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Frente Sívico

15 diciembre, 2017

Frente Sívico

Por Soria y Obes

Por estos días el voto de los parlamentarios santiagueños vuelve a ponerse en la mira. La reforma previsional migrada del Senado, necesita el aval de ciento cuarenta votos para tener aprobación. Los seis votos de la representación provincial son contados de antemano por la prensa nacional y aquí se reabre el debate genético sobre el gobierno local.

El Frente Cívico navegó con holgura los doce años de kirchnerismo, a tal punto que su legado, legitimado mayoritariamente en octubre último, es interpretado como una prolongación exitosa de aquel proyecto progresista. Pese a ello, producto de las negociaciones políticas, nuestros parlamentarios vienen dando el aval a las medidas más disruptivas de la gestión actual, conformando con ello un cuadro complejo de analizar.

La fuerza disuasiva del gobierno nacional es dejar sin efecto las firmas que refrendan el Pacto Fiscal, una suerte de nueva entente entre Nación y provincias (exceptuando a San Luis), para distribuir recursos antes en manos de Nación -lo que recibió el nombre ilustrativo de una aseguradora: La Caja.
La promesa de fondos frescos a una provincia que se vio favorecida con obra pública e infraestructura a gran escala, no parece una idea peregrina para una administración que necesita mantener en condiciones sus activos.

A la vieja rémora del aislamiento, abandonada hace dieciséis años por el FC, y antes por las políticas restaurativas de la Intervención de Lanusse, le continúa una estrategia pragmática: asegurar la gobernabilidad de la provincia, a cambio de apoyos contingentes que provean a la gobernabilidad del país.

De usuarios notariales de la vieja Cámara, la nueva composición de fuerzas en el Congreso les asigna a los representantes santiagueños una dimensión físico matemática que no estaba escrita. La motricidad de los miembros superiores, un radio de acción cantado y sin valor en la era k, vuelven a cotizar en la Cámara Baja -recinto numeroso donde las hegemonías provinciales conservan una carta de negociación para habilitar los cambios de reglas propuestos por Cambiemos.

Los brazos levantados por el sí tienen un contexto complejo: fronteras adentro representan lo mejor de las políticas inclusivas y de la obra pública volcada en la provincia por la gestión de los Kirchner, en CABA, donde se domicilia el Congreso de la Nación, asienten de manera instrumental las leyes que modelan un proyecto neoliberal, en las antípodas de sus prácticas de gobierno, que les asegura la reproducción puertas adentro de un populismo telúrico que puede sobrevivir…
La relevancia provincial entre preguntas, habrá que concluir que hacer política en provincias estructuralmente pobres como la nuestra, nos exime de las grandes decisiones; una suerte de realismo periférico subnacional, más focalizado en alianzas estratégicas (un eterno oficialismo) que en debates ideológicos de largo aliento.

¿Tendrán razón nomás los que conceptualizan nuestra coyuntura, apelando a cierta mecánica anatomista, cuando explican que no hay más ángulos de acción que levantar las manos cuando no tienes espaldas?