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Qué decimos cuando decimos

7 agosto, 2018

Qué decimos cuando decimos

Por Anita Bouzón Vittar.

Las palabras dan sentido a nuestra existencia, hacen posible vivir en sociedad, crean realidades, leyes, ordenan las ideologías, y más. Pero muy pocas veces nos ponemos a pensar en ellas: las palabras, la lengua. Con ellas pensamos la realidad, de otro modo, te propongo pensar sin palabras. Esto se planteó hace ya tiempo y la Teoría Sapir-Whorf así lo sostiene: existe una correlación entre las categorías gramaticales con las que una persona habla y cómo entiende el mundo.

Paradójicamente, es algo sobre lo que no solemos pararnos a re-pensar. No hasta que se extiende el uso del lenguaje inclusivo, claro, las “x”, las @ y aparecen los defensores de la RAE.

Vamos a desburrarnos:  la lengua se moldea con el tiempo, a través del uso que le damos. La Real Academia Española trabaja cuando incorpora estos cambios en nuestro diccionario: la calor o imprimido son algunos de los ejemplos. Su trabajo es meramente descriptivo. No existe tal cosa como atentar contra la lengua haciendo usos “no autorizados” por la RAE. A excepción de ciertas reglas que no se pueden cambiar, la lengua nos sirve y no al revés.

 

“La RAE trabaja cuando incorpora estos cambios en nuestro diccionario: la calor o imprimido son algunos de los ejemplos. Su trabajo es meramente descriptivo. No existe tal cosa como atentar contra la lengua haciendo usos ‘no autorizados’ por la RAE. A excepción de ciertas reglas que no se pueden cambiar, la lengua nos sirve y no al revés.”

 

¿Por qué tanto fervor, entonces? Es que la lengua categoriza y ordena, y quizás por eso los defensores fervientes de la RAE se esfuerzan tanto en refutar los cambios. Hay que mantener el orden. Lo femenino y lo masculino, cada cosa en su lugar, nada de rarezas.

Como la lengua es reflejo de la sociedad, nos encontramos a esta altura del partido con que resulta también ser androcéntrica. La lengua pone nombres y nos encontramos, desde el nacimiento, nombrados en femenino o masculino. Resulta que en plural es masculino y “hombre” denota (o pretende denotar) también mujeres. Y aquí, como la realidad misma, cuando sucede algo que altera el orden establecido, empieza el revuelo. Todes, todxs y tod@s.

¿Esto, además de llevar la bandera del feminismo y la igualdad (muy bonito todo), sirve de algo?

Sabemos que el género en nuestra lengua no sólo se utiliza para remitir al sexo, sino que también tienen género masculino o femenino los objetos, las plantas, las cosas. ¿Pueden estas palabras contener una carga sexuada, aunque remitan a cosas asexuadas?

Claro que sí. No lo digo yo, lo dicen Webb Phillips y Lera Brodosky, en un experimento que hicieron con más de 50 personas que hablaban distintas lenguas (alemán, inglés y español), donde les presentaban imágenes de gente (mujeres y hombres) y de objetos que en una lengua poseían género masculino y en la otra femenino. Las personas asociaron todas las imágenes de mujeres con los objetos que en su lengua poseen género femenino (desde llaves hasta flores) y lo mismo con lo masculino.

En otro de los experimentos hicieron una lista de 24 objetos que eran femeninos en castellano y masculinos en alemán y resultó que, según el género, las personas lo relacionaban con adjetivos “más masculinos” o viceversa. Por ejemplo, en el caso de llave, masculino en alemán, la adjetivaron como “dura”, “metálica”, “resistente”, mientras que en castellano le asignaron “pequeña”, “dorada” y “brillante”. Voilá.

El lenguaje nunca es inocente, y tampoco es inocente lo que genera en cada individuo.

Pero no todo es cuestión de género. En los años 70´s, Pierre Bourdieu introduce un concepto muy interesante: violencia simbólica. ¿Qué es? Es una violencia subyacente e implícita que utiliza el/ los dominador(es) sobre los dominados. Cuesta tanto verla que hasta los mismos dominados la reproducen, contribuyendo así a seguir en su condición. Hay mucha violencia en nuestras palabras, más de la que creemos.

En Argentina, por ejemplo, andar sucio es andar “como un indio”. Y sucio y pequeño es también el lugar que a nuestras comunidades indígenas les damos en esta realidad que construimos dialécticamente. Cuando indios nunca fueron, porque Colón se confundió de destino, y porque además, podemos decir que eran todo menos sucios. De los indígenas, los europeos demonizaron la costumbre de andar limpiándose todo el tiempo, “como si fueran impuros”: de los indígenas de nuestra América aprendió el Viejo Mundo el hábito de bañarse seguido.

Y así, hablando, es como reproducimos modelos que nunca existieron, haciéndolos verdades desde un pensamiento que es ajeno y por liviandad e ignorancia decidimos hacer nuestro.

Ajeno y carente de sentido.

En Santiago del Estero, y despectivamente, se refieren a quienes viven en el ámbito de la ruralidad como indios, salvajes, vagos e ignorantes. A mis comprovincianos voy a sorprenderlos con un dato: esto ya se dijo hace mucho, allá por el siglo XV.

 

Ilustración Juanca Páez Giménez.

 

Buffon, un historiador del “Viejo continente”, del siglo XVIII, escribió en sus crónicas:

“El salvaje es dócil y sus órganos reproductivos son pequeños, no tiene bello ni barba, no tiene deseos por su hembra….es también menos sensible y sin embargo más miedoso y más perezoso. No presenta vivacidad alguna, ninguna actividad del alma; la actividad corporal no es un movimiento voluntario, una mera respuesta a la necesidad; si le quitamos el hambre y la sed, se destruirá el motivo de sus movimientos, y se mantendría en reposo durante días enteros”.

Lo curioso es que en aquellos días ellos eran los “dominadores” y nuestros nativos americanos los dominados. Hoy, nosotros mismos, en nuestras tierras, nos encontramos reproduciendo aquel pensamiento y categorizando de la misma manera, con la vara europea, casi sin saberlo.

En Perú, los incas consideraban el negro como color sagrado. Todas las llamas y animales negros significaban el mayor sacrificio. No cuesta relacionarlo con que todos ellos eran de tez morena. Con la llegada de los españoles (y el catolicismo), se demonizó el color negro y se impuso el color blanco como sagrado. Lo demás ya es conocido, basta con escuchar el tan común “qué negros de mierda”.

Referencias

http://www.banrepcultural.org/historia-natural-politica/hnp-14.html

https://books.google.com.ar/books?id=2n50dYawJEEC&pg=PA27&lpg=PA27&dq=buffon+colonizador&source=bl&ots=Eha9Vov8QY&sig=Pm2yvYLnRwNfDFuNaADJ2HFTx8k&hl=es-419&sa=X&ved=2ahUKEwiClIzx_dHcAhVLOZAKHeplB2gQ6AEwAXoECAkQAQ#v=onepage&q=buffon%20colonizador&f=false

https://www.researchgate.net/profile/Webb_Phillips/publication/228485773_Can_quirks_of_grammar_affect_the_way_you_think_Grammatical_gender_and_object_concepts/links/54c448180cf2911c7a4e8988/Can-quirks-of-grammar-affect-the-way-you-think-Grammatical-gender-and-object-concepts.pdf