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Por Alejandra Cáceres Márquez

Los jóvenes santiagueños, en los primeros años de la década de 1990, compartían gustos musicales comunes en recitales y rondas de amigos del barrio, en reuniones de compañeros de la escuela secundaria o de grupos de adolescentes que recién se conocían, por intermedio de algún amigo en común, o alguna novia que los presentaba.

 

En esas reuniones descubrían y escuchaban música de bandas nacionales, y especialmente, extranjeras. De la admiración hacia ellas fue naciendo el interés por aprender a tocar canciones de esos artistas. Quienes tenían alguna inclinación musical o algún conocimiento mínimo, con una guitarra o dos armaban las “zapadas” donde sacaban “de oído” los acordes de canciones de las bandas en inglés y hacían covers. El empeño personal en el aprendizaje de la música supone una fuerte relación con un instrumento y un sonido propio y, en muchos casos, se manifiesta en la búsqueda de la enseñanza formal. Aprender a tocar estos instrumentos planteaba ciertas dificultades, por un lado, la escasez de profesores de música y, por otro, las limitadas posibilidades de formación específica en el género porque esos docentes no enseñaban lo que estos jóvenes querían aprender, es decir, los acordes de las canciones de las bandas de rock. Un solo profesor tenía conocimientos en el género: Ángel Aragonés, quién se convirtió en referente de todos los guitarristas de rock al enseñar y ofrecer información técnica.

Al ir aprendiendo, fueron generando vínculos de grupo al punto de decidir crear una banda propia, hacer canciones, ensayarlas y salir a tocar. Así, el 15 de octubre de 1993, Sergio Omar Díaz, Marcelo Argañaraz, Roberto Jaimez y Sandro Ulla se presentaban por primera vez en el Teatro Municipal de La Banda junto a dos bandas locales, Doc y Mary Jane. Nacía Manthra, banda de heavy metal con un repertorio formado por cuatro covers y algunas canciones propias.

El nombre de la banda estuvo inspirado en la canción “Corazón delator” de Soda Stereo que en su letra dice: “un dulce pálpito, la clave íntima, se van cayendo de mis labios, como un manthra, de mis labios…”. Por razones de registro legal debieron cambiarlo a Avemanthra cuando grabaron el disco en 2010. La modificación se inspiró en el saludo que hacían los romanos en latín “ave” que significa “que estés bien”. La inexperiencia y el desconocimiento de los procesos legales de registro los forzaron a cambiar el nombre pero conservaron la palabra encerrada en otra, con un significado distinto y un sonido similar.

Las influencias musicales de la banda fueron muchas, pero la trilogía que los ha marcado son bandas de la década de 1970: Led Zeppelin, Black Sabath, Deep Purple. También Ozzy Osbourne, guitarristas como Joe Satriani, sin dejar de mencionar a The Beatles y, en Argentina, Soda Stereo y Luis Alberto Spinetta. El estilo constituye una característica de identidad de la banda, originalmente era heavy metal pero a lo largo de su trayectoria fueron incorporando otros, tales como funk y hardcore, fusionándolos. Esas variaciones en el estilo de Avemanthra se fueron produciendo con el paso del tiempo a medida que la banda ganaba experiencia y los resultados son visibles en el sonido de su segundo disco que es doble e incluye veinte canciones, ninguna similar a la otra. En un momento hay un pasaje funk, en otro momento hay un pasaje rock más cuadrado quizás, después hay un tema que suena muy heavy y otro que suena hardcore, por ejemplo.

Antes hubo otro disco, lo grabaron en 1997, pero no es profesional porque no cumple con el requisito de estar registrado en SADAIC. La grabación se realizó con los recursos técnicos que tenían a su alcance: una consola prestada y una grabadora Tascam que registraba en cuatro canales. Si bien era una grabación casera para pasar de mano en mano, ha sido una experiencia enriquecedora y muy satisfactoria porque ha recibido la crítica de la Revista Madhouse, especializada en heavy metal, que puntuó al disco con siete puntos sobre diez, valorando las condiciones en que fue grabado y el resultado obtenido.

Las canciones del repertorio de Avemanthra se caracterizan por las guitarras distorsionadas, cuyo sonido deformado tiene gran cantidad de matices, tonos adicionales. El proceso de creación de las melodías es colectivo, todas las canciones han nacido en los ensayos en base a zapadas pero las letras están a cargo de Diego, el cantante, porque al ser la voz es quien puede exteriorizar lo que la banda desea decir. Música y letra es un todo inseparable que expresa el mensaje. Algunas canciones tienen un mensaje relacionado con la situación social, otras narran historias basadas en experiencias y sentimientos personales. Los integrantes de la banda consideran que, cuando se toma la decisión de hacer música, para expresarse es suficiente la presencia y una guitarra distorsionada porque en las canciones, las palabras dicen y suenan a la par de los instrumentos, accionando todo un imaginario acumulado alrededor de la actitud e ideología del grupo que está tocando.

Entonces, si bien el mensaje se manifiesta a través de la letra y la música de las canciones, ésta no es la única manera de expresarse, hay otras formas tales como una entrevista en la radio o en la televisión, un disco, o la participación en un evento por una causa determinada. Ejemplo de ello es una anécdota que rescatan de su participación en Cosquín Rock en 2004: era el viernes 6 de febrero y en Santiago del Estero se realizaba una marcha al cumplirse el primer año de la aparición de los cuerpos de Leila y Patricia, víctimas del denominado “doble crimen de La Dársena”, después de la presentación sobre el escenario de la Plaza Próspero Molina, en la conferencia de prensa se refirieron a ese hecho que conmocionaba nuestra provincia. Entonces hablaron no solo de sus años de trayectoria y su música sino también de lo que sucedía en su lugar de origen, transformándose la banda en una herramienta de comunicación de la realidad santiagueña, sumando su aporte a la causa desde ese lugar.

Quizás en las canciones a veces no se lee un compromiso social directo con causas sociales pero en la postura de la banda si lo hay, se manifiesta en la participación en eventos asociados a conmemoraciones o defensa de derechos. Otro ejemplo es la participación en el Festival Rock por la memoria, evento público realizado todos los años para conmemorar a las víctimas del Golpe de Estado que se inició el 24 de marzo de 1976 en Argentina. Allí, las bandas que participan tienen un espacio para hablar y expresarse al respecto, Avemanthra aprovecha esa oportunidad para dejar un mensaje a los más jóvenes que, tal vez, no tienen una conciencia bien formada de lo que ha pasado en nuestro país en aquella época.

A medida que pasaban los años se produjeron modificaciones en su formación. En principio, esos cambios se sufren porque la incorporación de un nuevo miembro requiere un tiempo de adaptación que le permita aprender las canciones y ensamblarse a una banda ya armada pero, a la vez, propicia un enriquecimiento, se producen variaciones notables en el sonido con el aporte musical de la nueva incorporación. Son cambios positivos, pero, hacerlos posibles, sin perder la identidad y la vigencia de la banda, está relacionado con la apertura de cada integrante, en lo musical y en lo personal, siendo la música la que permite esa sociabilidad. Actualmente la banda está integrada por Sandro Ulla (guitarra) único miembro fundador que continúa, Pablo Villalba (guitarra), Jorge More (bajo), Lucas Ruiz (batería) y Diego Abdala (voz).

Entre los logros más importantes de Avemanthra se incluye, además de la edición del disco, haber tocado en lugares míticos de Buenos Aires como Cemento, en los festivales Cosquín Rock en Córdoba, Rock Salta en esa provincia, La Salamanca Rock en la ciudad de La Banda y Rock por la memoria en la ciudad Capital. Pero, sin dudas, el éxito está asociado a la permanencia durante tantos años en la escena local porque ser una banda de rock en Santiago del Estero no es fácil por las dificultades que se presentan. Para Avemanthra el hecho de decidir seguir existiendo es sinónimo de éxito.

El placer que provoca la música es el de la identificación con los géneros que nos gustan, con los intérpretes y con otras personas que comparten esas preferencias. Para los músicos de la banda, el placer de ensayar, componer y salir a tocar encierra un sentimiento de amor a la música que se mantiene inalterable, siendo el sostén de su vigencia. Manthra vive en un nuevo nombre con la misma esencia desde hace veinticuatro años, solo cambió la piel.

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