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Karime Nassif: “El teatro que me gusta busca quitar las máscaras, no ponerlas”

23 septiembre, 2018
Imanol Ortega

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Karime Nassif: “El teatro que me gusta busca quitar las máscaras, no ponerlas”

Por Nicolás Adet Larcher.

Karime Nassif prefiere definirse como arquitecta antes que como directora. A horas del estreno de su última obra “No Vale Enamorarse”, conversó con Subida de Línea.

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Contame un poco de “No Vale Enamorarse”, ¿De qué se trata?.

Tiene que ver con mis marcas. Es acerca del amor y los tiempos modernos que uno los atraviesa y no los comprende. Vengo de una pareja de hace muchos años y, hay un poco de esto de redescubrirme como mujer, de pensar “Qué pasa ahora que no tengo pareja” y descubrir por ahí otras historias.  Y en esto de mensajearme con otra persona, me dice “Che, pero no vale enamorarse” y ahí le digo “gracias, le has puesto nombre a mi obra de teatro”.

No Vale Enamorarse tiene que ver con pequeñas secuencias de situaciones en las que nos vemos reflejados como humanos en algún momento de nuestras vidas. No es una obra que tiene un principio, un nudo y un desenlace. Es una experiencia teatral más que una obra de teatro.

¿Teatro Reality?

Es teatro reality porque maneja lo teatral en el tiempo real de las personas, maneja la paciencia del público. Es un tiempo muy orgánico. Tiene que ver con un registro actoral y tiene que ver con un registro discursivo también. Tiene que ver con lo coloquial, como te estoy hablando ahora.

Tiene que ver con escuelas de teatro. El hiperrealismo que me gusta trabajar a mi busca quitar las máscaras, no ponerlas. Poner las máscaras en el teatro para mí sería lo opuesto a tratar de mostrar un teatro vivo. Entonces, desde hace tres obras atrás intento sacarle las máscaras a mis actores y poner el cuerpo, la voz y todo lo que sucede en ellos. Si, crear personajes, pero desde lo que les pasa a ellos. Me gusta que todo pase desde ahí. Obviamente, hay una serie de secuencias organizadas, eso existe, pero es una experiencia teatral.

Me gusta pensarlo desde el lugar de espectadora. De ver a dos personas charlando en un bar y pensar que quiero ver algo así en una obra de teatro, a dos personas hablando, no ver una obra de teatro donde estén con “oooh amor”, no me atraviesa mi vida por ahí en este momento.

Cuando piensas las obras, ¿Cuáles son los lugares o los referentes que exploras?

Estudié en el Luna de Buenos Aires y he podido estudiar con un gran maestro – que falleció hace poco – llamado Victor Bruno. El llevaba el naturalismo a cabo, que es el padre de toda la metodología teatral. Eso tiene que ver un poco con lo que te decía de los “oooh” teatrales, pero como él dirigía actores para cine, tenía la organicidad impuesta. Entonces, aprendíamos desde ahí. No es lo mismo dirigir para televisión que para teatro, siempre decíamos que si poniamos una cámara dentro de nuestras escenas podíamos manejar el volumen, manejar las voces en registros más sinceros.

Otro referente que me ha llegado un montón, desde la experimentación como laboratorio o como punto de partida desde la dirección fue César Romero de Túcuman. El fue un gran arquitecto de las formas teatrales. Porque si bien, no he tenido mucha experiencia trabajando con él, si lo he visto trabajar y para mi es maravilloso lo que hace, cómo arma y desarma las cosas, nunca me pierdo ninguna de las obras que hace.

 

Fotografía: Subida de Línea.

 

También siento que otra referente es mi madre, Sandra López, porque a pesar de que ella no tenga que ver en sí con el teatro, mi cabeza está llena de signos. Entonces, yo encuentro líneas narrativas, discursivas, signos por todos lados. Mi cabeza no para nunca y pienso “Y si pongo esto y si hago esto”, el sí mágico del que habla Stanislavski. Soy muy meticulosa con lo que hago, cualquier cosa que se vea en mi obra de teatro está porque tiene que estar, si me preguntan ¿Esto lo has hecho sin querer? y si, ponele que lo he hecho sin querer, pero yo sé que no lo he hecho sin querer. Sé que tiene que existir eso ahí.

A esta obra si bien la venía gestando hace un año y tenía otros actores, ha ido mutando hasta que ha existido esto. Me lleno de inspiración y me salen las ideas. Las líneas discursivas son mi fuente de inspiración, todo lo que tenga que ver con los signos, soy fanática de los signos teatrales, la semiótica es un mundo donde no puedo parar. Y, por sobre todas las cosas, siento que es lo discursivo porque cada persona que va a ver el teatro no lo ve con los mismos ojos.

Me ha pasado con Fecha de Vencimiento, mi última obra. Me ha pasado de ir a Tucumán y ahí no aplaudían. Está todo bien que no aplaudan, uno no siempre recibe lo que espera. Pero cuando prendieron las luces, todos estaban llorando. No podían moverse. “No puedo creer lo que acaba de suceder” me decía una mujer y mucha gente subió para abrazarnos a todo el elenco. En Jujuy, por ejemplo, la gente no paraba de reírse. Por eso el discurso es muy importante, de acuerdo a cómo uno lo va llevando.

¿Y qué esperas de esta obra?

Yo no sé qué esperar de esta obra. No es una obra completamente femenina, no es una obra completamente fálica. La banana es un signo de hambre, no es un signo de otra cosa. Eso hablaba el otro día con mi mamá y me decía que estaba cayendo en un lugar común y le digo que no tenía que ver con lo que ella pensaba, que tiene que ver con el hambre. Si bien caigo en un lugar común porque eso atrae, porque es un mercado, esto tiene que ver con el hambre. Uno juega con todo esto. Cuando vos vas viendo la obra, te pones a pensar y te das cuenta por donde va lo que uno quiere decir. Te ríes, te quedas mal, bien, porque esa es la sensación que se tiene que generar, porque la vida es así. Si yo no plasmo la vida y las huellas que tengo en mi cuerpo en el teatro en una hora, hora y cuarto que tengo para demostrarlo, no tengo porque hacer teatro.

 

“Si yo no plasmo la vida y las huellas que tengo en mi cuerpo en el teatro en una hora, hora y cuarto que tengo para demostrarlo, no tengo porque hacer teatro.”