Arte y Cultura Edición #12 Películas

Un lugar en silencio

29 abril, 2018
nicoadet

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Un lugar en silencio

Por Nicolás Adet Larcher

En un supermercado de algún lugar de Estados Unidos hay una familia buscando provisiones. No sabemos los nombres de los personajes, en realidad no importa. Lo que importa es que hay criaturas enormes que escuchan muy bien, aunque no pueden ver. La familia lo sabe. No emiten ningún sonido. No pueden. Hacer ruido puede costarles la vida. Caminan descalzos y marcan el camino hacia casa con un sendero de arena para evitar pisar hojas secas que pudieran quebrarse. A la salida del supermercado el viento mueve las páginas de un diario y permite ver el título It’s the sound (es el sonido) en su portada. Esa referencia no es casual, ese título tuvo su lugar en varios medios cuando empezaron a aparecer las primeras películas sonoras por el año 1927. Con eso mismo juega la película A Quiet Place del director John Krasinski.

 

Krasinski es conocido por su papel como Jim Halpert en la serie The Office, pero su labor como director no había trascendido masivamente y tampoco había tenido buenas experiencias con sus dos películas anteriores. En este caso – cuenta Krasinski – la inspiración llegó cuando se sentó a ver la película Get Out del director Jordan Peele. Lo curioso del dato es que en apenas un año, aparecieron dos películas de terror dirigidas por actores de comedia que sorprendieron a los amantes del género y hasta atrajeron un tipo de público que no es afín a las películas de terror.

 

Si tenemos que trazar un paralelismo entre Get Out y A Quiet Place, podemos decir que las dos buscan reflejar, a su manera, una sociedad norteamericana convulsionada por la llegada de Donald Trump al poder. Lo señalamientos contra la prensa, los guiños al Ku Klux Klan, la vía libre al gatillo fácil, el desprecio por el otro, el inmigrante, el negro, el homosexual, la mujer. En el caso de Get Out el abordaje iba hacia la comunidad afroamericana, el racismo latente y la esclavitud desde el presente a través de otras formas. Una escena clave muestra al protagonista utilizando algodones en sus oídos para escapar de la sala donde lo tenían secuestrado. Como explicó el director Jordan Peele, en el pasado el algodón era una de las formas de esclavitud para los negros, un trabajo insalubre. En el presente, el quería mostrar que ese mismo algodón podía ser un símbolo de libertad. El pasado reconfigurado.

 

La premisa de A Quiet Place, por otro lado, nos muestra una sociedad silenciada. El ruido es peligro y quién habla puede poner en riesgo su vida. El silencio es salud. La película utiliza mucho sonido ambiente y los diálogos se hacen presentes con lenguaje de señas. Es un largometraje experimental por momentos, ¿Una película de terror sin música tensa que nos prepare para un jump scare que nos haga tirar los pochoclos? Una de las hijas de este matrimonio que intenta sobrevivir es sordomuda. Cuando la cámara se ocupa subjetivamente de ella, el sonido se anula completamente. Y nos desespera. Nos lleva a sentir lo mismo que siente ella, esa incertidumbre de no saber si está haciendo algún ruido que pueda poner en riesgo su vida.

 

Pero dentro de ese mundo silencioso y, pese a que el ruido es interpretado como un peligro, (al punto de que la caída de un vaso puede sonar como una explosión atómica) también hay un detalle muy importante dentro del guión de la película. Ese detalle es que el ruido que asusta también puede ser un grito que libera. Una voz en medio del ruido. En el film, el silencio agobia. Ante el dolor, la risa, el llanto, el sonido es lo que materializa eso mismo que somos. Y lo que somos no siempre se puede silenciar completamente. Por eso el guión de la película es excelente, porque refleja a la perfección esta tensión constante por parte de los personajes.

 

Esta es una película para ir a ver en el cine. Para sentarse en la oscuridad con un balde de pochoclos y para frustrarse por no poder comerlos. El silencio es tan incómodo que no permite ni el más mínimo movimiento en las butacas. La película crea su propio lenguaje entre señas y luces, y nosotros lo creemos, cada cosa que vemos la creemos. Los personajes están bien construidos y eso es tan importante en una película de terror, tanto como el monstruo que nos asusta. De nada sirve si el monstruo mata un personaje que no me importa, que no me genera empatía. Por eso apreciamos el cariño que nos provocan personajes como el de Emily Blunt o el de John Krasinski.

 

Porque nos gusta creer en las buenas historias.