Compartir

Por Juana Tamborini

Era la última fiesta del ciclo BPM en Playa del Carmen, diez días de fiesta electrónica seguidos. Yo había viajado a México en abril y una de mis metas era poder disfrutar de estas fiestas que se hacían en enero; me encanta la música electrónica y no soy la única: miles de turistas de todo el mundo van al caribe a disfrutar de la BPM, ésta era la edición número 10.

A los primeros días los disfruté muchísimo. La buena energía y la onda que hay en Playa del Carmen durante esas semanas es incomparable. Iba caminando y en todos los bares sonaba electrónica; a la noche siempre había movida, y no es que pinchaba cualquier DJ, se presentaban los mejores. Apenas podía organizarme para ver a todos los que me gustaban.

El 16 de enero terminaba esta serie de fiestas, así que con un poco de tristeza decidí ir a las dos últimas: una de tarde y otra a la noche. Quedaban por suerte a unas dos cuadras de distancia (¡qué bien! salgo de una y me voy caminando a la otra). Cuando llego a la primera, que era bastante exclusiva, me encuentro con unos amigos que había conocido en Ciudad de México hacía ya unos meses, y los había visto también en otras ocasiones en Playa del Carmen. ¡Qué casualidad! pensaba, justo vengo a conocer a uno de los dueños de la discoteca número uno de Playa que se llama Blue Parrot, y ¡ay, qué suerte que tenía!: la última fiesta se iba a desarrollar ahí. Así que me quedé con ellos junto con una amiga y decidimos irnos antes de la primer fiesta para llegar a Blue Parrot más temprano.

Entramos como si entrara a mi casa. Fuimos derecho al vip, al mejor vip, arriba de una tarima; con mesa, champagne y al lado del escenario. Nunca vi una mejor escenografía: el Row es una fiesta temática en donde artistas se disfrazan, siguen un papel, actúan e interactúan con la gente mientras pincha el DJ. Yo estaba fascinada. Con increíbles atuendos y una energía de positividad y amor que jamás vi. No había forma de estar de mal humor ahí adentro.

En un momento con mi amiga decidimos ir al baño que quedaba a la vuelta. Así que tuvimos que bajar del vip, pasar por entre medio de toda la gente y de los personajes disfrazados para llegar. Mientras caminábamos nos sorprendió la libertad con que se ofrecía droga: te la mostraban en la mano, te decían que la pruebes sin compromiso, como si te estuvieran vendiendo ropa. Decimos que no, que muchas gracias con una sonrisa y haciéndonos las simpáticas, porque de esa manera hay que actuar con los narcos, como si fuera normal y que está todo bien.

En el baño nos maquillamos un poco, saludamos un par de conocidos y mi amiga propone fumar un cigarrillo. Así que pasamos de nuevo por entre medio de la gente y vamos al patio, que también estaba lleno. Desde la parte no techada se veía el mar, así que nos acercamos un poco y hablamos de lo increíble que era la noche. El cigarrillo iba por la mitad, y le digo a mi  amiga que volvamos al vip para que lo termine de fumar allá. Pero ella me dice que no, que ya lo termina. Me quedo callada, le da dos pitadas más y cuando ella me dice que listo, que volvamos al vip, de repente se escucha: ¡PAM! ¡PAM! ¡PAM! ¿Qué es eso? ¿Fuegos artificiales?

El ruido venía de tres o cuatro metros atrás nuestro, entre la gente y el vip al que estábamos por volver. Veo gente que viene corriendo para el lado que estábamos nosotras, cerca del mar. Las personas se agachan pero no entiendo bien… el DJ sigue con la música pero con el volumen más bajo. ¿Ya se va a terminar la fiesta? Noooo, no puede ser, es súper temprano y ¡acabamos de llegar! Hasta que de nuevo ¡PAM! ¡PAM!

No, no eran fuegos artificiales, eran tiros de balas. Veo un destello que pasa a un metro y medio nuestro. Mi amiga se queda parada, yo me tiro al piso y le digo que se agache.

¿Esto realmente está pasando?

No fueron mas de 30 segundos después de la segunda ola de disparos que el DJ baja la música del todo. Lo único que se escucha son gritos y llantos en todos los idiomas. Puedo escuchar palabras como “¡gun!” (arma) “¡shot!” (disparo) y “¡get down!” (agáchense). Y me doy cuenta de que sea como sea tenemos que salir de ahí. Mi amiga me mira y decretamos rápidamente: vamos a salir de esta, estamos protegidas, nada nos puede pasar.

Como dije, estábamos cerca del mar, pero para pasar afuera de la discoteca teníamos que saltar una reja de 2 metros. Un chico que estaba ahí nos ayudó a subirnos a un frezzer que estaba al lado de las rejas y de ahí saltamos y caímos en la arena. Salimos corriendo para el lado de la derecha, sin entender mucho todavía, actuando en automático. Yo me sentía adentro de una película de acción. La verdad no tuve miedo porque no caía en que eso realmente estuviera pasando.

Tratamos de tomar la mejor decisión y no ir por la playa en la oscuridad, tomamos la calle 10 en la que vimos más movimiento. Mala idea. Cuando habíamos hecho media cuadra escuchamos de nuevo disparos que venían de la esquina. Tratamos de meternos en la entrada de alguna casa u hotel, pero tenían rejas, entonces con mi amiga nos hicimos lo más pequeñas que pudimos, con la intención de que si pasaba una bala cerca ni siquiera nos rozara. Fueron unos tres minutos de cerrar los ojos y darnos la mano, apretarnos y decir: esto va a pasar, tranquila.

Cuando no oímos más disparos tomamos otra calle y salimos corriendo para la casa de mi amiga. Corrimos como nunca en la vida, la adrenalina que sentíamos no nos dejaba parar. Corrimos por nuestras vidas.

Nosotras llegamos a la casa sanas, pero ¿por qué?. ¿Cómo es que justo decidimos ir al baño y después al patio y no quedarnos en el vip rodeadas de gente, desde dónde era mucho más difícil escapar? ¿Cómo es que mi amiga no me hizo caso y terminó su cigarrillo en el patio, en lugar de regresar entre la gente? Esas dos pitadas nos salvaron de quedar atrapadas en el tumulto de personas hacia donde fueron dirigidos los disparos.

A veces nos reímos y decimos en chiste que nos salvó un cigarrillo. Pero eso nunca se sabe, tal vez no era nuestro momento. En esta fiesta murieron 5 personas y 15 resultaron heridas. Personas de diferentes nacionalidades (italianos, estadounidenses, canadienses y mexicanos). Algunos habían venido de vacaciones y otros trabajaban de seguridad en la fiesta. Realmente no sé por qué pasó esto: si fue un ajuste de cuentas entre bandas, si es que una nueva banda de narcotraficantes quería instalarse en Playa del Carmen, o si un loquito quiso entrar a la fiesta a vender droga y no lo dejaron, volvió con un arma y empezó a disparar a quemarropa. Todas esas versiones se dijeron, pero jamás sabré cuál es real y cuál no. Lo que sé, es que él, o los, asesinos (porque tampoco se sabe si fue una sola persona o más las que dispararon) siguen por ahí libres.

A partir de esa masacre, Playa del Carmen cambió mucho. Se dieron de baja miles de reservas en hoteles y una sensación de miedo se podía sentir en cada calle. Se suspendieron fiestas posteriores y cerraron varias discotecas. Poco a poco Playa se fue recuperando pero la BPM no se va a volver a hacer en México. Esa fue la última BPM mexicana.

Y estuve ahí.

 

 

Comentarios