Compartir

Por Soria y Obes

La buena vida y los negocios clandestinos no son incompatibles. Es más, diría que es el sueño del pibe, el sueño con más reproducciones en la mente pequeño burguesa. Da mala espina, lo sé. Está en nosotros acariciarlo imaginariamente y desconectarlo de nuestros circuitos morales.

La mala consciencia, todo el peso represivo de la cultura están ahí para disuadirnos y mantenernos fieles a la ley. Los videos reguetoneros son lo más parecido a estos sueños, donde el mundo de la sensualidad, el lujo y la exhuberancia se debitan de vidas que superaron los estándares de la dificultad.

Deseamos y nos olvidamos de ese tipo de vida. No por falsa e inauténtica. Un innoble sentimiento metafísico nos dice que nuestro destino es mirarlo por tv.

Comentarios
Compartir
Artículo anteriorDe regreso
Artículo siguienteRita