compañeras del Colectivo Ni una menos. Ésta iniciativa contó con la convicción profunda de la necesidad más que nunca en esta etapa de ahondar los lazos de unidad en un pacto feminista para resistir al avance del neoliberalismo conservador en nuestro país y nuestro continente.

“¡Qué lindo! Pintame así”, se decían nuestras compañeras mirándose entre ellas, cuando ya había arrancado la marcha oficial del Domingo y a las apuradas nos pintábamos la boca todas del mismo color, porque nos gusta, la boca con la que íbamos a cantar emocionadas que el patriarcado se va a caer. Nos acomodamos los pañuelos verdes de la campaña, buscamos nuestra columna, rodeada de un cordón amoroso de compañeras que, abocadas a nuestra seguridad se prepararon para cumplir esa tarea. Ése momento preciso en el que deseamos sentirnos así cada día, cuidadas, libres y juntas. La particularidad de ésta movilización fue que las fuerzas de seguridad articularon con la Secretaría de Derechos Humanos durante la misma y las tres jornadas. Lo que si sucedió fue que un grupo de intolerantes esperó a que seamos pocas para violentar durante el lunes en horas del mediodía a un grupo de mujeres que esperaban volver a sus provincias, esto generó el repudio de las organizaciones de mujeres a nivel nacional, en conjunto con la Comisión organizadora del Encuentro que también resultó herida en éste episodio, aunque todas acordamos en algo: eso no opacó el fin de semana de fiesta feminista que vivimos una enorme cantidad de compañeras.

Todos los cuerpos cuentan

Como Marta Dillon dijo hace unos días, el feminismo hace política, en donde todos los cuerpos cuentan, esto se ve reflejado en que la “Marcha Torta” y el “Festival Orgullosamente torta” por segundo año consecutivo, se realizaron nuevamente, ambos como parte del cronograma oficial del ENM. Esto es importante si pensamos que hace algunos años, en Mar del Plata, se debatía si las compañeras trans podían participar del pogo feminista, pero hoy, el taller trans es masivo, y sería impensado cuestionar que participen de este ritual que cada año interpela al patriarcado.

Decimos que todos los cuerpos importan porque mientras seguíamos apuntando a Gendarmería Nacional por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, no faltaron las pintadas que dijeran “Las feministas queremos saber dónde está Santiago Maldonado” o “Bullrich renunciá” y al momento de proponer a Chubut como próxima sede, fue un argumento de peso la lucha del pueblo Mapuche vinculada a los conflictos de tierras. Milagro Sala, presa política del gobierno de Morales en Jujuy también fue bandera de éste encuentro, lo que dá cuenta que venimos construyendo un movimiento de mujeres y feminista con sentido del momento histórico, y además que piensa en la integralidad de cada una de las batallas que damos a los gobiernos antipopulares.

Nos vamos al Sur

Ninguna ha vuelto a su casa o a sus actividades diarias de la misma manera. Quienes fueron por primera vez ya están pensando cómo hacer para juntar la plata y llegar hasta el sur del país; se van prefigurando “encuentreras” porque “no se nace feminista” tal cuál rezaba una de las remeras que circuló por la plaza principal chaqueña, haciendo alusión a que todo machismo es deconstruible, por lo que el devenir feminista está a la vuelta de la esquina.

Cada encuentro, es donde se abrazan los activismos múltiples. Para nosotras es importante defenderlos como espacios de autoconciencia feminista, sin forzar “planes de lucha” que vayan en detrimento del debate colectivo, porque toda vivencia es política y cuando se comparte con otras, tiene un potencial transformador inquebrantable.

Algunas nos volvimos pensando, también, que quién sabe y pronto tejemos lazos y el Encuentro Nacional de Mujeres sea en Santiago.

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