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Por Ignacio Ratier

Relajemos, no nos esforcemos tanto en pensar. Te saca arrugas y, en un tiempo en el que la apariencia es casi todo, puede traerte complicaciones innecesarias. Es mejor que seamos positivos, el optimismo, la fe, la esperanza. Lo decía Daniel también. La razón es cuestión de fe.

La época, la potencia de su espíritu, parece conducirnos a eso. Hagan la prueba, esquiven el flujo incesante del deseo de tener razón, cuestionen, cuestiónense y vean los resultados.

Sabemos que la filosofía positiva que promueve el asesor del gobierno Alejandro Rozitchner es el esqueleto ideológico de la sociedad que piensa el macrismo. Sin embargo, no será difícil encontrar progresistas, peronistas o símiles de acuerdo con la idea de desentenderse del rigor.

Ya en el kirchnerismo comenzaba a manifestarse, con menos fuerza que ahora, es cierto, el espíritu antiintelectualista. “Demasiada crítica puede hacerle el juego al enemigo”, “la crítica le hace el juego al enemigo”, en ese orden.

Pareciera que el tendido eléctrico heredado permite una continuidad que favorece las intenciones oficiales. Silencio todos, está prohibido el rigor.

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