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El diario no hablaba de Liliana

7 agosto, 2018

El diario no hablaba de Liliana

Por Nicolás Adet Larcher.

Liliana Herrera tenía 22 años y dos hijos. Llegó al Hospital Regional desde el paraje Las Lomitas, un lugar ubicado en Loreto, con calles de tierra y apenas un edificio con luz eléctrica: la escuela del lugar. Ahí los vecinos de la zona se acercan para cargar sus celulares. Ahí, entre los caminos de polvo y el monte flotante, vivía Liliana junto a su familia, en un casa precaria.

El viernes llegó al hospital con una infección y la sometieron a una histerectomía, una operación que consiste en la extracción del útero a través de una incisión en la parte inferior del abdomen. Aunque momentáneamente controlaron la situación, el cuadro se complicó y Liliana tuvo que ser internada en terapia intensiva. Murió el sábado 4 de agosto cerca de las diez de la noche.

Horas después de la muerte de Liliana, la senadora Silvina Larraburu cambiaba su posición respecto a la votación de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y decía “la gente pobre no aborta”. Horas después de la muerte de Liliana, dos diputadas y un diputado del bloque de Cambiemos de Santiago del Estero presentaban un proyecto de declaración para que se declare -claro- a la provincia como “a favor de las dos vidas”, siguiendo el ejemplo de Tucumán. Horas después de la muerte de Liliana, una marcha de pañuelos celestes se convocaba en la Plaza Libertad para pedir por “las dos vidas”. Horas después, Liliana era velada en Lomitas en un cajón donado.

 

Vecinos y vecinas de la comunidad en el velatorio de Liliana. Fotografía: Subida de Línea.

 

Esa tarde de domingo, el diario Página/12 titulaba  “Otra muerte por un aborto clandestino”. El diario La Nación titulaba “La historia de Liliana Herrera, la joven de 22 años y madre de dos hijos que murió tras un aborto clandestino”. Esa tarde, los diarios locales no titulaban nada.

El lunes por la mañana, en sus ediciones impresas, uno de ellos tituló: “Fiscal Nieva investiga la muerte de una joven mujer en el Regional”. Chiquito, en una esquina de la portada, por debajo de la inauguración de una plaza y la victoria de un piloto en una carrera de autos. Para el otro diario cualquier otra noticia -como un puente cortado por refacciones- fue más importante que la muerte de Liliana, que no llegó ni a la portada.

Cerca del mediodía, el Ministerio de Salud de la provincia emitió un comunicado. El caso había tomado relevancia nacional, se había ido de las manos, las fotos y los comentarios se extendían por las redes sociales, otro caso de aborto clandestino, otro más en Santiago. La politóloga Florencia Freijo se acercaba hasta el presidente Mauricio Macri, le entregaba un pañuelo verde y le decía “ayer murió Liliana Herrera, tenía dos hijos y murió por un aborto ilegal en Santiago del Estero”, Macri agarraba el pañuelo y se iba sin hablar. El periodista Diego Batlle, la periodista Mariana Carbajal, la periodista Soledad Vallejos, la diputada Silvia Lospennato (PRO), la diputada Mayra Mendoza (FPV), la diputada Nilda Garré (FPV), el periodista Werner Pertot, la diputada Nathalia González (Frente de Izquierda), la diputada Karina Banfi (UCR- Cambiemos) y medios como Perfil, Futurock, C5N, Tiempo Argentino, TN y Telefé seguían el tema y se hacían eco de la noticia a escala nacional.

Pero llegaba el comunicado del ministerio, decíamos. Seco, frío, metódico y sin nombrar a Liliana, intentaba explicar qué había pasado. Negaba la existencia de “maniobras abortivas” en la historia clínica de Liliana y negaba la expresión de las mismas de boca de la paciente y de familiares. En el mismo párrafo agregaba que, pese a eso, esto era “materia de investigación judicial por la fiscalía de turno”.

 

“La gente del lugar decía que había miedo, que la policía andaba de razzia en algunas localidades, buscando a mujeres, familias o personas que supieran algo sobre algún aborto ilegal. Para el Ministerio de Salud el caso era muy puntual, específico, era Liliana, aunque no fuera el único, aunque el problema no fuera solamente Liliana, sino todas las mujeres que llegan en esas condiciones al centro de salud.”

 

El comunicado no contextualizaba -no tenía porqué hacerlo- pero tampoco permitía profundizar el tema. Liliana se agregaba como la tercera mujer que moría por un aborto clandestino según la primera versión que circuló, que se publicó en los medios y que fue consultada con investigadores y médicos. La gente del lugar decía que había miedo, que la policía andaba de razzia en algunas localidades, buscando a mujeres, familias o personas que supieran algo sobre algún aborto ilegal. Para el Ministerio de Salud el caso era muy puntual, específico, era Liliana, aunque no fuera el único, aunque el problema no fuera solamente Liliana, sino todas las mujeres que llegan en esas condiciones al centro de salud.

“Un aborto por cada nacimiento”, decía el Dr. Miguel Curioni, quién publicó investigaciones sobre el tema en varias oportunidades, con relevamientos estadísticos y entrevistas a mujeres que abortaron, médicos y enfermeras. Para Curioni, en 2015 Santiago contaba con 15 mil abortos por año. ¿Cuántos casos no conocemos? ¿Cuántos no llegan a los medios nacionales? ¿Cuántos no llegan a los medios locales? ¿Cuánto incide la religión y los mandatos familiares?

Basta con retomar archivos, notas perdidas en las páginas de policiales. A veces es difícil, a veces la causa de muerte de la mujer se modifica, si tiene un paro cardiorrespiratorio se dice que murió por eso y no por la derivación de eso que fue un aborto clandestino. A veces las clínicas privadas cierran bien las puertas. A veces las mujeres no llegan. Volver a las noticias publicadas y preguntar: ¿cuántas mujeres mueren y cuántas llegan en condiciones de gravedad? A principios de 2015, una mujer de 26 años murió a causa de un aborto clandestino. En marzo de 2016, una mujer llegó desde Frías en condición de urgencia al Hospital Regional luego de haberse realizado un aborto clandestino. En agosto del 2016 una mujer de 18 años del Departamento Figueroa murió a causa de un shock séptico provocado por un aborto ilegal. En noviembre de ese mismo año, una madre le practicó un aborto clandestino a su hija de 14 años en la Banda.

Santiago puede ser declarada provincia “a favor de las dos vidas”, organizar congresos del amor, marchar con pañuelos celestes en las calles, bailar al ritmo de la canción del niño por nacer, pegar calcomanías en los autos, salir en caravana con globos, invitar a médicos antiprofilácticos, penalizar a mujeres, votar en contra de los proyectos de ley, acudir a misa los domingos, alzar vírgenes sobre bases de madera, cantar a coro y hacer retumbar catedrales, emitir comunicados negando un caso, publicar las noticias al pie de página, cambiar los títulos, esconder los nombres, las historias, las vidas perdidas. Pero si no hay una política de Estado, una ley clara que garantice atención médica profesional para las mujeres que elijan y la contención de las instituciones, los abortos van a seguir existiendo, y las mujeres van a seguir muriendo. Como se siguieron muriendo en estos años. Y como siguen muriendo ahora.

 

“Pero si no hay una política de Estado, una ley clara que garantice atención médica profesional para las mujeres que elijan y la contención de las instituciones, los abortos van a seguir existiendo, y las mujeres van a seguir muriendo. Como se siguieron muriendo en estos años. Y como siguen muriendo ahora.”