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Taller de pensiones

7 marzo, 2018

Taller de pensiones

Por Soria y Obes

Para el saber popular los muertos, al menos nuestros muertos, votaban cada tanto. “Uno, dos muertitos siempre votan”, lo reconocía Cavalotti a las cámaras más de una década atrás. Anoche nos enteramos que los muertos contraen matrimonios de conveniencia, lejos de la mirada de sus familias y tan al margen de la ley que si eran descubiertos en vida, serían infames.

Las pesquisas de la corrupción local hallaron un nicho abierto y lo denunciaron. Los muertos vuelven en papeles adulterados, y frente al sueño controlado de los expedientes dormidos, un folclore de la burocracia argentina, estos muertos aparecen consortes sobre la hora, derivando beneficios antes del último suspiro.

La ficción insiste en regresarlos zombies: lentos, brutales, despellejados; la imaginación burocrática, con pies de plomo y sentido de la inmanencia, hace algo más complejo, más abstracto: retocan la biografía del difunto para crear nuevos efectos; el matrimonio civil, más una vida de trabajo, dan por fin su fruto maduro: una pensión derivada.

Pocos son los nichos donde Cambiemos puede meter sus narices. Resultado de la aritmética electoral, sólo los organismos nacionales con sedes locales pueden hacer de terreno para sus pesquisas. ¡Algo huele mal en Santiago!, podrían decir después de éste descubrimiento, y no faltará público que lo rubrique con más casos hedientes.