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VOTO AGRIETADO

Sebastian Barrionuevo Sapunar

 

No hay un orden simbólico con el que el sujeto se identifique en su totalidad, Muchas veces el sujeto elige identificarse con su fantasma.

Jorge Aleman

 

Hay un voto en medio de la grieta que está agrietado. Hablo de un voto mayoritario que advierte en su economía domestica el  daño significativo que implican los aumentos exorbitantes de luz, agua y gas pero también le parece razonable advertir que no era “merecedor” de un subsidio que el estado le otorgaba. Al voto agrietado le parece necesario bajarle las retenciones a los sectores más concentrados de la riqueza y se apasiona con la espectacularidad de la detención de un funcionario perteneciente al gobierno anterior, porque lo vivencia como si se tratara de un baño moral que glorifica de pureza  a todo el gobierno de cambiemos. Funciona así: aunque la inflación aumente y  lo perjudique, el show mediático  lo colma y contiene algunas de sus expectativas. Es un sufragio resquebrajado por verdades contrariadas: sabe que los principales empresarios coimeros no van a ser detenidos, pero le basta  la  euforia  ante el despliegue de fuerzas de seguridad que fueron a buscar lo que puede juzgarse “De bido”.

El voto agrietado tiene surcos donde recala el dolor genuino por la desaparición de Santiago Maldonado, pero también germina un discurso mediático que quiere hacer de los familiares de la victima meros oportunistas políticos que quieren voltear al gobierno de turno, a quien señalan  como principal responsable.

El voto agrietado es capilar, tiene rendijas donde la idea de “sacrificio” y “abnegación” por una supuesta fiesta del despilfarro resuena con un eco que somete. Cuando la plata no alcanza, en vez de experimentar bronca, el voto agrietado siente culpa.  Advierte que el hermano del presidente blanqueo millones a raíz de la ley impulsada por el propio  Mauricio Macri, pero también le seduce la “decencia” del presidente cuando explica que se puede equivocar, que él es falible, que comete errores. Entonces, el votante agrietado ya defraudado, socarronamente concluye que hay que dejarlo robar a él también, es decir, si los otros ya lo hicieron ahora le toca a él.

El voto agrietado puede escuchar con desenfado la supuesta “promiscuidad de la justicia” que alega Garavano (sin sonrojarse) y  también sabe de las violaciones sistemáticas a los DDHH que nos hicieron internacionalmente conocidos en estos últimos dos años. El voto agrietado presupone el suicidio colectivo, pero lo hace esperanzado. El sí se puede! es un rezo inspirado en un “noseque” que tiene un “queseyo” (diría un dicho) que lo vuelve atractivo y contagioso.

El voto agrietado tiene cicatrices. Le genera desconfianza aquello de la deuda a 100 años, pero bueno recuerda que con Menem y De la Rúa fue parecido y quien sabe quizás esta vez sea distinto. No? Por qué habría de suceder lo mismo?  Sabe que hay una artificialidad en lo que cambiemos construye pero eso también lo desborda para sentirse parte. Entiende que las importaciones perjudican la industria nacional, pero disfruta de los bajos precios en algunos productos vía internet con servicio puerta a puerta.

Hay algo micro que acontece en la composición del voto agrietado, un sinsentido que es difícil develar. Votar al verdugo, enamorarse del secuestrador.

Este votante no quiere le enrostren responsabilidades al respecto, no quiere saber, que no le recuerden. Quiere que dejen “hacer al gobierno”, “que nadie ponga palos en la rueda, que nadie se meta”, “que no sean aguafiestas”, “que hay que esperar”, “que mas tarde llega”. Enunciar el grave daño que el gobierno macrista le está produciendo al país y principalmente a los sectores populares es una estrategia necesaria pero claramente no es suficiente.

Por último y lo principal de todo lo dicho: el voto agrietado en su gran mayoría, obra con buena fe.

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