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Por Gabriel Hoyos Izurieta.

Es verdad que cuando alguien está enamorado, todos los días se parecen al 14 de febrero. Cada paso se hace más liviano y trasladarse de un lado a otro como si fuesemos una pluma es uno de sus pequeños grandes lujos. El problema es que no todos nos podemos dar con esos lujos. Sobre todo porque el enamoramiento de pareja parte de una iniciativa que no depende de una sola persona, sino de dos.

Pero en tiempos en los que cada cosa tiene su propio día, existe el día de los enamorados. Podemos explicarlo como una fecha para homenajear al ser amado, o del otro extremo, como un intento capitalista desesperado por vender en tiempos de crisis. Hay algunos criticos que estamos de éste lado y otros por el contrario corren ciegos a comprar una caja de bombones o reservar el mejor lugar en un restaurant.

Bueno, basta de introducciones. Hace poco fue el día de los enamorados y yo, como tantos otros solteros, consumimos un arsenal de tabletas de sertal, buscapina, y otros protectores hepáticos, para resguardar nuestros estómagos antes de entrar a las redes sociales.

Basicamente esto es lo que pasó:

Esteban y Luly, que normalmente se llevan como perro y gato, ese día mágicamente se reconciliaron. Luly publicó una foto en su facebook de las últimas vacaciones que veranearon juntos, acompañada de una extensa dedicatoria que solo ella leyó por completo. Salieron a comer, se intercambiaron sus regalos y terminaron en un telo. Al otro día, Esteban le reprochó algo a Luly y todo volvió a las idas y vueltas de siempre.

Estas cosas pasaron. Julieta, vio desde su facebook como aparentemente Luly pasó feliz compartiendo el día con su novio Esteban. Empezó a recordar los momentos en los que vivió situaciones parecidas. Se acordó de sus ex. Lloró un poco. Quiso festejar el día de las solteras. Llamó a sus amigas solteronas disponibles. Salieron a bailar. Tomaron de más. Mandó un whatsapp equivocado a las 5 de la mañana.

Roberto, ex novio de Julieta, llamó a sus amigos de la facultad de ingenieria con el fin de oganizar una juntada de pizzas y un torneo de fútbol en la play. Hablaron de los últimos juegos que se compraron. Gritaron como vikingos cada gol descargando su ira. Se rieron. Reprimieron el llanto. Miraron porno.

Brenda que recién está conociendo a su galán, Roberto, no supo como reaccionar el 14 de febrero. ¿Decirle feliz día y quedar como una boluda? ¿Esperar a que él me lo diga primero? ¿Habrá otras en su lista de feliz día? ¿Mejor me aseguro con mi ex?. Preguntas interminables que no llegaron a acallarse con besos.

Adrián no quiso salir de su casa por temor a encontrarse extremadamente sólo en el espacio público. Entonces intentó fallidamente enganchar una película de acción en la tele. Hizo zapping por todos los canales con programación romántica. Terminó envuelto entre las sabanas viendo Diario de una Pasión. Luego entró a ver alguna novedad en el facebook de su amor imposible, Brenda. Le llegó un mensaje a las 5 de la mañana. ¡Era de Julieta!

Estas y otras tantas situaciones se vivieron el pasado 14 de febrero, que después de todo fue un día como cualquiera. Algunos tuvieron con quien compartirlo. Hubo encuentros y desencuentros. Otros nos aseguramos mirando series mientras nos bajamos un kilito de helado. Netflix no te rompe el corazón.

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