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El partido de la historia. La historia del partido.

28 junio, 2018

El partido de la historia. La historia del partido.

Por Araceli Montenegro

Señoras y señores, está por empezar el partido. Ojo, que no es un partido cualquiera, estamos esperando por un superclásico. Hoy, aquí, ahora, nos estamos por jugar la historia. Hoy, aquí, entramos a la historia.

Hace veintitrés minutos que pasamos de las once y aquí aparecen los pañuelos mezclados, rumbo a sus bancas. Aquí aparecen: Lipovetzky, Polledo, Olmedo, Donda, Macha, Contigiani, Gioja, Kirchner. Ya están todxs en cancha ¡Qué partido señoras y señores! Ya no sirve de nada adivinar, hay miles de argentinas en las calles, repletas. Hay miles de argentinas colmando, cada vez más, la teleplatea; en sus casas, sus trabajos, en todos lados. La ciudad se empieza a parar, las rutinas se olvidan, sólo existe esa cancha, ese templo: el Congreso de la Nación, donde se decidirá para siempre el rumbo de la historia.

Suena el himno, la teleplatea asciende a 8.824 espectadoras. Emilio Monzó se posiciona en el centro, y las 11:29 indica el inicio del partido. Orden del día n° 155, tratamiento sobre tablas, ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Arranca Lipovetzky, por derecha, con el dictamen de comisión aprobado por mayoría, toca para Silvia Martínez y la recupera Carmen Polledo para los pañuelos celestes. María Burgos, de pañuelo celeste, termina la jugada con la lectura de dictámenes y son más de 23.300 hinchas los que están del lado de la platea virtual.

Brenda Austin arranca en el fondo, clara, concisa, veloz; presiona Massot y la tira fuerte: “ni en la dictadura se animaron a tanto”.

*Un pequeño escozor se siente en el fondo. Hace más de 40 años que está ahí, todavía un poco vivo*

Aparece Mónica Macha por izquierda, incisiva: “Si se sostiene el aborto clandestino, significaría sostener el negocio de las clínicas que lo realizan”. Pase equivocado para Pitiot, que con su pañuelo celeste atado en la muñeca termina su jugada: “Yo no escuché el clamor de las mujeres pobres (…) ¿saben por qué no están afuera las mujeres pobres? Porque el pobre no descarta nada, porque no le sobra nada”.

*Han pasado casi tres horas. Afuera las hinchas se amontonan, cantan, bailan, festejan. Ese es el día, el que vienen esperando desde que empezó este sueño. Puede ser un día cualquiera, o se puede vencer al destino. Pero ese día hay algo más, se siente, se ve, se toca. Hay dolor, hay cansancio. Se siente, irrefutable, la necesidad de revancha. Esas emociones no nacieron ese día, no empezaron con ese juego. Nacieron en otro tiempo, vienen de otro lugar. Nacieron de momentos más hostiles, de circunstancias más violentas. Pero estamos ahí, tenemos ese día. Y es ahora, es ahí. Nos queda esa cancha*

Se recupera el equipo verde de la mano de Donda: “Si queremos hablar del aborto clandestino, yo les puedo decir lo que es la clandestinidad; la clandestinidad te pasa por el cuerpo, nosotros estamos votando aborto legal o aborto clandestino. La clandestinidad mata y quienes voten *no* están votando por un sistema de clandestinidad”. Se la pasa a Romina del Plá, que la recibe y la acomoda: “Los que votan en contra de ésta ley, votan porque quede en pie el aborto clandestino, la muerte de mujeres, por supuesto, el negocio de las clínicas privadas y toda ésta orientación del tutelaje del Estado”.  Se la quita Luis Contigiani, para los defensores del aborto clandestino, con un juego entusiasta: “Porque por un lado, nos pueden decir a los que defendemos las dos vidas que estamos contribuyendo con nuestra decisión a que una mujer en riesgo que hace aborto pueda terminar en la muerte. Y nosotros les podemos decir a ustedes que también está contribuyendo a que pase por lo largo de la historia la eliminación de una vida por nacer”.

Marca Rodenas y la gana: “La joven muerta se llamaba Julia y tenía 16 años. Sangre, muerte y clandestinidad (…) ¿Quién tiene la culpa de todo esto? La culpa, le digo a la madre de Julia, una adolescente que murió por las consecuencias de un aborto provocado por condiciones de salud deficientes, que pasó los últimos días de su vida entre el miedo y el dolor, la culpa es de un Estado que elige penalizar, cuando podría legalizar”. La hinchada verde grita entre llantos. Julia se siente en la cancha.

Cruza, en una jugada muy polémica, Alfredo Olmedo; “Si sale ésta ley, voy a pedir un cementerio para víctimas de aborto (…) tendrán que cremar a los chicos para que nadie haga negocio” y sus compañeros celestes quedan un poco descolocados, en una posición incómoda, pero, hay que seguir.

*Y afuera de la cancha, el sol empieza a correr, se va. El sol se va, pero las hinchas se quedan. Las que están en la calle y las otras millones que nos queremos teletransportar ahí; a ese templo magnífico donde nadie es ateo y todas cantamos los mismos rezos. Donde juramos que el patriarcado se va caer o lo vamos a tirar, porque ya está, porque estamos cansadas, porque estamos hartas. Porque, en definitiva, estamos juntas. Y somos muchas. Y el miedo ya cambió de bando. Es el patriarcado o nosotras. Y ojalá que seamos nosotras*

Han pasado 7 horas del comienzo del partido, Graciela Navarro hace posesión de la pelota: “¿Saben por qué saludo? Porque la cultura, porque la mentalidad, porque la idiosincrasia de la gente del interior es conservadora, todavía existe el respeto a la familia (…) para los santiagueños es una vergüenza estar hablando de aborto” y termina una jugada predecible a favor del aborto clandestino. El pase le queda muy cómodo a Mariana Morales: “el aborto es una excusa de aquellos que no han trabajado en tiempo y forma para garantizar a las mujeres el acceso a la salud”. Y al final engancha Estela Regidor: “Fíjese cómo son los animales y vamos a hablar de las peores fieras, quieren a sus crías. Ahora qué nos pasa a los seres humanos que tenemos esa maldita razón que nos tapa el corazón. Si fuésemos un poquito más animales…”. Y la terminó pateando muy por encima del travesaño.

(…)

Son las 8:37 del día siguiente. Se está por terminar. Emilio Monzó ocupa su lugar y cada jugador ha vuelto a su posición. Son los 257 y es una sesión. Pero es mucho más que eso. Porque más de 3000 muertes son demasiadas para que desaparezca el dolor. Porque un millón de mujeres en vigilia, es la historia misma escribiéndose, porque estamos ahí por Dora Coledesky, por Martha Rosenberg, por María Campos, por Julia. Estamos ahí y estamos en todos lados. Más de 200.000 telespectadores en todo el país están esperando que se pare el reloj, que Monzó cante el resultado. Porque después de 166 exposiciones ya ha quedado claro; es mucho más que una sesión. 257 tipxs, que pueden cambiar la historia

Y después de tales pretensiones, viene Silvia Lospennato y les roba para siempre el partido. Gritalo, gritalo, gritalo: por el derecho a decidir, por el derecho a la dignidad, por el derecho sobre nuestros cuerpos, por el derecho a vivir, por ser libres. Gritalo hasta que sea ley, porque ya nos colamos de una vez y para siempre en el relato de la historia.

Y son las 9:54 del 14 de Junio. Y el silencio absoluto. Se termina el tiempo, cada jugador ha hecho su elección. En esa mañana fría, sobrevuela la esperanza. Se acabó.

¡129 a favor, 125 en contra! Y Monzó te la canta para que lo grites y no te olvides nunca:

-RESULTA AFIRMATIVO

*Dale, gritalo. Dale, llorá, porque hiciste historia, porque hoy ganamos por las que se fueron y por las que vendrán. Dale, reíte, porque después de esto no sos más la misma, le torciste el brazo al patriarcado. Dale, abrazala a ella, que nunca la viste y capaz no la vuelvas a ver, pero no importa. No importa, porque juntas estuvieron ahí la noche más fría del año, la noche de la victoria, la noche de la conquista ineludible. Dale, báilalo al ritmo de la victoria, seguí desordenando la historia porque ganamos nosotras, las que siempre estuvimos destinadas a perder. Porque perdieron ellos, que creyeron que siempre iban a ganar. Ya no hay caso, ya está. Éste partido se ganó la eternidad. Y nosotras. Nosotras estuvimos ahí, conquistando la libertad de nuestras hijas*  

 

El 8 de Agosto nos volvemos a ver. Y cada vez falta menos.