Arte y Cultura Edición #13 Películas

Negros con actitud

31 mayo, 2018
nicoadet

author:

Negros con actitud

Por Nicolás Adet Larcher.

Earn vive en Atlanta, Estados Unidos, trabaja informalmente como manager de su primo rapero llamado “Paper Boi” (que está empezando a ser famoso) y convive con Van, su ex compañera con la que tienen una hija en común.

Estamos hablando de Atlanta, una serie que fue la sorpresa de 2016 y que hace unos días emitió el último capítulo de su segunda temporada. En apenas dos temporadas de unos diez episodios (la primera disponible en Netflix), la propuesta del actor, productor, director y músico, Donald Glover, supo tomar el pulso de una sociedad norteamericana colapsada por el racismo y la violencia en los últimos años para traducirlo en un producto audiovisual aclamado por la crítica.

Es que Atlanta tiene la particularidad de crear un mundo propio donde el humor es excesivamente bizarro y surrealista y donde el drama golpea por un lado oscuro y estremecedor, al punto de provocar disparadores para reflexionar sobre la violencia cotidiana desde un lugar poco visto en la televisión. Glover se da algunos lujos, hay pinceladas de David Lynch y escenarios que pertenecen a películas de terror (el capítulo seis de la segunda temporada es el mejor ejemplo).

A Glover le gusta moverse entre luces y sombras discursivas para confundir al espectador o al oyente, si nos referimos a la música que produce bajo el seudónimo de Childish Gambino. No por nada su última canción “This is America” se volvió viral. En el videoclip de la canción Glover/Gambino pasa del baile entre sonrisas a la masacre de un coro de iglesia sin mediaciones. El arma es recibida entre paños rojos para preservarla y los cuerpos son arrastrados por el piso sin mucho cuidado. Y vuelve a bailar. Y vuelve a disparar.

Desde los guiones de Atlanta podemos reírnos si a Earn no le aceptan 100 dólares en un restaurante y un boliche, al mismo tiempo que podemos preocuparnos por las muestras de racismo que emiten quienes rechazan su dinero por considerar que por ser negro y no comportarse “como blanco” no puede manejar ese monto. Ser negro, pero moverte como blanco, fuera de los parámetros de la marginalidad, parece estar bien si quieres sobrevivir en Estados Unidos. “I’m not black, i’m O.J. (No soy negro, soy O.J.) decía el deportista O.J. Simpson mientras era juzgado por asesinar a su esposa. Un negro con vida de blanco.

Paper Boi advierte este detalle de la apariencia a Earn, pero Earn le dice “Tú me dijiste que lo único que se necesitaba para mandar en esta ciudad era dinero”, Paper Boi lo mira echado desde su sillón y le responde “el dinero es una idea. Hay una razón por la que una persona vestida como si fuera un blanco como tú puede entrar a un banco y pedir un préstamo, y tú ni siquiera puedes gastar 100 dólares. Tienes que empezar a actuar como si fueras mejor que otros negros y entonces empezarán a tratarte mejor que a otros negros. De lo contrario, solo eres otro negro”.

Glover coloca enfoques ácidos sobre varios temas como el uso de armas en Norteamérica, los discursos políticamente correctos del progresismo, la cultura del rap, la marginalidad, las drogas, el bullying en las escuelas de los barrios bajos, la fama construida a través de las redes sociales, los maltratos de los padres hacia estrellas como Michael Jackson, una fiesta en la casa de Drake, los artistas en Spotify, las relaciones de parejas, la informalidad laboral y tantos otros elementos que se adaptan al mundo bizarro construído por la serie.

Atlanta nos propone un mundo confuso que traza paralelismos desgarradores con la realidad social y política actual. La novedad es Trump, pero los problemas son de larga data, desde resabios del Ku Klux Klan hasta la violencia policial en los barrios rapeada en las letras de Niggaz With Attitude (Negros con actitud) desde California. Sin caer en lamentaciones, ni golpes bajos, una nueva generación de referentes negros en Estados Unidos se suma a aquellos que ya tienen trayectoria y logran meterse en temas espinosos con miradas afinadas, humor sin filtro, ironías e innovaciones visuales y sonoras. En este mismo tono podemos colocar a otras producciones en el último año como Get Out de Jordan Peele; DAMN, el último disco de Kendrick Lamar que le valió un premio Pulitzer o la nueva película del director Spike Lee llamada BlacKkKlansman

La serie de Glover no necesita ganchos, ni grandes diálogos, ni intentos de crítica solemne hacia el sistema, ni grandes giros de guión para entretener. El guión se sostiene perfectamente a través de las situaciones que viven los personajes que, incluso, son apenas una excusa para mostrar lo absurdo que puede llegar a ser todo lo que vemos, o creemos que vemos. Podemos tener capítulos y momentos dentro de los capítulos que no tienen conexión, así como podemos tener 30 minutos completos de un personaje secundario inmerso en una narración sin sentido que nos va a arrancar varias sonrisas.