Columna

Métodos

11 abril, 2018

Métodos

Por Soria y Obes

La legendaria mesa de Mirta Legrand, se ha convertido en estas últimas semanas en una suerte de cámara Gesel, donde voces picantes del espectáculo y de la política nacional, denuncian abiertamente comisiones de delitos graves, con los pruritos de una producción televisiva que convierte estas revelaciones psicodramáticas en pociones centrales del programa y de la agenda pública contingente.

Un método
Natacha Jaitt, ex Gran Hermano (España), que pasó a la fama el año pasado después que dio a conocer detalles de los encuentros furtivos con Diego Latorre, destapó una olla con datos “duros” y otros sugerentes, como iniciales de personajes notorios, envueltos todos en una red de pedofilia. La bomba de Jaitt, desactivada rápidamente por los medios y por el propio Fiscal Delgado, que no obtuvo ni pruebas ni aclaraciones de la mediática, dio lugar a ensayos políticos y morales que plantearon la vitalidad de los servicios y la emergencia de un método en la comunicación de las infamias. Jaitt fue bautizado el método y en él se sintetizan las prácticas miserables a que recurren determinados personajes para granjearse la atención del público. El invento que no es nuevo, y que por razones profesionales y de portación de antecedentes no aplica a Carrió -impunidad de clase-, tiene en la legisladora a una exponente privilegiada, que en estos días vuelve a la carga sobre el Supremo Lorenzetti sin otro argumento que su obsesión “purificadora”.

El método
Razonadamente es el Método Carrió, más bizarro por supuesto, porque de una trabajadora sexual solo se esperan puteríos, dirán algunos. Pero seamos más justos con Lilita, ¿es lo mismo escrachar a unos cuantos hombres de bien por rating, por el dinero y las oportunidades de difamación que te dan los medios y las redes sociales, que lanzar acusaciones gravísimas (“traición a la patria” por ejemplo) en nombre de la salud de la República? No, claro que no, Lilita hay una sola y sin ella la lucha contra las mafias de cualquier laya quedaría sin paladín. Pero pensemos más. ¿Les parece justo que se patente un método con el nombre de una chica que salió de un reality, cuando los cerrojos de un sistema podrido saltan cada vez que la curadora de la República tira un nombre a la trituradora mediática? No, no? La Diputada Carrió no es dueña de ningún método y menos si a éste se lo confunde con operaciones explícitas, -sin óbice que participen las mismas fuentes oscuras de la ex SIDE, que alimentan los chismes de una y de otra. El método Carrió tiene la ventaja de no ser riguroso, ni científico, ni de perseguir ninguna verdad pública aunque ella se encargue de batir el parche por esta batalla. Hasta aquí ninguna diferencia con lo que chapuceramente apunta Natacha las veces que tiene que decirlo a la pantalla. La ventaja de Carrió es que su método no trasciende porque en definitiva es su programa más consistente de los últimos años: denunciar para disputar poder, acabar con adversarios y debilitarlos ante la opinión pública. En líneas generales es más grave lo que hace ella, pero claro, el relato de su personaje, que cómplicememte construyen y adornan los medios, la vuelven un insumo imprescindible de esta democracia de la posverdad.