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Rompiendo paredes de cristal: entrevista a Ana María Acosta

7 agosto, 2018

Rompiendo paredes de cristal: entrevista a Ana María Acosta

Economía feminista, trabajo domestico y el rol de las mujeres en la academia.

Por Ramiro Llanos Paz.

Entrevista a Ana María acosta. Licenciada en Economía de la Universidad de Buenos Aires. Maestreando en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social-FLACSO. Cuenta con experiencia laboral en el sector privado y público en calidad de analista en temas fiscales, macreoeconómicos y sectoriales. Docente de Microeconomía I en la Facultad de Ciencias Económicas-UBA y de Economía Política en UnPAZ. Miembra del observatorio del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP).

 


La primera pregunta tiene que ver con el título de la mesa panel de la que has participado: “el rol de las mujeres en ciencias económicas” (actividad llevada a cabo en la UNSE, coordinada por la agrupación estudiantil La Mariátegui); entonces ¿cómo es ese rol de las mujeres en las ciencias económicas y en la academia en general? Hemos visto, además, algunas estadísticas acerca de las áreas de conocimiento que ocupan las mujeres – y los varones- y existe cierta restricción hacia algunas más que otras, aunque ha habido enrome mejorías en estos últimos años.

Desde la academia se está estudiando qué pasa con el mercado laboral, sin embargo, también hay que discutir qué pasa en la academia con la economía feminista y, en ese sentido, hay que discutir qué pasa con el rol de la mujer en la participación académica. Porque hay pocas mujeres que acceden a los puestos de mando de las carreras o centros de investigación o publicación de artículos científicos de prestigio. Pasa también que el estudio de la economía feminista viene en un carril paralelo al estudio de “la economía”, lo que significa que no se logró cambiar el paradigma –académico, metodológico-  de cómo se estudia la economía, incorporando la perspectiva de género. Se toma un poco esto de meter mujeres y mezclarLas en el medio (se ríe) pero desconociendo la perspectiva de la que hablamos. Y esta es una crítica que se le hace a todas las corrientes: al marxismo, a los neoclásicos, a los clásicos, de hecho, hay economistas que, incluso, a Smith le criticaban esto de no incorporar el trabajo domestico; que tal vez si se lo analizaba como algo importante que aportaba al capital, para reproducir el capital, pero, no como algo que debía ser remunerado.

Después, con los neoclásicos eso ni siquiera se analizó y si se analiza tiene que entrar en el mismo modelo que estudia el mercado de trabajo o el mercado de bienes o el mercado de capitales en la teoría neoclásica y, que tiene que ver con la utilidad marginal, la maximización del beneficio; conceptos que para estudiar el mercado de trabajo básicamente no sirven. De hecho, pasa que para analizar el PBI no se toma en cuenta el trabajo doméstico, y este es importante para la creación de ingreso en una economía. Entonces hay que cambiar el paradigma, hay que cambiar la forma en la que se calcula el PBI y cómo se calcula el mercado de trabajo. Hace muy poco tiempo que se incorporaron cuentas más satélites de estudio del mercado de trabajo en la economía feminista, pero siempre por carril paralelo, distinto. Esto se traslada a la política pública y cómo se establece el presupuesto, los ingresos, los gastos y cómo eso va a impactar en el mundo femenino, eso no se analiza, no está incorporada, entonces, cualquier política pública específica “para las mujeres” o, directamente, no se analiza cuál es el impacto diferenciado que tiene en el mundo de la mujer. De esta manera, las mujeres estamos más desocupadas, más precarizadas y mal pagadas.

Y en la academia pasa mucho esto, que nuestra opinión es irrelevante. La mujer es “ninguneada”, muchas veces considerada como un ser que no entiende, de hecho, para los neoclásicos es un ser más “irracional”, en cambio, el hombre sí razona (se ríe).  Entonces nunca se tomó en cuenta este tema y recién ahora se empezó a transformar un poco. En la UBA, por ejemplo, ahora hay una materia optativa que se llama economía feminista, en la carrera de economía. ¡Una! que es todo un logro; pero volvemos a lo mismo, hay una carrera de economía y, paralelamente, se dicta un curso de este tipo.

Sin embargo, a partir de esa cátedra está surgiendo, por parte de los chicos, la necesidad de extrapolar la perspectiva de género a otras materias, y eso es muy difícil de hacer, incluso con compañeros que son más abiertos y permeables. Nuestras universidades están dirigidas por hombres, en su mayoría.

Los medios de comunicación son otro ámbito que, de a poquito, empiezan a darle valor a la opinión de las mujeres economistas, pero es un caminito que recién se está empezando a dar. Falta un montón.

 

Ilustración por Junco Gómez.

 

Escuchamos durante muchos años que existen áreas de conocimiento que son más para varones y otras más para mujeres, con el tiempo eso se ha ido modificando, pero ¿cómo es la situación actual, y en la academia particularmente?

Hay diferencias, claro, en lo que respecta a la economía, cuando yo estudiaba la gran mayoría de estudiantes de economía eran varones. La matrícula de mujeres creció muchísimo, sin embargo, sigue costando un montón hacia dentro de este ámbito. Por ejemplo, armar un panel para una actividad o una charla en la facultad de ciencias económicas, casi nunca hay mujeres, o la mujer modera. No es un actor principal o una fuente de información u opinión “confiable” para la academia. A pesar que la matricula creció, estos problemas perduran.

¿Y ese crecimiento a qué crees que se debe?

Tiene que ver con que la mujer se fue enfrentando a esos desafíos, a ciertos círculos que antes también eran mucho más hostiles, porque si vos hablas o emites tu opinión, muchas veces corres con el riesgo de que ninguneen y tal vez hay mujeres que no se animaban. Creo que eso se fue transformando, ya no es tan hostil, y aunque hay resabios de eso, los caminos se van abriendo. También las movilizaciones de esta cuarta ola feminista que estamos viviendo hacen que se vaya transformando. Ahora se arma alguna actividad y dicen: che, por lo menos una mujer deberíamos poner (se ríe). Y, por lo otro lado, cuesta también que las mismas mujeres se animen, porque hay cierto temor a visibilizarse y ser juzgada. Entonces hay dos focos que hay que ir y romper: las mujeres deben ir y reclamar los espacios y los varones deben abrirlos.

 

“las movilizaciones de esta cuarta ola feminista que estamos viviendo hacen que se vaya transformando. Ahora se arma alguna actividad y dicen: che, por lo menos una mujer deberíamos poner. Y, por lo otro lado, cuesta también que las mismas mujeres se animen, porque hay cierto temor a visibilizarse y ser juzgada. Entonces hay dos focos que hay que ir y romper: las mujeres deben ir y reclamar los espacios y los varones deben abrirlos”

 

En relación con la economía feminista de la que hablas, ¿cuál es la proyección que vos haces, de su instalación y propagación como área de conocimiento?

Ha ido creciendo mucho y se está haciendo mucho trabajo teórico, se viene haciendo un montón y ahora se está visibilizando más, casi siempre orientado al mercado de trabajo, a las desigualdades en el mercado, sobre todo. Lo que buscamos no sé si es suplantar el paradigma hegemónico pero sí que se incorpore.  Y que añada esta temática y este enfoque.

Yo doy clases de microeconomía y de economía política, y cuando doy indicadores de trabajo llevo indicadores de desigualdad de género y siempre pasa que lxs alumnxs quedan un poco descolocadxs. Como que de repente hablamos de cosas que son completamente distintas y que no entran en el modelo de análisis clásico. Y es muy importante porque el trabajo doméstico, el trabajo precario que hacemos las mujeres, mayoritariamente, aporta mucho al PBI, porque eso reproduce el capital, gracias a ese trabajo, por eso es que sí tiene un precio.

Como santiagueño y, en relación con este tema, tengo una pregunta casi obligada, ¿vos crees que estas cuestiones se intensifican en determinadas zonas o provincias? Por ejemplo, en lo que respecta a ciertos debates que son nacionales pero también mundiales, en relación con el papel de la mujer en diferentes ámbitos y discusiones, vemos que hay como cierto matiz en las poblaciones que tienden a una permanencia religiosa, por ello conservadora, y, citando un caso, lo vemos en el debate sobre la legalización del aborto.

Hay muchos sesgos culturales y religiosos, diría yo. El norte del país tiene una pata religiosa muy, muy fuerte y son regiones donde tal vez hay más pobreza y los abortos clandestinos se practican en condiciones mucho más precarias que en zonas más ricas del país, donde tal vez hay más gente que se lo puede pagar, eso es lo paradójico.

El tema del aborto es una cuestión económica, también, y se lo debe analizar como tal porque el aborto clandestino mueve mucha plata. Unas compañeras de la Sociedad de Economía Critica calcularon que mueve alrededor de mil millones de pesos al año. Así como también el monopolio de la venta del misoprostol, que lo vende un solo laboratorio. Y en lo cultural y social, al parecer, es mas difícil verlo y que no es solo un problema económico sino de salud publica.

 

“El tema del aborto es una cuestión económica, también, y se lo debe analizar como tal porque el aborto clandestino mueve mucha plata. Unas compañeras de la Sociedad de Economía Critica calcularon que mueve alrededor de mil millones de pesos al año.”

 

Es decir, que a un sistema legal se le suman las cuestiones culturales de la vida diaria, y así se complejiza…

Sí. Sin embargo, es mucho mas fácil hablarlo, aunque va a depender de cómo se vea al trabajo doméstico. Si se hace por amor o debería de tener algún valor, por ese lado es más difícil de entenderlo.

Respecto a las mujeres que se insertan en el mercado de trabajo es mas fácil decir: “che, vos estás haciendo la misma tarea que tu compañero varón y a él le pagan más que a vos”, ese tipo de cosas sí son más fáciles de ver, me parece que es importante dar la discusión desde ese lado y no desde otro que es mucho mas difícil, que es romper patrones culturales y religiosos. Además, la mujer se está cansando de llevar el delantal.

Aparte escucho relatos que son disidentes con esa estructura dada y que tienen que ver con la experiencia personal, muchas mujeres encuentran en ese relato un reflejo de sus propias vivencias, lo que las anima para iniciar un reclamo, ahora, más acompañadas ¿o no?

Eso, el levantar la voz tiene que ver con la identificación y decir a mi también me molesta lo mismo y animarse a romper mandatos muy fuertes y también a confrontar esos malestares.

Sobre el rol de la mujer dentro de la economía popular: los que estamos más cerca de los barrios o trabajamos en el territorio vemos diariamente una enorme participación de la mujer, ¿no es como una gran experiencia a tomar en cuenta o como un ejemplo a seguir?

La economía popular tiene un arraigo en tipos de trabajo donde hay muchas mujeres, como el textil. Las experiencias de las economías populares están buenas. De hecho, nosotros desde el observatorio estamos haciendo estudios sobre la economía popular, interactuando mucho con el MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos), la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), en los polos textiles, con cartoneros, y la idea es poder ayudarlos a armar indicadores que incorporen también la cuestión de género, porque además son sectores donde el trabajo de la mujer es muy fuerte y está bueno laburarlo, y sería una gran experiencia de ejemplo para otros sectores.

 

“Hay muchas mujeres de bajos recursos, de clases muy bajas, que, además, fueron criadas en familias muy, muy patriarcales, de mucha sumisión, y les cuesta salir de ahí. Entonces, la economía popular es más cercana, que eso se milite puede empezar a transformar las bases de las mayorías y evitar que quede en la burbuja de la academia, en discusiones muy teóricas.”

 

En general, también pasa que el feminismo nació un poco de las mujeres que pudieron acceder a la academia, de un sector mas intelectual, entonces que nazca desde la economía popular una visión de género, además, desde el trabajo que hacen, que es muy concreto, está buenísimo. Pueden acercar.

Hay muchas mujeres de bajos recursos, de clases muy bajas, que, además, fueron criadas en familias muy, muy patriarcales, de mucha sumisión, y les cuesta salir de ahí. Entonces, la economía popular es más cercana, que eso se milite puede empezar a transformar las bases de las mayorías y evitar que quede en la burbuja de la academia, en discusiones muy teóricas.

Son las mujeres, en esas instancias, las que más demandan, comandan y coordinan el laburo. Que tiene mucho que ver también con el tipo de trabajo que hacen. Porque también pasa que se encasilla a las mujeres en ciertos tipos de trabajo: salud, educación, desarrollo y trabajo social. En este caso, el de la economía popular, pasa mucho con el trabajo textil, la mujer siempre asociada a los trabajos con los que tiene “empatía” por su “sensibilidad” en la economía del cuidado y por ahí eso dificulta poder moverse a otros tipo de trabajos, como la construcción, la ingeniería, la ciencia, los negocios.

Hace poco leía en un libro que citaba a Lagarde, que comanda hoy el FMI, y decía que en la crisis de 2008, cuando colapsaron todos los bancos el único fondo de inversión que no había caído es el comandando por mujeres, todas mujeres, entonces Lagarde dice como que el mundo de la economía tendría que estar manejado por más mujeres… igual ella, viste (se ríe), tampoco es que la queremos demasiado.

Admitir en algún punto que las mujeres pueden ser igual de fuertes y de “rudas” que los hombres en los negocios y en diferentes ramas. Y no ser encasilladas en determinados trabajos o sectores donde se supone que la mujer tiene más sensibilidad, más “expertise  natural” para hacer eso, que son las famosas paredes de cristal, después están los techos y los pisos de cristal para acceder a los puestos directivos o de mando, porque las mujeres tenemos que dedicarnos a ser madres no podés compatibilizar tu tarea de madre con la responsabilidad de ser una directora de una empresa o secretaria o ministra, de hecho la participación de mujeres en cargos de mando en el sector público nacional nunca superó el tercio pero, además, cada vez es peor, incluso teniendo a Cristina como presidenta, que fueron decayendo la participación en puestos de mando y hoy con el macrismo no sé si llega al diez por ciento.

Incluso teniendo mas ministerios para repartir hoy -porque se produjeron subdivisiones- no se repartieron entre mujeres, y en el área de economía no hay una sola ministra mujer, son todos varones.

¿Esta estructura hegemónica, machista y patriarcal que, claramente, tiene una dimensión económica es permeable? ¿Desde el Estado existe iniciativa de cambio? ¿Las políticas públicas van abriendo paso? ¿O la lucha siempre es de abajo buscando irrumpir en ese sistema?

En general, los cambios se producen desde abajo, de hecho, el debate para el aborto se viene militando desde abajo; después, casualmente, que haya un asesor como Duran Barba, que es un tipo que milita por las libertades individuales desde el liberalismo, fue en este caso un aliado (se ríe); lo impulsen porque en el momento político le convenía, o por lo que sea, pasó porque se militó en la calle, porque nos hicimos escuchar, porque en las marchas de ni una menos y el 8M cada vez hay mas gente con el pañuelo verde, ya no se puede seguir obviando el tema, pero, creo que siempre fue lucharla desde abajo para insertarse.

 

“desde el Estado quedan infinitas cosas por hacer. El presupuesto, por ejemplo, no está pensado con ninguna perspectiva de genero, las leyes, en general, tampoco sino que se hacen leyes o políticas publicas que son especificas para las mujeres o para generar igualdad de género, pero no de impacto general.”

 

Sin embargo, así cuesta un montón. Hoy, por ejemplo, en las organizaciones sindicales, nada, ni una mujer, desde el Estado quedan infinitas cosas por hacer. El presupuesto, por ejemplo, no está pensado con ninguna perspectiva de genero, las leyes, en general, tampoco sino que se hacen leyes o políticas publicas que son especificas para las mujeres, o para generar igualdad de géneros, pero no de impacto general. Por ejemplo, la reforma previsional, además de perjudicar a todos, porque bajó las jubilaciones, porque se desfinancia el ANSES, etc. no tiene incorporado que a las mujeres las afecta más que a los varones. Porque las mujeres tienen muchos menos aportes, porque trabajamos mucho más en negro, porque tenemos menos ingresos, porque tenemos hijos, y por cada hijo que tenemos no se realizan aportes ni al sistema de salud ni jubilatorio y es un año perdido de aportes, entonces si vos tenés cuatro hijos, tenés que trabajar un año más para poder conseguir los 30 años de aportes. La reforma laboral sobre tema de género, claramente, no dice nada. Lo único que dice explícitamente tiene que ver con las licencias de maternidad y paternidad (que es algo bueno), pero la flexibilización laboral nos afecta mucho más a las mujeres, entonces cualquier política pública, para bien o para mal, no tiene incorporada la visión de genero, para eso todavía falta un montón de trabajo.

Recién ahora el Congreso va a poder ser conformado por mitad hombres, mitad mujeres, pero también fue una lucha, porque estaba la discusión: “bueno pero tiene que ser idóneo, tiene que ser elegido por idoneidad”, como si los varones que hoy están sentados en algunas bancas del congreso fuesen idóneos. Y lo que está pasando es que las mujeres ni siquiera pueden llegar a los debates, entonces cómo se puede saber si son idóneas o no, si son invisibilizadas, porque las callan, no toman en cuenta la opinión de una mujer, básicamente. Después tenemos un tipo como Olmedo, ahí sentado.

En la coyuntura política actual, ¿cómo crees que la injerencia del FMI va a impactar en las mujeres?

Por un lado, hay una lavada de cara de los organismos internacionales, entre ellos el FMI, como que ahora tienen un área de género, de mercado laboral de género, sin embargo, ellos son militantes de políticas de ajuste que siempre a las mujeres les afecta más porque ya estamos en desventaja, entonces para las mujeres todo va a ser más perjudicial. Desde la liberalización del tipo de cambio que genera inflación, y lo que al bolsillo de los trabajadores les hace mal, a las mujeres les hace peor. La reforma laboral y la previsional son pedidos del FMI. O sea que ya venimos de un camino. En el enfoque liberal, en general, no se distingue la problemática de las mujeres. Entonces son todos agentes iguales (mujeres, varones) y van a actuar en el mercado en paridad de condiciones, y no es así.

Es más, los neoclásicos separaron lo que es lo público de lo privado, y lo público significa poder ingresar al mercado de trabajo, y lo privado es la familia. Entonces no está incorporado.

¿Y dónde está la luz?

Yo creo que vamos a un paso bastante acelerado. Creo que la respuesta está en la lucha feminista, el movimiento de mujeres. En ocupar los espacios, y militar para que ese movimiento siga creciendo, seguir gritando hasta que el estado tenga una perspectiva de género, hasta que el presupuesto y las políticas públicas tengan esta perspectiva. Que en la academia tengamos el espacio donde podamos discutir idoneidad y no que una persona esté invisibilizada por una cuestión de género, y los ámbitos son infinitos: en la casa, con los micromachismos, el lenguaje también es una forma de militar la cuestión de género, y de poder instalar una nueva herramienta. Las generaciones que vienen, los chicos de ahora, tienen otra cabeza, estructurada de otra manera, y para mí la posta está ahí. Si nosotros pudimos transformar todo esto, ellos la van a romper.

 

“Las generaciones que vienen, los chicos de ahora, tienen otra cabeza, estructurada de otra manera, y para mí la posta está ahí. Si nosotros pudimos transformar todo esto, ellos la van a romper.”