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Edición #10

Líder sindical, dirigente deportivo, senador oficialista sentado en una banca para la oposición. Ganador siempre. Esta es la historia de uno de los políticos más poderosos y multifacéticos de Santiago que dice que nunca fue, que siempre lo llamaron.  

Por Nicolás Adet Larcher

En el segundo piso del Hotel Carlos V hay un bar. Es domingo y Gerardo Montenegro está ubicado en una mesa. Se sienta cerca de los amplios ventanales por donde se cuela la luz, que permiten ver la esquina de la calles Avellaneda e Independencia. Tiene una camisa Lacoste azul y un reloj plateado en la muñeca. Son las 13:30 y está tomando un café. Se mueve a través del bar como si se tratara de su despacho. En los días de semana hace lo mismo en otros bares. A veces en Club B, a veces en el bar del Hotel Ciudad. Se pasa de una mesa a otra atendiendo sus múltiples ocupaciones como si cerrara y abriera pestañas en un navegador. El único bar al que no va a trabajar es Lucciola, a donde va con su esposa y no le gusta que lo molesten. Entre reuniones, se cruzan los mensajes y se apilan las llamadas en su teléfono. A donde quiera que vaya, aparecen las preguntas de quienes lo siguen y lo conocen. Si va al centro a comprarse una camisa, el dueño del comercio le pregunta “¿Y, qué pasa con Quimsa?”. Cuando se reúne con algún intendente, la pregunta se repite en la sala de reuniones. Cuando se acerca hasta el banco para hacer un trámite, ve a Gustavo Ick renegando por el partido de ayer. Y la pregunta se repite. Puede viajar a Buenos Aires para una sesión en el Congreso un día, y al otro día estar presente en una reunión de UPCN, o viendo un partido del club, o hablando frente a la militancia en calidad de representante de la junta capital del peronismo.

En el bar del Carlos V, el hombre que está en todos lados, martilla la mesa con el dedo índice una vez. Dos. Cinco. Dice que a él lo que le gusta es la gestión. Y confiesa:

-Todos me preguntan cómo hago

***

Gerardo tiene trece años, es el menor de tres hermanos y vive junto a su mamá, docente, y su papá, policía. El Estado les adjudicó una casa en el barrio Ocho de Abril. Un barrio de casas bajas, calles angostas y de tierra, una avenida que lo atraviesa y que desemboca en el centro de la ciudad  y un par de comercios que empezarán a respirar con el tiempo. Pero todavía no. El barrio es nuevo, tiene diez años. Fundado en 1959 fue la solución del gobernador Eduardo Miguel a un problema de usurpación de tierras en un terreno que se denominaba El potrero de los Taboada y que pertenecía a la tradicional familia santiagueña.

Es 1974. Perón acaba de morir y Carlos Arturo Juárez gobierna por segunda vez la provincia. Gerardo viaja desde Atamisqui hasta el barrio capitalino para asentarse definitivamente. En esa nueva ciudad, está por empezar a cursar la secundaria, recibirse de perito mercantil, intentar cursar la carrera de Contador Público en la universidad, dejarla por problemas económicos, seguir el camino de la militancia política, gremial y deportiva. Y convertirse en senador nacional.

Pero por ahora, tiene otras prioridades.

– ¿No tenías curiosidad por el mundo de la política?

-No. Yo quería jugar a la pelota.

Gerardo es el nueve del equipo  del barrio, pasa las tardes jugando al fútbol con otros chicos en potreros ocasionales. Sus amigos de la cancha militan en la juventud peronista, pero él no, no conoce mucho del tema y no le interesa hacerlo. En su casa no se habla de política.

Es 1983. Juárez vuelve al poder para un tercer mandato y el peronismo busca reorganizarse a nivel nacional. En el Ocho de Abril, la militancia peronista aflora. Gerardo, mientras tanto, pasa por las inferiores del club Unión Santiago, y los compañeros lo apodan “Chueco” y le elogian su gran habilidad con la pelota.

Un día, uno de sus amigos lo invita a ir a una reunión de la juventud peronista para probar. Y va a una primera reunión. Y va a otras más.

Y se queda.

***

En la cocina hay un televisor, un sillón enorme y una mujer sosteniendo un bastón que la sujeta al mundo. Llora. En la televisión se ve el féretro de Perón en blanco y negro y una multitud que lo acompaña. Ese día de 1974, Julia Comán se acerca hasta la cocina. Tiene 9 años y no entiende qué pasa, pero sabe que nunca va a poder sacarse esa escena de la cabeza. Su abuela llora. Su papá llora. Su mamá llora. A ella la sientan frente al televisor, y le dicen que mire.

Y le dicen que rece.

Con el paso de los años, el regreso de la democracia la encuentra militando en la Rama Femenina, una de las patas más importantes en la que se asentará el gobierno juarista. Julia no siente apego por su agrupación, pero sí siente cercanía con unos chicos que se juntan a jugar a la pelota en el Ocho de Abril. Ella vive en el barrio, como ellos, y los ve jugar. Se encuentran en la iglesia sobre la calle Lorenzo Fazio y pasan los días juntos. Ahí se conocen con Gerardo.

En esos días, comienza una relación de amistad entre los dos que perdura hasta el día de hoy, con ella como diputada provincial y él como senador nacional. Julia aclara que le dice “Mi Gerardo”, cuando hace la distinción con Gerardo Zamora a quién llama “mi gober”. Y cuenta:

-Nos encontrábamos en la iglesia porque en ese momento hacíamos trabajo social en lo de las hermanas dominicas. Era en la zona sur del barrio. Nosotros estábamos con Gerardo y con César (Leguizamón) que era candidato a concejal en ese momento.

Las monjas daban vueltas por el barrio y predicaban. Para Gerardo son las monjitas de la cuadra, las que le permiten adoptar un criterio de servicio en el barrio que él después vinculará con su acercamiento al peronismo.

María Inés, una de las monjas, siente una profunda adoración por él. A veces lo ve dentro de la iglesia, se acerca, le agarra la cara y le dice “Ay mijito, usted va a llegar tan lejos”.

-Gerardo era siempre el segundo, pero era el que motorizaba todo. Tenía un perfil muy bajo y era muy observador.

Julia pasa su tiempo cerca de la juventud peronista. A espaldas de la Rama Femenina, se siente más cómoda con Gerardo y su grupo de compañeros del barrio. Los ochenta están llegando a su fin y el país se desarma en una de sus peores crisis. Julia toma una decisión y se aleja de la Rama Femenina.

Los noventa la encontrarán dentro del peronismo, y ocupando otro lugar.

***

 

– ¡Este es el momento, entiendan lo que es el sindicalismo!

La frase la pronuncia un histórico sindicalista santiagueño. Por esa época, Carlos “Chueco” Corbalán, del sindicato de empleados de comercio, comienza a dar los primeros pasos dentro de su carrera gremial y con el tiempo llegará a convertirse en el hombre a cargo de la delegación de la CGT local por 22 años. De pelo blanco y ojos claros, el Chueco era uno de los referentes de la política y el sindicalismo, incluso dentro del mismo barrrio Ocho de Abril. Con Gerardo, eran amigos “de la política”. Ahora, son los principios de la década del noventa y Carlos Juárez ya no está en el poder. El peronismo deviene en neoliberalismo en la figura de Carlos Menem a nivel nacional y los derechos y los salarios están al pie del recorte. El sindicalismo sale a la calle, y es el momento. El Chueco le explica a Gerardo que este es el momento y que hay que entender qué es el sindicalismo.

Inauguración del primer jardín de la mutual AMA-UPCN, el primer jardín creado por dirigentes sindicales del país. A la derecha, junto a Gerardo, está su hermana Zulma. Una de las docentes del lugar. Gentileza: Julia Comán

En 1989 el Chueco ya venía trabajando junto a Julia y Gerardo. Habían inaugurado una escuela. Julia había prestado en ese momento la casa de sus abuelos para la inauguración, en esa síntesis entre acción social y política que venían sosteniendo. La inauguración se hace junto con el gobernador actual, Carlos Mujica, y ya empieza a asomarse, de a poco, una faceta gremial. En esos años, Gerardo queda como Director de Desarrollo Comunitario del Ministerio de Desarrollo Social. Julia comienza siendo delegada de UPCN mientras Daniel Villalba se desempeña como Secretario General. “No lo podíamos convencer a Gerardo para que venga”, dice Julia. El Chueco finalmente lo convence y le recomienda a Villalba que lo tenga en cuenta para colocarlo como vocal en la Comisión Directiva del gremio. Él va.

Y se queda.

***

Los gobiernos sucesivos, el santiagueñazo, la intervención federal  y las divisiones políticas dejan una provincia quebrada. Es 1995. Son los tiempos de los científicos enviados a lavar los platos y las provincias inviables del norte. Carlos Menem accede a un segundo mandato con el 49% de los votos para continuar profundizando políticas regresivas. En Santiago, dos meses después de las elecciones presidenciales, Carlos Juárez vuelve a ocupar el sillón de la Casa de Gobierno para un cuarto mandato.

-Nosotros habíamos militado con mis agrupaciones para Juárez– relata Gerardo en el bar del Carlos V- Existía una relación política, pero no más que eso. Por ahí él me pedía que me involucre más porque me conocía desde el 83, pero yo estaba más apegado al gremio porque sentía que desde ahí podía aportar.

En el mismo año en el que Juárez llega nuevamente a la gobernación, también empiezan a moverse algunas fichas en el gremio. Desde un lugar que había comenzado a construir cuatro años antes, Gerardo convoca a Julia y a un equipo de personas que acompañen para empezar a trabajar y llegar a la conducción del sindicato de UPCN. Para Julia la elección del gremio como un espacio de construcción tiene un simbolismo que merece ser remarcado. No faltan oportunidades para recordar que, cuando se fundó el gremio en 1948, el primer afiliado fue Perón.

En 1998, Gerardo logra uno de sus objetivos. Llega a ser el Secretario General de UPCN.

-Hace de cuenta que he fundado un gremio- dice, y hace números. Se acuerda que a fines de los noventa eran apenas unos doscientos afiliados y hoy son más de diez mil- ¿Vos me preguntas que me gusta?, y bueno. A mí me gusta la gestión.

Con esa misma premisa, Gerardo llega unos años después a convertirse en presidente de Quimsa. Un club de básquet que por el 2001, en plena crisis económica, estaba completamente quebrado. La falta de fondos no le permitía competir en los partidos de la tercera categoría de la liga. Un grupo de empleados públicos que trabaja en el lugar se contacta con Gerardo. Le dicen que vaya al club. Él no sabe nada sobre básquet, su pasión es el fútbol, y su único acercamiento con Quimsa es a través de algunos auspicios del gremio. Julia le dice que no vaya, que no va a tener tiempo. Del otro lado le dicen “vení, colaborá con nosotros”. Él se acerca al club. Conforma un equipo de trabajo centrado “en la gestión”.

Y se queda.

***

-A mí me dicen juarista. Yo no soy juarista. Yo soy un relator de lo que pasó.

En junio de 2016, Gerardo Montenegro presentó un proyecto de declaración en la cámara de senadores. En el texto se proponía “adherir y rendir homenaje el próximo 2 de julio y a los seis años de su fallecimiento, al ex gobernador, senador y diputado por la provincia de Santiago del Estero, Dr. Don Carlos Arturo Juárez”.

Al terminar de mencionar muchos de los fundamentos que sostienen su propuesta, dice: “Sra. Presidenta, en mi provincia por casi medio siglo y aún hasta el día de hoy, decir peronismo es decir juarismo”.

El proyecto generó sorpresas en algunos sectores, aunque dentro del peronismo se sabe que una gran porción de los adherentes todavía se identifican con los años del juarismo en la provincia.

***

Eva Esperón lleva un tatuaje de Néstor Kirchner que le cubre gran parte de su espalda, tiene unos 30 años y desde el 2013 comparte espacios de participación política en el PJ junto a Montenegro. Lo reconoce como su referente político en Santiago. Antes de integrarse definitivamente al peronismo, Eva militaba en La Cámpora, formando parte de una juventud kirchnerista que se encontraba fortalecida luego de la rotunda victoria de Cristina Fernández de Kirchner en 2011. A causa de algunas internas y de un acercamiento más concreto  al partido, Eva se alejó y se sumó al entorno de Montenegro.

Cuando alguien le pregunta sobre la relación peronismo/juarismo, aclara que ella no viene de la línea juarista y nunca militó en el juarismo, pero advierte:

-El Juarismo está muy presente en los barrios. La gente te dice que quién le dio la casa fue “el dotor”. Lo reivindican porque no han conocido otro peronismo que los haga replantearse si lo que ha hecho Juárez ha estado bien o no.

La mística sigue presente. En la Feria del Libro Justicialista realizada en 2016 en el Forum, algunos stands colocaban merchandising de Juárez y la Nina. Están. Por los pasillos pasan juaristas de la primera época, juaristas de la segunda, de la tercera y hasta la cuarta época. Hay juaristas que marcan diferencias con Musa Azar, juaristas con diferencias con D’Amico y con el Ninismo.

– ¿Qué etapa de Juárez es la que más te gusta?

Gerardo se toma un momento para pensarlo. Y responde:

-No sé con cual gobierno quedarme, porque a la provincia le ha servido más el Juárez de 1995 al 2004 en lo que significa reordenamiento administrativo, tener las cuentas en orden, sin deuda y dejar una provincia equilibrada.

Retoma la mención al 2004 y vuelve a los tiempos de la intervención federal bajo el gobierno de Néstor Kirchner. Dice que el tiempo dirá, que pondrá claridad respecto a lo que pasó en esos años.

-Hasta el día de hoy no está claro que pasó con el caso de la Dársena, dónde estaba la mano del gobierno en ese momento. Hablaban de que los ‘hijos del poder’ habían provocado esa muerte. Pero no quedó claro, para nada- explica, e insiste- Generalmente se interviene una provincia cuando hay una crisis social, como la que vemos en Santa Cruz y con todo el desastre que tiene no la intervinieron. A nosotros nos intervienen por un caso, un hecho circunstancial para que después argumenten sobre cosas que sucedieron 20 años atrás o situaciones donde todavía no se habían cerrado heridas. Era un tipo que podías criticar mucho por su forma de gobernar, pero vos sabías que Juárez era ordenado con las cuentas.

***

Es julio de 2009. Un escándalo se destapa en la municipalidad de la capital y Santiago es noticia nacional. El intendente Julio Alegre es detenido, acusado de un fraude millonario bajo su gestión. En esos días, es designado como intendente interino Hugo Infante, concejal radical que integra el bloque del Frente Cívico.

Falta un año para las elecciones para intendente, y el tiempo empieza a correr. Las fuerzas políticas que integran el Frente Cívico se reúnen y se plantea una competencia por la intendencia de la ciudad. Es una premisa, cada fuerza puede presentar su candidato dentro del espacio.

-Queremos que seas nuestro candidato, preséntate– le dicen a Gerardo.

La propuesta le interesa. Piensa que tiene que ver con la gestión, como a él le gusta, y empieza a realizar sondeos junto a su equipo en toda la ciudad. Al finalizar, se sorprenden. Están en consideración frente a sus propios compañeros y están bien posicionados en las encuestas. Solo Infante ostenta números similares para la contienda electoral. Sin embargo, como intendente interino, el radical tiene la ventaja por encima de Gerardo para ser el candidato del oficialismo:

-Obviamente, todos hemos aceptado eso. Siempre privilegiamos el interés conjunto y, si conviene, aceptamos- explica Gerardo en el Carlos V.

Ese primer intento de ir por la intendencia no lo desanima. Por el contrario, le permite ver qué peso tiene dentro de la ciudad y dentro del propio peronismo. Con el tiempo, eso derivará en dos cargos: la presidencia de la junta capital del peronismo y la banca para senador en el congreso de la nación, que llega en el 2013.

-En el 2013 empiezo a tener un perfil político más fuerte, porque lo mío era más deportivo y gremial.

Decide lanzarse. Lo hace bajo el slogan Gerardo es Nuestro, “algo casero, sin el asesoramiento de Durán Barba”, recuerda, y va por la tercera banca para senador en una boleta por fuera del Frente Cívico y sin el sello del peronismo.

-Yo tenía dos rivales, uno era (Emilio) Rached y el otro era (Eduardo) Chabay Ruiz que, por acuerdos nacionales, y aprovechándose de la intervención del partido termina en un acuerdo con (Marcelo) Nazar. Ahí termina siendo candidato a senador del partido con nuestra sigla con toda nuestra historia.

Dice que tener el acompañamiento del peronismo te da la ventaja de estar siempre en la pelea. Ese mismo año, antes de comenzar la campaña se reúne con los militantes del peronismo. Les dice que Carlos Juárez ya no está, que es una realidad y que la responsabilidad ahora “es nuestra”. Que hay que hacerse cargo de la historia y que una persona que milita en el radicalismo no puede encabezar una lista del peronismo (hablando de Chabay). Esa reunión será clave para dar los primeros pasos en la reorganización del partido, un partido que hasta ese momento estaba intervenido.

La lista se llamó Frente Popular y estuvo integrada por Gerardo y por la actual intendenta de la ciudad capital, Norma Fuentes. Ante la pregunta de una periodista, el propio Montenegro definió al frente como “una herramienta circunstancial”. Chabay es intendente de La Banda y era uno de los representantes del Frente para la Victoria en la provincia. Todavía. Recurre a la justicia y presenta una objeción frente a la Cámara Nacional Electoral por considerar que el Frente Popular incurre en situaciones irregulares. Dice Chabay que la lista funciona como una extensión del Frente Cívico y que los tres senadores en el congreso no incluirían a la oposición en caso de una victoria. La Cámara se pronuncia y dice que no hay elementos para el planteo. Chabay no queda conforme. Presenta un recurso extraordinario y llega hasta la Corte Suprema. Horas más tarde la Corte avala lo dicho por la Cámara Electoral, y se pronuncia a favor de la lista del Frente Popular.

Con los resultados en mano, siguen llegando las buenas noticias. El Frente Cívico por Santiago cosecha el 70,5% de los votos con la fórmula de Daniel Brué y Cristian Oliva, mientras que por detrás queda el Frente Popular con un porcentaje de alrededor del 20%.

Ese número es vital para Gerardo Montenegro. Como él mismo explica, fue un antes y un después por el fortalecimiento de su perfil político y por la demostración de que efectivamente podía reunir votos propios, y ajenos al peronismo más tradicional.

-Muchos sectores peronistas por fuera del Frente Cívico me apoyaron. Una cosa es que te lo digan las encuestas, y otra cosa es que veas el final de la elección en Capital y Banda. Es fuerte. Solamente con esos números yo ya le gano a Chabay y a Rached. Todo lo que se contabiliza en el interior es la diferencia, eso no estaba en los planes de ellos.

– ¿Te sientes cómodo en la banca de senador?

– Y…

– Es un lugar importante

– Por supuesto que es un lugar importante. A ver, yo llego a un lugar donde tengo que aprender. Estoy acostumbrado a lo ejecutivo, a la gestión y cuando paso al plano legislativo, bueno, tengo que aprender. Es otra dinámica. Todos cuando vamos a un lugar nuevo vamos a aprender.

Desde esa elección hasta ahora, el tablero se alteró. Mauricio Macri ganó la presidencia, Cambiemos local se fortaleció, el Frente Cívico volvió a ganar la gobernación, el peronismo nacional se fragmentó, y el peronismo local se reorganizó. Eso lo pone de buen humor. Un peronismo provincial reorganizado es un espacio necesario, para gestionar, para acompañar, para militar.

Otro lugar para quedarse.

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