Arte y Cultura Edición #11 Literatura Política

Hacer memoria después del black out

28 marzo, 2018

Hacer memoria después del black out

Por Ignacio ratier

En el 2002 gané la beca Guggenheim para escribir sobre la moral sexual en las organizaciones revolucionarias de los años setenta en la Argentina. No escribí ese libro: escribí este.

El fragmento citado es de María Moreno y está en el principio de su nueva publicación, Oración. Carta a Vicky y otras elegías políticas. ¿Por qué hay que leerla?

Superar la novela burguesa

Previo a la lectura, en una discusión alguien me recordaba una frase de la narradora extraída de Black Out, su libro anterior: “Yo bebo porque bebo con la boca de mi padre”. Esa construcción, considero, es fundamental para entender a Moreno y el porqué de su estilo inclasificable, de su acidez solemne, sin muecas.

Fiel a esa forma singular que no se avergüenza de la erudición, que puede, a la vez, hacer hablar a cuanto marginal se cruce por su vida, este libro cobra un vigor inusual en el mes de la Memoria.

Un crítico cultural había advertido un año atrás en twitter que Moreno preparaba un libro. “Es sobre Walsh”, comentaba. Pero la descripción no alcanza. Porque Oración es mucho más que eso.

La muerte de Vicky Walsh, en 1976, tras un ataque de los militares a la casa donde se encontraba refugiada junto a otros militantes, y la carta que Rodolfo, su padre, escribe luego de investigar los detalles del suceso, son los temas centrales. Pero a partir de ahí, la autora pasea por diferentes zonas, algunas muy sensibles, para terminar confeccionando una pieza que pone en cuestión cosas que damos por sabidas.

Carta a Vicky, la carta del Walsh padre-militante-periodista-escritor cede paso al planteo de algunas hipótesis que conciernen a su proyecto literario. A lo que él veía como la necesidad de la superación de la novela burguesa y esa debilidad que, cree él, tiene la ficción convencional: la de atemperar la visibilización de las injusticias desactivando los efectos políticos deseados. La novela como dispositivo de neutralización de la denuncia. “Carta a Vicky y Carta a mis amigos son epinicios en prosa donde los hechos demandan una literatura que supere a la novela por el peso de la historia”, dice Moreno.

Al mismo tiempo, la narradora no deja de entrometerse en lo que inicialmente era de su interés, dar cuenta de los rasgos morales de la época, principalmente, de la moral sexual en las organizaciones revolucionarias. A lo largo del libro recurre a pasajes que ya hemos leído en páginas anteriores y los va resignificando en tanto aborda nuevas aristas cada vez que recapitula e hilvana puntos de cruce entre estos y otros temas.

Walsh era un gran lector de la información pública, la que está al alcance de todos pero casi nadie ve. En eso basaba buena parte de sus investigaciones. Pero, además, se nutría de los testimonios que se pasaban de boca en boca “en una ciudad sitiada pero donde el silencio convivía con las palabras a medias, el rumor y hasta el chisme, como si aún fuera la gran aldea en la que el héroe se fundía con el vecino y la Patria con la Familia”. Son las herramientas principales en la reconstrucción del acontecimiento: los detalles de la muerte de su hija. Periodista y víctima se alzan en una misma figura.

No obstante, la autora señala algunas debilidades, datos que carecen de rigor, que parecen estar falseados. Vicky enfrentando a un pelotón de militares con ametralladora en mano, desde el techo y con un camisón. Testigos, sobrevivientes, le dirán a Moreno que esa noche ella iba de jean y remera. ¿Por qué entonces el camisón?, se pregunta. En esa selección arbitraria distingue una moral, una construcción ideal de la militante femenina revolucionaria, en la que se entremezclan la dulzura, la inocencia y la inexorable fuerza del valor combativo que otorgan las convicciones.

“He tratado de entender esa risa. La metralleta era una Halcón y mi hija nunca había tirado con ella aunque conociera su manejo por las clases de instrucción. Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír. Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsación del dedo brotara una ráfaga y que ante esa ráfaga 150 hombres se zambulleran ante los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo.” (Fragmento de Carta a Vicky)

La voz de Patricia Walsh aparece, entrevistada por la autora, y comenta que la última vez que vio a su padre le había señalado las inconsistencias de la carta. “No habíamos tenido una vida feliz”, resalta como una forma de achacar la decisión de nombrar en el texto una supuesta ‘vida maravillosa’. Rodolfo había acordado modificarla, sin embargo, después de ese encuentro, su hija no volvió a verlo.

El pasado es una dimensión del presente y así trata las cosas Moreno. Se mete dentro de algunas piezas culturales elaboradas por mujeres hijas de desaparecidos o asesinados por la dictadura, como El Dock de Matilde Sánchez, o Los Rubios de Albertina Carri. Las llama H.I.J.A.S. Se pregunta por la vida de esas mujeres hoy y por la vida de esas otras mujeres en el contexto de violencia política de los setenta. Deja que hablen de la manera en que pueden hablar; desde el presente o desde los documentos del pasado.

La memoria es un campo de batalla

Por otro lado, decía al comienza que la lectura de Oración cobra vigor en marzo, el mes de la Memoria.  En ese sentido, la narradora recorre otra zona sensible: la de ciertos vicios del movimiento de los derechos humanos, como es el caso del exceso de consignismo, “el supermercado de los derechos humanos”, dice.

Aquí se presenta un tema delicado, siempre propenso a encender resquemores y miradas de sospecha. Y Moreno bucea profundo. No reniega de las consignas en sí, ni de los festivales, los actos, las marchas y la militancia que se extiende hasta el presente para combatir los atropellos que conservan vigencia. Sólo advierte los riesgos de encorsetar la cuestión en un puñado de frases hechas y tradiciones que se van resignificando en los nuevos contextos. Por la política, las nuevas generaciones y las mutaciones de los valores de la sociedad.

Oración es un texto en el que no alcanza con decir las cosas de una vez y para siempre. La autora vuelve cada tanto al rulo y prueba con nuevas formas en las que siempre aparecen otros sentidos que terminan de delinear la complejidad de lo que piensa, investiga y extrae de los textos y las personas con las que habla. Además de ser una gran escritora, Moreno también es una máquina de pensar. Y en su nuevo libro conserva su marca de distinción: la capacidad de trabajar en la exposición de sus posturas políticas eludiendo con la acidez de su humor cualquier forma panfletaria.

Es importante leer Oración hoy, aprovechar que pasa un nuevo marzo y el tópico de los derechos humanos vuelve al centro de la escena. En la calle se verán las pancartas, se oirán los discursos de la militancia, nos encontraremos con personas comprometidas que desandan un mismo camino y actúan bajo parámetros éticos similares; también encontraremos a los oportunistas y reyes de la doble moral de siempre. A los silenciosos y los bulliciosos.

Aunque el movimiento de los derechos humanos represente la columna vertebral de la sociedad argentina y su activa participación en el espacio público sea necesaria, la mirada de Moreno no deja de hacer falta. Porque el libro no segrega el espíritu de lucha, lo alimenta. Comprometido con el fondo de estas cuestiones, apunta a ciertas formas y lugares comunes que nos exponen al riesgo de la banalización y la repetición de frases que de tanto sonar se vuelven ruido sin sentido. Entender nuestras miserias, entender la época, para no caer bajo las garras de la esterilidad.

Oración recupera los detalles de una microhistoria, la de Vicky Walsh, su muerte en el enfrentamiento en la casa de la calle Del Corro, la de los sobrevivientes, la de la reconstrucción e investigación que el padre hace de su muerte y la de los aspectos que carecen de rigor en la carta que escribe. Hila tan fino y pone en duda lo que Patricia Walsh llama “la versión oficial” (de lo que Rodolfo Walsh fue y de cómo era vivir la época). Termina por convertirse en un prisma que permite visibilizar nuevas aristas de una disputa histórica, la memoria, que no deja de tensionarse en el presente bajo nuevas condiciones.

Desde dónde te leo, María

Discutiendo sobre el libro con Adrián Bonilla, gran cronista y lector de crónicas, comentábamos nuestras impresiones. Él me decía que lo aburren los divagues psicoanalíticos de Moreno, pero, que le gusta cuando se encarga de narrar y hacer aparecer otras voces. Nos topamos con un foco de conflicto, en el buen sentido del término. “Incluso, por momentos, parece hasta mal escrito”, me decía.

En esa discusión, en la que sostuve cosas expresadas arriba, terminé de cerrar algunas cosas acerca de la escritura sui géneris de Moreno. Antes de partir, Piglia había dicho que la consideraba la mejor narradora argentina viva. Razón suficiente para tomárnosla en serio.

María Moreno es un género en sí, dice Hinde Pomeraniec. La soltura de su pluma (su verborragia), su impunidad para irse por las ramas y volver, y no ahorrar esfuerzos en el análisis de los hechos, para que la huella de la subjetividad cale hondo, pese a quien le pese, llevan la marca de su alcoholismo, que es parte de su estilo singular. Tema que trata magníficamente en Black Out. Desde ahí hay que leerla: María Moreno es la borracha del bar que a las cinco de la mañana conserva la frescura en su discurseo mientras los demás ya no pueden articular las palabras. Y como buena borracha, canta algunas verdades que no todos quieren oír.