Crónicas Edición 18

Recuerdos de una entrevista a un filósofo tucumano

15 noviembre, 2018

Recuerdos de una entrevista a un filósofo tucumano

Por Esteban Brizuela.

Hace unas semanas, por una publicación en redes sociales de Gustavo Carreras, me enteré de que Jorge Estrella había muerto. Inmediatamente me acordé de un reportaje que le hice allá por el año 2011 o 2012. Son esas cosas lindas que me dejó el periodismo.

En ese entonces la propuesta al director de la revista (La Columna) donde trabajaba consistió en hacer entrevistas a intelectuales de provincias vecinas. Ya casi había agotado las conversaciones con escritores, historiadores y filósofos locales.

¿Quién era Estrella, a quien tenía ganas de entrevistar? Un filósofo tucumano y una persona muy vinculada a Santiago del Estero, tanto que sus restos fueron llevados a Vinará, en donde pasó parte de su infancia. Allí, en el lugar del pacto de 1822 entre tucumanos y santiagueños, pidió que lo enterraran.

Su currículum vitae dice que obtuvo el profesorado en filosofía en 1962, en la UNT. Que solo tres años después ya tuvo a su cargo el dictado de “Teoría e Historia de la Ciencia” en la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la misma universidad. Que hizo estudios de posgrado en la Universidad de París. Que se radicó en Chile desde 1975 en donde ejerció la docencia universitaria. Y que escribió muchos libros y ensayos sobre filosofía, divulgación científica y cuentos.   

Entonces, con muchas expectativas por el encuentro con el entrevistado, un día fuimos a Tucumán. Le pedí a un amigo que me acompañara para sacar las fotos. La casa de Jorge Estrella era al pie del cerro. Una linda casa, con espacios amplios y un silencio de esos que solo se escuchan cuando la naturaleza rodea a un lugar. Lloviznaba. Por lo tanto, era un marco ideal para la charla.   

 

 

Unas semanas antes, le había realizado una entrevista a un amigo suyo, Samuel Schkolnik, otro filósofo tucumano que era una leyenda en los pasillos de Filosofía y Letras de la UNT. Los unían varias cosas, especialmente, el disgusto por el modo de entender la filosofía en la academia y el rechazo visceral al “citadismo” (la manía de citar y citar a otros filósofos).

A modo de recuerdo de aquella conversación sobre temas diversos como las “formas anómalas” de la filosofía, la literatura, el avance de la ciencia, el amor y el exilio quería rescatar algunos fragmentos. Al fin y al cabo, sabemos que la vigencia y el pensamiento de un autor se mantienen en sus obras, pero también en las ideas formuladas al calor de preguntas que invitan a repasar la propia trayectoria:

 

  • Yo escribí un libro que se llama “La filosofía y sus formas anómalas” y mis colegas se enojaron mucho conmigo. Allí examino algunas formas pervertidas de la filosofía que rompen su naturaleza originaria. Una es eso que yo llamo el “citadismo”, que es confundir el citar autores que han pensado la realidad, con la realidad misma.  El hecho de creer que mencionándolo a Hegel, a Descartes, a Kant o al señor Marx– tan citado- uno ya no tiene que pensar la realidad sino citar los libros que ellos han escrito. Entonces, esto es una aberración y es lo que se hace en todas las universidades argentinas, latinoamericanas y europeas. No es ninguna falla tucumana o santiagueña.

 

  • Qué le hubiera pasado a la física, a la química, a la biología, y a la cosmología si los especialistas en estas materias se hubieran dedicado a citar a Galileo, a Aristóteles y a Newton. No hubiera habido nunca un progreso en nada. Por suerte no es así ya que la gente que hace ciencia- al hacer una investigación- tiene el objetivo de despejar enigmas para dar respuestas a problemas nuevos. En cambio, en las humanidades de lo que se trata- y son programas y proyectos financiados y llevan mucho dinero- es de citar autores.

 

  • Como finalmente cada quien es un cruce de caminos, me imagino que en algunas personas la literatura y la filosofía pueden ser algo antagónico y completamente distinto. Pero en mi caso, veo que son absolutamente complementarias en el sentido de que ambas, son miradas sobre la realidad; ese es el punto en común fundamental. A veces, mirar la realidad solamente desde la argumentación, hace perder carnadura y peso real a la filosofía. Creo que ése es el vicio básico de la filosofía: alejarse de la realidad en vez de acercarse a ella. En cambio, la literatura tiene esa cosa fantástica de meterte dentro del mundo humano y explorarlo- a veces- reflexivamente.

 

  • El amor y el erotismo son temas que me persiguen. Tanto el amor como el erotismo se han hecho tan explícitos en la imagen del cine y de la televisión que le han quitado misterio. Entonces, como pulsión de vida, me seduce mucho recoger el tema del vínculo entre un hombre y una mujer. Y aún otras formas del amor, como el amor hacia los animales por ejemplo.

 

  • Yo creo que 1982 marca un importante hito con la aparición del computador personal, lo que abrió puertas por ejemplo, para que se descifre el código genético, que era un proyecto pensado para 10 años pero se lo hizo nada más que en 3 años. Toda la informática permite hallazgos interesantísimos en inteligencia artificial, que son los temas centrales acerca de la reflexión sobre el ser humano. La vieja discusión desde los griegos hasta aquí, sobre el alma y el cuerpo, empieza a tomar otro carácter con la aparición de la inteligencia artificial donde las computadoras son el centro.

 

  • Y bueno, había una amenaza de muerte para toda mi familia, en una de esas cartas que le llegó a tanta gente. Mi padre tenía una librería y era un comunista declarado, lo que lo convirtió en el blanco de la primera bomba de la triple A arrojada en Tucumán, en julio del 74. La carta llegó en diciembre de ese año; es decir, no era broma. La librería que tenía mi viejo quedó destrozada. Ya el peronismo en el año 46 le había incendiado la misma librería, y en el 74 le pasó exactamente igual.