Edición #12 Literatura Películas

La ciudad enzoquiada

29 abril, 2018

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La ciudad enzoquiada

Por Sebastian Barrionuevo Sapunar.

“Qué lindo te nace una ciudad

Que calle te sangra por los pies

Que torre será tu corazón con fe”

Horacio Ferrer

La película “La ciudad inventada” echa andar en el lenguaje cinematográfico alguno de los “Zocos” que hablan sobre la ciudad que Jorge Rosenberg escribe y evoca nostálgicamente. En la película de Lorena Jozami puede entenderse desde otra perspectiva porque cada calle,  cada coche de plaza,  cada ladrillo, ocurrencia lingüística o comportamiento Santiagueño  puede entrañar siempre algo de magia.

Queda explicitado en las palabras de quienes hablan en la película, porque el Zoco es un género literario consolidado. Siguiendo algunas ideas de un zocologo titulado como lo es el amigo Pancho Avendaño, puedo ensayar un concepto respecto de lo que el “Zoco” es en cuanto género literario: podría decir que se trata de textos breves que se nutren principalmente del lenguaje coloquial Santiagueño, entremezclando el conocimiento científico, la metáfora poética, la reflexión filosófica y siempre o casi siempre la nostalgia a flor de piel por una ciudad pasada, todo esto, atravesado por un humor que a veces nos hace estallar en carcajadas y otras veces nos deja pensativos con una mueca de desconcierto o desdén.

La vida del propio autor está inmersa dentro de su creación literaria, en el largometraje hay una escena donde se lo puede ver relatar en primera persona como fue el último día de fiesta en el “Parque de grandes espectáculos”. Parado en las ruinas que quedan en el Parque Aguirre, Jorge da testimonio sobre el suicidio de una persona que en las puertas de aquel lugar emblemático decidió quitarse la vida. La trágica situación que el mismo Rosenberg pudo vivenciar allí mismo significo “el fin de la fiesta”.

Así como la “Ciudad inventada” tiene su obra literaria y tiene ahora su  flamante película en cartel, pude advertir a raíz de la película y escuchándolo a Felix Demasi sentado en el café de la “Buri Buri” que también hay una ciudad “enzoquiada” que tiene que ver más con la reinvención del presente de nuestra ciudad santiagueña. Quiero decir, que además una urbe vital con rasgos de ruralidad que vamos construyendo los lectores de zocos que en muchos casos no compartimos ni vivimos la generación del su creador.

Leyendo Zocos edificamos la ciudad enzoquiada, le adivinamos los contornos de la fantasía y los sueños, los claroscuros, los pensares y sentires que acontecen ahora mismo…. andamos titilando entre sonrisa y llanto, la fatalidad y la dicha del terruño, al fin de cuentas: su belleza atardecida.

Andamos enzoquiaos de puro gusto celebrando la tonada santiagueña que fluye en una interjección o en una sonrisa.  Ahora mismo relato a manera de ejemplo un puñado de Zocos para ilustrar lo antedicho:

Finura en la administración publica

Una compañera de trabajo en la administración pública se encontraba dentro de su horario laboral hablando por celular con una amiga -aparentemente de Buenos aires la amiga- la conversación telefónica se producía a viva voz por lo que todos los compañeros presentes en la esplendorosa oficina pública nos íbamos anoticiando de la situación familiar sentimental de ella y podíamos inferir  lo que su amiga iba contestando. En un momento determinado la conversación tuvo un viraje inesperado de temática y la interlocutora santiagueña quiso precisar que su situación laboral presente era un tanto atareada. Con el afán de suavizar la famosa frase que se utiliza habitualmente para ilustrar dichas situaciones, en vez de decir que “andaba con el culo a la bulla” esta trabajadora publica refino con astucia y rapidez  la frase manifestando “que andaba con el traste el ruido”, desconcertando a la porteña incisiva que la interrogaba sin tregua desde la ciudad portuaria.

Individualismo embrutecedor

Paradójicamente en la “ciudad de la amistad” de nuestro interior provincial se encontraban discutiendo dos Frienses, el tema de la acalorada disputa era la situación económica crítica que atraviesa el país, uno de ellos el que se presumía abiertamente neoliberal, en procura de reafirmar violentamente su vocación competitiva e individualista reafirmo a los gritos: “yo solo me lamo un buey”, reconfigurando la conocida e histórica frase que sostiene “el buey solo bien se lame”. Pese a la alteración de los factores de aquella frase, estoy en condiciones de afirmar que no hubo una modificación sensible de la semántica en cuestión.

Es dable reconocer que auto endilgarse la facultad de lamer un buey solitariamente es también un acto de arrojo egoísta y brutal si nos detenemos analizar la tamaña tarea que aquel santiagueño se autoimponía, en post de derribar los argumentos de su oponente.

 

Un último pedacito de zoco al pasar…me comento el amigo Chueco Alvarez que venía paseando por una de las galerías del museo antropológico y escucho la conversación de dos changuitos frente a un mastodonte temerario. La conversación era más o menos así, uno le dice al otro: –eh chango mira si te llega agarrar uno de esos! A lo que el otro respondió: -que me pille primero!

Dice Juan Gelman en una poesía sobre lo Niños “que no hay verdad mas armada que la pura inocencia”.

Así es que bueno, ¿cómo es que les estaba diciendo? en dos patadas sale un racimo de zocos, un puñado de ese “comoes” que invento Jorge Rosenberg, ese “comosellama” que es transparente y nos deslumbra, por eso es que hay que esforzarse en ser todos los días ese como se llama, ese “cómoes” que pasa entre nosotros los magos los que somos “comoes”.[1]

[1] Fragmento de “Comoes” , Zoco Rosenberg.