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Por Ignacio Ratier

Sampaoli entregó la lista de los 23 jugadores que viajarán a Rusia. No es la oficial, la nómina que no puede sujetarse a modificaciones recién se presentará el 4 de junio. Se dice que hasta el último día el entrenador evaluará a los que llegan con lo justo.

En su ansiedad incontrolable el periodismo ya había barajado con certezas las posibilidades que luego confirmamos. Las únicas sorpresas fueron la inclusión de Maximliano Meza (Independiente) y Cristian Ansaldi (Torino FC). Elecciones que se ajustan razonablemente a las necesidades del equipo.

La primera decepción fue la lesión de Romero, que abrió un lugar para que el embroncado Guzmán se sume al grupo. El padre poeta del Patón tuvo que hacer un bollo y lanzar al tacho su obra artística. “Yo no puedo escribir cuando estoy enojado”, dijo Borges a Facundo Cabral y un grupo de músicos que le habían dicho al gran escritor que ellos escribían canciones de protesta.

Descargo del padre del Patón Guzmán luego de enterarse que su hijo no estaba en la lista de los 23

Los afectados por las exclusiones no tardaron en manifestarse. Algunos esperaban que se tomase el riesgo de optar por una selección mayoritariamente sub 23, como si jugar un mundial fuese pan comido y con el talento ya alcanzara. Otros, desconsolados, alzaron la voz por considerar una cuestión personal que jugadores de sus clubes queden afuera. Para los admiradores de Caruso sólo reservo silencio.

Pero Sampaoli fue fiel a su idea. Seleccionó pensando en el estilo que defiende. Llevó laterales que se adaptan a la posición de zagueros (el golpeado Mercado y Rojo), útiles también en caso de que deba utilizar línea de tres. Y llevó laterales-volantes (Acuña, Salvio), buenas opciones para cuando sea necesario resguardar la defensa sin perder vocación ofensiva.

Otros recriminaron la ausencia de un cinco tapón (Kranneviter, Marcone, Ascacibar). En la idea de Sampaoli, Mascherano, quien viene rindiendo cada vez un poco menos en los últimos años, puede ocupar ese lugar. Mientras que confía en el buen pie de Biglia, Banega, Lo Celso, Lanzini o el mismo Meza. Para manejar el medio y conectar fluidamente con el indispensable Messi. Puede fallar, sí. Pero es la reafirmación de una identidad que, según el pelado, sólo puede ceder ante las necesidades tácticas que se presentarán en cada partido.

Los más jóvenes son Pavón y Lo Celso, jugadores cantados. Hace más de un mes la prensa ya los daba como fijas. El delantero de Boca puede jugar por las dos bandas y ofrece la garantía de colaborar generosamente en la recuperación de la pelota. Puede acoplarse perfectamente como medio en los esquemas más arriesgados que adopta la idea-madre del técnico y, además de gol, en el último tiempo ha incorporado a su repertorio destrezas para asistir.

Las ausencias que más se lamentaron adelante son las de Lautaro Martínez y Mauro Icardi. El segundo tuvo su oportunidad y no convenció. El primero fue de gira luego de exigir a fuerza de grandes actuaciones una chance. De ese viaje volvió aturdido, acomplejado, con el autoestima baja, lo cual se vio luego en sus desempeños con la camiseta de Racing. En el futuro agradecerá haber sido desligado de semejante responsabilidad a tan temprana edad.

Los nueve serán los requete cuestionados Higuaín y Agüero. Los blancos fáciles del insulto. Indudablemente, después de Messi, los jugadores argentinos que más se destacan en el fútbol de élite. ¿Puede un equipo desprovisto de grandes figuras prescindir de dos de sus mayores exponentes? Suena cuanto menos estúpido dejarse llevar por la fiebre de los climas de opinión.

La inclusión de Paulo Dybala fue oportuna para recordarnos que venimos flojos de memoria. Luego de aquella desafortunada y, sobre todo, malinterpretada declaración en la que quedó expuesto, el nivel del cordobés perdió regularidad. Combinó actuaciones flojas y destacadas. Cuando selló el pase de Juventus a cuartos de final de la Champions, quizás ahí, compró medio boleto a Rusia. Sin embargo viene bien recordar que en tiempos de mezquino bauzismo, cuando el equipo jugaba reventarla y dependíamos de los escasos buenos lanzamientos de Mascherano, Dybala decía presente. Con Lionel afuera, el ex Instituto intentaba, se ponía el equipo al hombro y además jugaba bien. Si anda en buen nivel puede aportar una buena cuota de fútbol.

Si de inamovibles hablamos, de más está nombrar a Messi, jugador del que dependemos para aspirar siquiera a pasar de ronda. A esa lista se le suma Nicolás Otamendi y, tras ese pequeño oasis de certezas, todo es disputa por un lugar. Armani, por su extenso buen presente, que viene de sus años en Atlético Nacional, pelea el puesto con el experimentado Willy Caballero. Y el otro es Lanzini, jugador por el que Sampaoli tiene una incipiente debilidad y al que piensa como una posible rueda de auxilio en caso de no disponer de Messi. El ex River puede oficiar como media punta o volante y se perfila como el jugador número doce (titular o primer cambio). Como el Navas del Boca de Bianchi o el Guti del Real Madrid de Vicente del Bosque.

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Sampaoli fue claro a lo largo de la conferencia de prensa acerca de porqué decidió como decidió. Mostró una buena dosis de seguridad, aun en su relación distante con la gramática, y tal vez llegó a arrastrar hacia la duda a los que se venían sumando diariamente a la ola de subestimaciones armada por los que no soportan su costado cabeza y peroncho. Una alergia social al kirchnerismo que recayó sobre la figura del calvo DT, reconocido como ricotero y K.

No obstante, la claridad se extendió hasta el momento en que se realizó la mejor pregunta de la rueda. Una corresponsal de la agencia AP preguntó si creía que el fútbol iba por detrás de los cambios socioculturales promovidos por el feminismo en Argentina. A eso le agregó ejemplos tales como el caso de denuncia por violencia de género a Centurión (presente en la preselección de los 35), los abusos sexuales en jugadores juveniles o el manual de AFA para “conquistar rusas”.

Sampaoli dijo estar en contra de la violencia machista pero a eso le siguió un “pero”. Arremetió en contra de la supuesta falta de profundidad para discutir el tema y aseguró que una denuncia “es difícil de comprobar”. “Hacen denuncia para satisfacerse personalmente. Hacen la denuncia y quieren lograr un efecto mediático”.

Argentina tiene un proyecto recién nacido y mucho que mejorar. Sampaoli también.

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