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La poesía de Sofía Landsman Franzzini

15 diciembre, 2018

La poesía de Sofía Landsman Franzzini

Por Subida de Línea.

Sofia Landsman Franzzini tiene 27 años, nació en Santiago del Estero en 1991, actualmente vive en Tucumán y estudia arquitectura. Fue miembro de las editoriales Minibús ediciones (Tucumán) y Larvas Marcianas (Santiago del Estero) hasta el 2017. Es miembro de Topos bajo la Lluvia. Posee las siguientes publicaciones: fanzine de Topos Bajo la Lluvia (Santiago del Estero); antología “Cospel de Oro “de Minibús Ediciones (Tucuman); Revista Inquilinos, temática de sexo, (Santiago del Estero); antología “Ser pasiva me cambió la vida” de Gato Gordo (Tucumán); plaqueta de poesía “Pechuga Blues” de la editorial Larvas Marcianas (Santiago del Estero);  “Color Apropiado “con la editorial Gato Gordo (Tucumán); Poesía Antología “otro libro de minitahs”, Topos bajo la lluvia (Umas).

 

La Juli me dijo

sos tan hetero

que duele

 

Balcón

la otra noche

no podía dormir

me imaginé que me levantaba

salía al balcón

me pasaba al otro lado

de la baranda

me soltaba

y al fin

podía dormir.

 

cuarto Azul

Cuando sales de la pieza

y quedo sola

limpiando

el semen

de mi entrepierna

y peinando

los vellos

de mi vagina

la luz

que entra por la ventana

se refleja

en el acolchado azul

hace que la pieza

parezca

el fondo del mar

pero ese fondo oscuro

y frío

donde habitan

seres extraños

acostumbrados

a la soledad

y a la quietud

 

muevo el acolchado

y las olas proyectadas

en la pared

son la superficie

de ese cuarto mar

en donde te extraño

aunque te escuche

en la habitación de al lado

por el ruido

de las cañerías

cuando te lavas

o cuando vas a la cocina

y buscas

algo para que comamos

porque me da hambre

después de hacer el amor

porque necesito

tener algo en el estómago

porque te doy mis mariposas

mientras nos besamos

y me siento vacía

en ese mar oscuro

de tu habitación

donde habitan

todos esos peces

de la soledad

por eso acaricio

mi vagina

como quien calma

acariciando

la cabellera de una niña

una niña

que dibujó una ballena

en las paredes

de su pieza

porque le da miedo

la inmensidad del mar

y la profundidad

en donde habita la soledad

me hundo

como un pez extraño

acostumbrada a la quietud

y toco el fondo

miro para arriba

y las olas

del techo

me recuerdan

la calma de la superficie

entras al cuarto

y otra vez sale el sol

te acuestas conmigo

tienes la piel fría

nos abrazamos

somos dos peces extraños

en el fondo del mar

con miedo a la soledad

pero ya sin frío.

 

Ilustración: “Invisible” (2018) Iñaqui Ortega.

 

Casi llegando a Árraga vivía mi Tía Ema

 

Dormir en el campo

de mi tia Ema

era acostarme en un colchón finito

en una pieza de adobe

el olor a tierra

y a transpiración seca

impregnada en las sabanas

que no se lavan

se sacuden

cada tanto

era dormirme

viendo una novela

en blanco y negro

en una tele chiquita

con antena

dormir en las siestas

de Santiago

era despertarme

con mi tio al lado

que fingía dormir

era verle en su cara

la sonrisa

del gato con botas

era levantarme

y caminar confundida

sintiendo otro olor

en mi cuerpo

Despertar en la cama

de mi tia Ema

era ver la piel naranja

de mi tio

naranja como un queso

era levantarme

y salir al patio

y verlo a mi papá

tomando mate

hablando con mi tia

era despertarme con sed

y ganas

de irme lejos

de volver a mi casa

con mi mamá

que nunca hubiera permitido

que mi tío

duerma conmigo.