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La peor de nuestras crisis

9 octubre, 2018

La peor de nuestras crisis

Por Fernando Nahuel Gómez.

La peor de nuestras crisis, la de no saber hacia dónde nos obligan a cambiar. Cuando hablamos de Tierra del Fuego nos referimos a un territorio autogobernado, de características insulares, marítimas y antárticas. Bien al sur de nuestro país. Por su condición soberana sobre las Islas y el territorio antártico, además de su convivencia binacional con la hermana República de Chile hacia el Oeste y, sumado esto, la especial situación de usurpación ilegítima del territorio argentino por parte del Reino Unido de Gran Bretaña sobre las Islas Malvinas (entre otras), al este, en el Atlántico Sur, TDF ha sido siempre un terreno político de conflicto.

Su ubicación geoestratégica ha demandado a lo largo de la historia un alto número de discusiones territoriales, las cuales, desde su provincialización en 1990, han dejado de ser una cuestión en debate, al menos por ahora.

Con la intención de generar territorio (de asentar poblaciones efectivas sobre el terreno físico en el cual se ejerce la soberanía nacional) y, teniendo en cuenta disposiciones que la situación impositiva previa también observaba, que se referían a la peculiar situación geográfica extremadamente austral de los territorios involucrados y sus consecuencias directas en lo relativo al aislamiento, las condiciones de vida y el grado de actividad económica, es que en 1972 el presidente Alejandro Lanusse estableció la ley 19. 640 de exención impositiva, que nos exime a los fueguinos del pago de todo impuesto nacional que pudiere corresponder por hechos, actividades u operaciones que se realizaran en el entonces territorio nacional, hoy provincia de TDF.

Esta Constitución en una zona franca ha llevado a que, desde aquel entonces a la actualidad, TDF se consolide como una provincia pujante, fruto en parte de su participación como bastión argentino en la Guerra de Malvinas, así como también por la llegada de empresas eléctricas, electrónicas, textiles y de servicios, entre otras ramas productivas.

La nueva configuración de polo industrial que se profundizó más tarde con los gobiernos kirchneristas, donde se establecieron las condiciones para un predominio del empleo público y fabril en la ciudad más poblada (Río Grande), una economía con base en la explotación forestal por la ciudad centro (Tolhuin) y un mix entre las ofertas dadas por la industria y el turismo para Ushuaia, generó que la población activa durante las dos décadas siguientes mantuvieran un estilo de vida que no se comparaba con el resto del continente, lo que despertó también el interés de TDF, como destino laboral para migrantes nacionales e internacionales sin familia en la isla, elemento clave para comprender el fenómeno del desarraigo en las poblaciones de la provincia.

La llegada al poder de la gobernadora Rosana Bertone (expresamente alineada, en un principio, con la propuesta electoral del Frente para la Victoria con Daniel Scioli como competidor), dejaron en evidencia durante los primeros dos años de su mandato,  la incompatibilidad de un modelo provincial sustentado en la promoción industrial, frente a las líneas de trabajo de tinte liberal que la gestión de Mauricio Macri imprimió a su gestión, la cual dio un viraje violento respecto a las formas de comprender a TDF, desde al menos dos miradas.

La primera, la perspectiva política más relacionada al abandono de la mirada geoestratégica de TDF, con el canal de Beagle como único paso bioceánico natural, y la poca consideración que se tuvo con la causa Malvinas (con la desaparición de la secretaría de asuntos relativos a Malvinas), y lo respectivo a la Antártida, mientras tanto de manera laxa y con perspectiva meramente economicista desde Buenos Aires llegaban declaraciones poco felices acerca del costo que le significaba mantener el estilo de vida fueguino, desprestigiando la industria radicada acá, desconociendo las condiciones de vida relacionadas al aislamiento y con provocaciones desde el arco político de Cambiemos respecto a la forma de vivir en estas latitudes.

 

El faro Les Esclaireus en el Canal de Beagle, al sur de Tierra del Fuego. Fotografía: Ricardo Martins.

 

La segunda de las miradas de Nación hacia TDF  -quizás la más grave- es la más consecuente con las políticas de Cambiemos, la del modelo acabado, porque no es la primera vez que en Argentina un gobierno lleva adelante políticas económicas que no coinciden con el modelo productivo de TDF, pero, sí es una novedad para nosotros y nuestra forma de vivir, la certeza de que la ley 19.640 -y con ella nuestra configuración económica- tienen fecha de caducidad para el año 2023.

Con una actualidad en desmedro del empleo público, a la vez que una coyuntura plagada de desempleo, desarraigo y desesperación, no exageramos cuando decimos que estamos presenciando la peor de la crisis que nos ha tocado vivir.

Porque el cambio tan pregonado, llega desde la desesperanza, como un reloj que descuenta minuto a minuto lo que falta para que se termine de matar a la industria fabril fueguina.

El achicamiento del Estado, la apertura de importaciones y el pragmatismo del gobierno provincial del todo alineado y subordinado a las políticas de Nación, son el combo de una morbosa expectativa para empezar a entender qué es lo próximo que nos espera como pueblo, porque desde Ushuaia y desde Buenos Aires se pregona un cambio, una reconversión de la matriz económica, de la cual solo conocemos el modelo que se está abandonando (que es, paradójicamente, el que siempre nos dio resultado), sin embargo, no tenemos idea ni parecen haber planes o proyectos para su sustitución.

El 2023 se lleva el modelo industrial de TDF, pero no hay un plan comunicado de hacia dónde nos obligan a cambiar.