#Notas

Día del periodista: mitos, procesos, retrocesos y avances históricos

11 Minutos de lectura

Por Nicolás Adet Larcher.

Nos encanta que ustedes tengan eso que se llama periodismo militante

¿Por qué?

Porque allá nosotros no tenemos eso y aquí es  interesante observar las distintas posiciones de cada uno

El asombro surgía de parte de dos comunicadores sociales españoles que el año pasado estaban de visita en Argentina para filmar Soy Periodista, Historias de la Prensa Argentina, un documental que buscaba retratar el periodismo en nuestro país, sus variantes, sus protagonistas y el contexto actual. En su visita, recorrieron Buenos Aires, pero también provincias del interior como Córdoba, Tucumán y Santiago del Estero para dialogar con periodistas y actores comunicacionales sobre la situación del periodismo en cada lugar.

Se sorprendían. Me comentaban el concepto de periodismo militante y no entendían algunas posiciones encontradas sobre el término, sobre la referencia negativa que muchos de los entrevistados tenían y la concepción positiva que otros destacaban. Les intrigaba el periodista argentino, los contrastes y la palabra, las formas de hacer periodismo que era la motivación principal de su documental.

Los inicios

Algunas lenguas hoy proclaman a viva voz –con el argumento de la vieja escuela de redactores– que el periodismo fue, es y será independiente, que la objetividad existe y que no hay ningún interés por detrás. Existieron medios que dejaron una referencia – gráficos en su mayoría – que trazaron ejes de anclaje para gran parte del periodismo argentino.

El periodismo nació en Argentina a través de los primeros periódicos a principios de 1800 que eran creados para militar causas, para acompañar procesos políticos y a veces incluso solo para contrarrestar información de parte de otro medio. Fue de esta manera que en 1801 surgió “el primer diario de Buenos Aires” como señala el periodista Fernando J. Ruiz, y fue concebido con el nombre extenso de El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico en plena crisis de autoridad de la corona española sobre nuestro territorio. Durante esos años, la primera camada de periodistas argentinos estuvo integrada por figuras como Juan José Castelli, Pedro Antonio Cerviño e incluso por el propio Manuel Belgrano.

El diario tenía un propósito: promover el fin del colonialismo en la región articulando ideas comunicacionales a través de redes que se irían conformando mediante el establecimiento del nuevo medio como amplificador de las demandas sociales. Para la época, los impulsores del medio observaban al diario como un salto cultural necesario para ilustrar a la élite y parte de la sociedad sobre cuestiones centrales. Para Ruiz, “el surgimiento del periodismo en sí fue una de las principales novedades que preanunciaba la nueva sociedad republicana” sosteniendo que aquellos nuevos periodistas “revalorizaron a América frente a Europa y adoptaron una visión general optimista sobre el futuro de las tierras americanas”. Los primeros medios gráficos nacían bajo la corona española, pero la conformación interna de figuras claves para su trabajo diario, motivaron espacios de autonomía y dio lugar al surgimiento de voces críticas que fueron un giro inesperado para parte de la corona misma.

Durante esos años, las tensiones también se traducían en el accionar de los medios, en las voces que tenían o no lugar entre las páginas y en los efectos que esas publicaciones obtenían en el plano político. Cuando fue creada la Primera Junta, también se comprendió que se necesitaba un espacio comunicacional para emprender sus medidas y fue creada La Gazeta de Buenos Ayres quién tuvo como director a Mariano Moreno. A partir de este hecho fundacional del primer periódico del nuevo país, se toma aquel 7 de junio de 1810 como el momento determinante para asentar el día del periodista. La Gazeta se mantuvo vigente hasta 1821 y su redacción también mantuvo nombres destacados como el de Manuel Belgrano o Bernardo de Monteagudo.

Luego surgieron, durante esos años, otros medios que fugazmente eran creados para apoyar a determinados referentes políticos y desaparecer. Algunos muy simples, pero con la subjetividad a flor de piel, con los textos escritos “en caliente” y con la necesidad de conformar una incidencia clara sobre la opinión pública mediante la opinión publicada. A fines de 1898, apareció la revista Caras y Caretas que a través del humor gráfico y artículos políticos, retrataba la realidad social y el contexto de gran parte de los personajes que se desenvolvían en aquél pasaje de la historia argentina.

Pesos pesados

Con el tiempo y la historia a cuestas, emergieron medios gráficos con la misma facilidad con la que luego cerraron sus puertas y con el mismo objetivo de condensar motivaciones ideológicas hacia la sociedad. En los años siguientes y durante el siglo XX, se conformaron medios que apostaron en forma explícita a una tendencia política, sobreviviendo más allá de sus concepciones iniciales de fundación. Muchos militaron sus causas, las de otros o sostuvieron espacios de resistencia de la palabra. Otros apostaron a sostener el discurso de la élite dominante.

En 1870, Bartolomé Mitre, ex presidente de la nación y senador nacional, fundaba el diario La Nación para volcar sus ideas conservadoras entre sus páginas. A partir de ese momento, el diario de los Mitre se instaló como uno de los referentes ineludibles del periodismo argentino, montando agenda en contextos históricos que incluso lo llevaron a apoyar todas las dictaduras desde 1930 hasta 1976, siguiendo su línea editorial de sustento de modelos económicos determinados que se mantiene hasta el día de hoy con algunos matices.

El 28 de agosto de 1945, aparecía el diario Clarín, uno de los primeros diarios a nivel mundial en presentar un formato de tabloide que además agregaba su marca a color en su portada. A diferencia de La Nación, que mantuvo posicionamientos claros de acuerdo a cada gobierno en base a su línea editorial, Clarín sufrió variaciones en su postura que lo llevó a apoyar gobiernos en sus primeros años para luego girar en contra. Fue lo que sucedió desde sus inicios cuando se declaraba abiertamente peronista desde sus páginas para luego virar hacia un apoyo a la llamada Revolución Libertadora de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón.

Si bien ambos medios suelen mantener el concepto entre sus columnistas de que existe el periodismo independiente, un repaso por su historia nos lleva a interpretar que tanto Clarín como La Nación, siempre mantuvieron una postura a favor de sus intereses e ideologías, lo cual podría llamarse periodismo militante – porque militan por sus propias causas – aunque encajaría con ciertas reservas en contraste a los referentes del llamado periodismo militante que también empieza a tener una impronta más elaborada durante esos años.

En 1957, con la Libertadora al poder, Rodolfo Walsh publica Operación Masacre y estableció las bases del llamado Nuevo periodismo/entrevista novelada/nonfiction novel, ocho años antes de A Sangre Fría, del periodista Truman Capote. Walsh retrató la historia de los fusilamientos de José León Suárez que habían tenido lugar durante la dictadura del 55 y que determinaron un antes y un después en la vida del periodista. Hasta ese momento, Walsh había evitado publicaciones con tono político y solo se dedicaba a las novelas policiales aunque por fuera de los parámetros norteamericanos. Los personajes de Walsh eran argentinos, los lugares eran argentinos y la comprensión del sistema judicial mostraba grietas, por fuera del ideal de justicia del policial clásico.

En esos años, Walsh era abiertamente antiperonista, incluso llegó a apoyar la Revolución Libertadora. Sin embargo, su apego a los datos y su tratamiento de la información en cuanto a la investigación llevada adelante en Operación Masacre alteraron su horizonte y dieron nacimiento al periodista militante que fue después con la cúspide en la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA) entre 1976 y 1977 desde donde denunció – junto a periodistas como Horacio Verbitsky – los crímenes de la última dictadura militar a través de boletines que se distribuían por fuera de la mirada de los militares.

Walsh enseñaba a sus compañeros que la mayor parte de la información es pública y que está al alcance de cualquier, que está “sobre los papeles” y sostenía que era necesario leer siempre todos los diarios, las revistas, los discursos, los boletines oficiales, las actas de reuniones empresariales, guías de sociedades anónimas o notas necrológicas para no pasar por alto pequeños detalles que otorgan un panorama completo. Walsh decía que había que “hacer inteligencia de la noticia” para perforar los bloqueos informativos.

De esa camada, que trabajaba junto a Walsh, también se recuerda a otros referentes del campo periodístico popular y militante. Periodistas como Francisco Paco Urondo, Ricardo Masetti, Haroldo Conti, Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Juan Gelman, Carlos Ulanovsky, Osvaldo Bayer, Tomás Eloy Martínez, Enrique Raab, y tantos otros, mantuvieron sus posiciones en espacios de resistencia dentro de redacciones (algunos), mientras otros sostenían medios propios – el caso de la Revista Crisis de Galeano – donde eran amenazados en forma continua y donde el cierre fue inminente ante las desapariciones de miembros de la redacción.

Durante la dictadura cívico-militar, Crisis ya había cerrado, ANCLA se sustentaba como podía, la Revista Humor satirizaba a ministros y el Buenos Aires Herald publicaba las historias de las Madres de Plaza de Mayo mientras en revistas como Para Ti, inventaban historias para avalar el discurso dictatorial.

En 1987, Página/12 renovó el periodismo argentino al implementar un estilo narrativo por fuera de lo habitual, con plumas y referentes comunicacionales que habían construido historia durante años anteriores y se condensaron en un diario que postulaba una ideología más de izquierda, con interés cultural, literario, pero sobre todo por los derechos humanos. Fue el primer diario en acompañar sus ediciones con libros, fue (y es) el único diario en publicar recordatorios sobre los desaparecidos en forma gratuita entre sus páginas y también permitió innovar en cuestiones como el periodismo literario durante sus 29 años de historia.

rotativa

En la década de los noventa, los emprendimientos periodísticos comenzaron a concebir al trabajo como una mercancía y empresarios que ya venían ampliando su capital desde la dictadura militar con la adquisición de plantas de papel y radios, ampliaron su negocio a canales e inversión en sus redacciones. El 1 a 1 posibilitaba el desembolso de miles de dólares a costa de deuda que luego llevó a esos mismos medios a una crisis financiera a principios del siglo XXI.

Durante esos años, también, el poder ejecutivo ejecutó acciones contra periodistas que publicaban información sobre casos de corrupción. Joaquín Morales Solá había sido condenado a tres meses de prisión por un tribunal, sentencia que luego fue revocada por la Corte Suprema sentando jurisprudencia sobre «Real Malicia». Verbitsky fue condenado en 1991 por la figura extinta del «desacato» luego de la publicación de su libro Robo para la Corona lo que motivó a una denuncia hacia el Estado Argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Ante la declaración de la CIDH, se anuló la condena a Verbitsky y se instó a los países a eliminar la figura de desacato. En esa década, también se asfixió económicamente a medios como Página/12 y Revista Humor por publicar denuncias contra el gobierno menemista con el desafortunado desenlace de Humor que debió cerrar a causa de las deudas económicas.

El nuevo siglo

Con la crisis de los medios de principio de siglo, el temor a la intervención extranjera en la compra de acciones se extendió como un hecho generalizado. Mediante el impulso de leyes del congreso (con lobby incluido del Grupo Clarín para cuidar su patrimonio) se sancionaron normas que preservaban los activos financieros nacionales por encima de cualquier intención extranjera de aprovechar la situación de crisis. Durante la caída del gobierno de De la Rúa y en forma posterior, con la continuidad de Eduardo Duhalde en actuaciones represivas de las fuerzas de seguridad, parte de los medios dominantes optaron por el blindaje mediático para negociar por detrás de las portadas.

En 2009, el congreso sancionó el proyecto de ley que eliminaba del Código Penal el delito de calumnias e injurias de parte de la prensa. Este desenlace tuvo lugar luego del caso que había involucrado al periodista Eduardo Kimel cuando fue condenado por un juez por el delito de calumnias y luego se resolvió gracias a un fallo de la CIDH donde también, al igual que el desacato, instaba a argentina a adoptar leyes para la protección de la libertad de expresión.

En los años del kirchnerismo, logros como la derogación del delito de calumnias e injurias y la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, fueron dos elementos claves para avanzar en una mayor democratización de la palabra. La ley permitió el financiamiento de proyectos audiovisuales en provincias del interior, la capacitación de productores, directores, técnicos y periodistas en proyectos que apostaron a un desarrollo en cuanto a calidad y sostenimiento. A la vez, también brindó posibilidades a radios comunitarias, cooperativas, universidades y sindicatos de acceder a plataformas comunicacionales de las que estaban excluídos.

Pese a esto, también se presentaron hechos cuestionables sobre la discreción de la publicidad oficial para medios afines y el cumplimiento parcial de puntos claves de la «ley de medios» que no fueron tratados en profundidad debido a un enfoque en la confrontación judicial contra el Grupo Clarín por la desconcentración que dejó de lado la atención para una mayor expansión a partir de proyectos que funcionaban.

En el caso de la publicidad oficial, dos fallos fueron determinantes. Uno, el de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ante una denuncia de un medio de Río Negro contra el gobierno provincial por discriminación ante el envío de publicidad oficial, donde se determinó mediante un fallo que no era «lícito privar» a un medio de dicha publicidad porque el mismo mantuviese noticias contrarias al gobierno entre sus páginas. Otro, caso fue el fallo de la Corte Suprema en el caso de Editorial Perfil en 2011 cuando se presentó una denuncia contra el gobierno nacional para que los medios de Perfil no fuesen excluídos del envío de publicidad oficial solo porque sus medios eran críticos al kirchnerismo.

Durante estos años, distintos proyectos periodísticos evolucionaron (ya se habían creado hace un tiempo), mientras otros surgían por fuera del discurso de «la grieta», el señalamiento ruidoso y la tajante división que se pregonaba en los grandes medios sobre K o Anti K. Ejemplos como el Periódico MU, Revista Crisis, Sudestada, Revista Anfibia, Agencia Paco Urondo, La Garganta Poderosa, escaparon en muchas oportunidades a la lógica de amigo/enemigo que muchos enunciaban discursivamente, construyendo suplementos elaborados, entrevistas en profundidad y noticias sobre temas como Violencia Institucional, Derechos Humanos, Género y cultura. Digitales, impresos, o de cualquier forma, los medios continuaron demostrando que el periodismo puede continuar siendo comprometido y viable. De esta forma, también aparecieron en agenda noticias de radios y canales universitarios que disputaron el dial y la pantalla con un compromiso de trabajo periodístico mayor.

Sobre la marcha

La llamada «grieta» y la demonización del periodismo militante, fueron las dos espadas discursivas de los grandes medios durante el último tiempo, lo cual se sigue sosteniendo hasta hoy. La historia demuestra que la militancia dentro del periodismo -por distintas causas- fue una constante y que la división siempre existió. Para desviar la agenda en cuanto a temas necesarios, se apeló a un discurso que apuesta a lo superficial, sin apostar a la cuestión de fondo.

Desde diciembre y hasta la fecha, un nuevo esquema comunicacional se conformó por encima del territorio nacional, con medidas que hasta el momento no dan vistas de una situación que beneficie el trabajo periodístico. Se desplazaron trabajadores de prensa de medios oficiales, se eliminó la Agencia de Noticias Infojus – una de las referencias en investigación periodística y cobertura de juicios a nivel nacional -, se derogó por decreto la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se designó una comisión para una nueva ley con miembros cuestionados, se elaboró un protocolo de seguridad que limita la acción periodística en cobertura de protestas sociales, se realizó una audiencia en la CIDH por una denuncia de organizaciones al Estado Argentino, se propuso un artículo que encarcele a periodistas por difundir información, se despidió a técnicos de organismos como el AFSCA (ahora ENACOM), entre otros detalles que – nuevamente – colocan al periodismo argentino en una posición de defensa de derechos y demanda de mayores medidas en favor de la libertad de expresión.

Manteniendo un ojo en la historia reciente y el otro en el escenario actual, este día del periodista implica un desafío para extender la discusión, complejizar los debates y escapar de los lugares comunes que intentan colocar a la profesión como una acción rutinaria de redacciones sin compromiso social. En Argentina, el periodismo necesario siempre estuvo «cerca de los que sufren» como dijo Osvaldo Bayer, y siempre exhibió en forma clara desde donde se habla, definiendo posturas, desmantelando discursos y trazando puentes.

 

 

 

 

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