#Notas

La poesía de Sabrina Romera

1 Minutos de lectura

Sabrina Romera nació en julio de 1987 en Ituzaingó (Corrientes), vivió su infancia y adolescencia en Resistencia y Charata (Chaco), respectivamente. Actualmente reside en Santiago del Estero. Es practicante de psicoanálisis y publicó en Estación Samurai n° 2, Ed. Larvas marcianas (2017). Recientemente, participó de “El amor vence al odio”, el segundo encuentro del ciclo de poesía A los ponchazos, organizado por Subida de Línea. A continuación presentamos una selección de sus textos.

 

I

Antes, íbamos al cementerio los domingos por la siesta

en una excursión organizada con mis amigos del barrio

y cuando volvíamos nos encerrábamos

en la piecita del fondo de casa

a jugar al juego de la copa

con la confusión que guarda

el momento último de la niñez.

 

La torpeza de mis pasos

junto con la ley de gravedad

hicieron lo suyo

estrallándome contra el piso

cuatro horas

y un paseo en silla de ruedas después

la radiografía de mi pie llegó

esguince de tobillo dijo el médico

y entonces vinieron

la cancelación de viajes

el reposo

el hielo

la banda elástica

la renguera

la rehabilitación

y un pedido de tiempo

que terminó en separación

pero entonces nada pude decir

y meses después tuve que aprender

de nuevo a caminar.

 

No puedo dormir

Voy por mis cigarrillos

en la frágil mesa del balcón

una mancha alada irrumpe en la escena

ella revolotea y yo salto y grito

permanezco inmóvil

ella no se va sino que

vuelve a posarse en su lugar

ahora nos miramos fijamente

ella en la silla donde no me sentaré

yo desde la puerta que no pasará

me muevo lentamente para tomar el encendedor

su ojo no deja de posarse sobre mí

vuelvo al mismo lugar

hasta la última seca.

 

Léeme otro poema

le pedía

con la servilleta al cuello

con el cuchillo y el tenedor en la mano

él

pegaba un golpe a la mesa

y del plato salpicaban

las palabras

los versos las oraciones

que yo devoraba

bestialmente.

 

Otro día buscando trabajo

Me dije al llegar a casa

con el sol radiante

con el celeste extremo

hoy sí que podría apagarme.

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