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Por Belén Navarro

 

Ahora que pude cerrar el freezer, no me apures.
Que se congele.

Bancame asi si abro la puerta
que la sopapa gomita no siga
de paquetes reventándose en el suelo,

de tapers jugando a ser astilla
de vidrio del barato

y bien al fondo
que haga el hielo de enredadera,
que el plástico sedimente
en las paredes de blanco,

y que se pudra

con el primer corte de luz del próximo verano,
cuando ni dragones ni unicornios se cuelguen

de los letrados imancitos auténticos
ya devaluados y borrosos,

que permiten armar solo con
consonantes palabras en inglés,
pero no tienen ya vocales para su nombre.

Todavía me acuerdo, chica,
a medias,
de cuando te hablaba del iceberg que rompía al Titanic,
que se hizo famoso en el cine como Darth Vader y
Uma Thurman
la que cerraba el freezer de piloto amarillo,

un taxi desde el país de nunca jamás,

no hubo un tal Vader, no hubo Uma Thurman,
solo un par de combatientes del helado,

solo amarillo el taper que había robado;
creo que con bife a la criolla, de Bill;
nunca jamás lo he devuelto por
demorarme en el Kill

y recién me acuerdo.

Vamos chica, no me apures,
ahora me sonrío del otoño.

 

 

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