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Cuando fue electa gobernadora era casi una desconocida. En cuatro años logró construir, a fuerza de su carácter y su carisma, su propio lugar político. Hoy proyecta un futuro de protagonismo en la política santiagueña y nacional.

Por Ariana Irastorza

El año 1974 fue un año normal, comenzado en martes. La mañana de un viernes de febrero, 756 trabajadores ingresan al Edificio Joelma, en  São Paulo. Todo se empieza a recalentar cuando el aire acondicionado del piso 12 ardió por un cortocircuito. Ese día murieron 188 personas. Eran las 8.50. En Nepal, el 4 de mayo un grupo de mujeres alpinistas japonesas suben al monte Manaslu, siendo las primeras en trepar una montaña de más de 8000 metros de altura, mientras en  ese mismo mes, un poco más hacia el sur,  India detona su primera bomba atómica. En Argentina, en julio, muere Perón y lo sucede Isabelita, quien será la primera mujer jefe de estado de Sudamérica, mientras otra mujer en Estados Unidos, Christine Chubbuck, se vuela la cabeza de un tiro en la presentación de su programa de televisión. Santiago se inunda después de una lluvia que dura 211 horas seguidas. Juárez es gobernador. Ese año la población mundial alcanzaba una cifra de 4.000 millones de habitantes. Claudia Ledesma Abdala nació ese año, en ese mundo, un 14 de septiembre en La Banda.

Claudia creció en el barrio San Martin,  junto a sus papas y sus dos hermanos Oscar e Ignacio. Tenía la misma edad que su prima, Laura Scrimini. Y en el entorno social las conocían como las mujercitas Ledesma. De niñas, su diversión era hacer prendas de muñecas con las telitas que robaban de la abuela, que era  maestra de labores y les enseñaba a coser.

– Eso nos unía de chicas – recuerda Laura, que después se convirtió en diseñadora de modas profesional.

Claudia hacía de todo. Practicaba piano, tenis e inglés. Si estaba en una fiesta familiar y había una mesa con veinte personas, saludaba a una por una. Así le habían enseñado.

Claudia Zamora y Laura Scrimini junto a su abuela Celina, maestra de labores.

 

En 1983, cuando tenía nueve años, su mamá le hacía  largas colitas tirantes en su pelo largo de color castaño. Era el año del regreso a la democracia, y Claudia veía festejar a su papá, Oscar Ledesma Patiño y a su abuelo materno, Ricardo “Pololo” Abdala, que era un conocido médico y dirigente radical bandeño. Por esos días, un muchacho mendocino que se había mudado a  Santiago con sus padres quince años antes, ingresaba a la carrera de abogacía en la Universidad Católica. Gerardo tenía 19 años y votaba por primera vez.

La Argentina volvió a la democracia al mismo tiempo que Claudia cursaba la primaria en el colegio Belén, donde más tarde terminaría la secundaria y conocería a sus intimas amigas. Gerardo empezaba a militar en la universidad, cautivado por los discursos Alfonsín.

En  1989 ella cumplió los 15 años y diseñó su propio vestido para la fiesta. Él tenía 25 y se recibía de abogado. Diez años más joven, Claudia comenzaba a tomarse en serio el diseño de modas y sus creaciones empezaron a ser más que un trazo y formas conexas. En aquellos años ya lo pensaba como una posible profesión. Pero en su casa familiar todo era política, con la influencia de sus abuelos y su padre.

Por lo demás, era una bandeña  normal. Los veranos eran de pileta y ya en los noventa escuchaban a Madonna, Zaz, Soda Estéreo y Erasure. En esa época se enamoró y después de un noviazgo que duró casi quince años, se casó en 2004. Tuvieron un bebé que  falleció antes de cumplir una semana. Claudia quedó devastada.

En 2005 su historia iba a empezar a cambiar.

 

Flashback

En diciembre de 2001 De la Rúa se escapaba en helicóptero y días después la cúpula del gobierno municipal de Santiago, que encabezaba Zavalia, tomaba la decisión de renunciar en bloque a sus cargos. Todos, menos el joven vice intendente Gerardo Zamora, que asumió el mando de un municipio financieramente quebrado.

Dos años después, Santiago se conmocionaba con el Crimen de la Dársena y las marchas por la verdad y la justicia. Claudia se recibió de  abogada y empezó su carrera política en estos años de gran efervescencia social. Fue defensora del pueblo de La Banda en 2003 y Jueza de Faltas municipal en 2005. Todo en su ciudad natal y bajo la intendencia de Chabay Ruiz. El 26 de diciembre, a días de terminar el año, se recibió de Escribana con un promedio de 7.6, en un acto en la Universidad Católica al que asistió  el flamante Gobernador.

 

De política y de amor

Cuentan los más cercanos que Claudia y Gerardo se flecharon cuando compartieron los festejos del aniversario de La Banda  en 2005. Los dos se habían separado y ese año se habían mudado, sin saberlo, al mismo edificio, en la esquina de Tucumán y Libertad. En 2006 ya Claudia empezaba a salir con el hombre que sería su compañero en la vida y en la política. Se casaron y ella volvió a diseñar su vestido. Juntos tuvieron tres hijos, Valentino el primero, Nazareno el segundo y la más chiquita Amparo, que nació en 2011.

Hasta entonces Claudia tenía un perfil muy discreto, como mujer, primera dama, y trabajadora independiente, porque se había retirado de la función públcia. Pero eso cambió rápidamente. El 19 de Septiembre del 2013, Gerardo Zamora se postuló  para su tercer mandato, repitiendo la fórmula con  su entonces vicegobernador Ángel Hugo Niccolai. El 27 de octubre se eligieron diputados provinciales, nacionales y senadores, pero la Corte Suprema de Justicia de la Nación suspendió las elecciones a gobernador, haciendo lugar a un planteo de la oposición, que había reclamado la inconstitucionalidad de que Zamora se presentara a un tercer mandato, cuando la Constitución lo habilitaba sólo a dos.

El candidato directo a sucederlo en la candidatura era el vice gobernador Angel Niccolai. Pero por entonces el sector peronista del Frente Cívico puso reparos en apoyar a un sucesor radical. Casi sin fichas en el tablero, Zamora debió agudizar  el ingenio y hacer una jugada que nadie había imaginado.

 

La decisión de Claudia

– Necesito saber si estás dispuesta porque esto es algo muy importante que te estoy pidiendo, pero no te voy a abandonar, voy a estar a la par tuya

– ¿Y cuándo se va a resolver?

– Hoy

– ¿Pero qué hay que hacer?

– Hoy tienes que ir y decirle a la gente. Hoy a la tarde.

Así fue que la mañana del miércoles 30 de octubre, Gerardo Zamora decidió pedirle Claudia Ledesma que asumiera la responsabilidad de encabezar la fórmula con un vicegobernador peronista. Ahora Claudia Ledesma Abdala pasaba a llamarse Claudia de Zamora y después de acompañar ocho años a su marido casi desde el anonimato, pasaba a aspirar a la gobernación.

El anuncio había despertado voces e insinuaciones entre oficialistas y opositores. Eran inevitables las comparaciones con los traspasos matrimoniales del poder durante el pasado juarista. Pero eso no impidió que la formula Zamora-Neder se impusiera el 1 de diciembre de 2013 con el 64,47% de los votos.

En su discurso de asunción, Claudia habló con firmeza:

– No sirve para nuestra democracia cualquier tipo de bajeza, provenga de donde provenga y por eso aclaro que tampoco sirve que quien tiene la responsabilidad de gobernar, pierda un solo minuto en debatir o contestar con esas mismas prácticas en las que no esperen que yo caiga.

Claudia saltó a los primeros planos de la vida política y rápidamente conquistó a todos con su carisma. Pero seguía siendo ella. En  cada acto y gala Claudia siguió diseñando y confeccionando sus propios trajes con una modista personal. Y rápidamente se reveló como hábil política.

– Ha sido un acto de amor profundo a su esposo y a Santiago del Estero. Era un momento de mucha incertidumbre y creo que ha tenido ese gesto de muchísima valentía que solamente se ven en pocas personas.

Valentía. Eso es lo que Mariela Nassif más valora de Claudia. La Ministra de Educación, bandeña, había sido compañera de juegos y reuniones familiares a través de un fuerte vínculo entre sus abuelos y padres.  Hoy reflexiona y recuerda que la vio como una mujer que estuvo a la altura de las circunstancias, asumiendo inmediatamente con mucha responsabilidad el compromiso que se le presentaba. Y señala que hace mucho tiempo que no aparecía en Santiago una figura política que fuera tan sensible y cercana con los otros, capaz de brindar cariño  y de recibirlo. Pero se detiene y señala que Claudia también se ha destacado en la prolijidad y el control estricto de lo que pasa en la administración pública.

 

Un final, un comienzo

Con su vestido claro, bordado, e impecable, Claudia Zamora toma la banda celeste y blanca con el escudo provincial y el bastón que cuatro años atrás recibió de su esposo. Los guarda en un cofre. Un patricio santiagueño acerca idénticos atributos. Todos los presentes están expectantes, muchos registrando el momento con sus celulares. Claudia le pone la banda a su esposo, compañero y padre de sus hijos. Se la acomoda. Lo mira. Se aparta y toma el bastón de mando, lo apoya contra su pecho y después de una pequeña pausa, estira sus brazos con firmeza y se lo cede. Gerardo Zamora asume por tercera vez como gobernador, y se funde con ella en un abrazo que se prolonga por nueve segundos. La gente aplaude, grita, mientras ella a su lado, lo ve levantar el brazo y con una sonrisa, agitar el bastón en el aire. En esas mismas horas, Claudia asume como diputada nacional, y anuncia la continuidad de una carreara política que empezó en lo más alto, y augura un futuro de protagonismo.

En este mes de diciembre, en el contexto nacional de caos y violencia dentro y fuera del congreso, mientras se debatía la reforma previsional, se pudo escuchar su voz decidida en el Congreso. Leyó una carta dirigida a los legisladores de parte de los representantes de la Iglesia de Santiago del Estero. En ella se expresaba la preocupación ante la reforma jubilatoria haciendo énfasis en conceptos que la habían acompañado durante su gestión. Remarcó que los pobres y los sectores más vulnerables eran su prioridad. Al igual que en su discurso de asunción, apeló una vez más a sus creencias religiosas y pronuncio las palabras del papá francisco, “un pueblo que no respeta a sus abuelos, es un pueblo sin memoria y por lo tanto sin futuro”.

– Señor presidente – dijo decidida, como si no fuera su primera vez – estos conceptos simples y contundentes que acabo de leer, en definitiva son los que guían mi vida y mis acciones. Son para mí el fundamento suficiente para que mi voto sea negativo a esta ley. Muchas gracias.

Hoy Claudia tiene 43 años, su pelo sigue largo y castaño. Usa vestidos que son diseñados por ella, como el de sus muñecas o el de sus quince años, pero ya no la peina su mamá. Aunque supo ser, entre muchas cosas la gobernadora de la madre de ciudades  y hoy ocupa otro espacio de relevancia política y social, nunca ha dejado de ser la chica bandeña de la sonrisa grande, que así como entra así se va. Muchos dirán que lo hizo por la puerta grande.

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