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Murmullos en la multitud: del fallo a la revocación del 2×1

15 diciembre, 2018

Murmullos en la multitud: del fallo a la revocación del 2×1

Por Mercedes Vargas*.

Dos años atrás, el escenario político en Argentina fue sacudido por el fallo emitido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) a favor de la aplicación del “beneficio del 2×1” a genocidas condenados por crímenes cometidos durante la última dictadura. Su rechazo fue masivo y desencadenó de inmediato una marcha multitudinaria en diferentes puntos del país.

Recientemente, este fallo que amnistiaba las penas otorgadas con sentencia firme a represores del Terrorismo de Estado, fue revocado por aquella misma casta judicial con cuatro votos a favor y uno en contra. Entre medio, desde aquel momento hasta hoy, nuevas voces tomaron una presencia significativa en el espacio público, llamativamente, pronunciadas por quienes se presentan como “hijos e hijas” e, incluso, como “ex hijas” de genocidas.

En las siguientes líneas nos interesa comentar, al menos tentativamente, algunos aspectos sobre cómo estos nuevos testimonios e “Historias Desobedientes y con faltas de Ortografía” (como algunxs de ellxs se denominan en colectivo), interrogan las coordenadas y horizontes político-culturales de nuestro país. Nuestro recorrido sostiene que el modo en que algunos de estos testimonios construyen su enunciación tensiona ciertos sentidos fijados sobre los que se articulan los lazos sociales y sus antagonismos, desplazando y resignificando sus fronteras políticas. Dimensión ésta última ineludible para pensar las implicancias que adquiere este nuevo actor en la constitución de una subjetividad política, aún incipiente, pero que reafirma y radicaliza el carácter inédito y paradigmático que adquiere nuestro país en su política de Memoria, Verdad y Justicia, en particular, y de Derechos Humanos, en general.

 

“Lo de la marcha fue conmovedor. Hay que tener la memoria despierta. Me siento acompañada porque somos millones.”

Mariana Dopazo, Marché contra mi padre genocida (1)

Unos días atrás, la Corte Suprema de Justicia resolvió finalmente revocar el fallo que concedía aplicar el beneficio del 2×1 para los casos de delitos de lesa humanidad (2). Creo que comprender en cierta medida este desenlace, finalmente, positivo, de lo que generó inicialmente un masivo y descomunal rechazo, requiere considerar ciertos procesos y acontecimientos que reverberaron luego de aquella conmocionada marcha del 10 de mayo de 2017.

Aquel día memorable para la Argentina tuvo lugar en el marco de una sociedad en gran parte contrariada con un gobierno que, en el transcurso de su gestión, fue dando señales cada vez más evidentes de lo que Fabiana Rousseaux denomina como “una política de profanación de la memoria” (3). La llegada del “beneficio del 2×1” venía a constatar una voluntad política que lograba legitimidad en el ámbito del Derecho y sus representantes máximos. El fallo tocaba una parte intocable del cuerpo social, adquiriendo una forma impúdica y transgresora de consensos y sanciones ya construidos desde el propio ámbito de magistrados. Aquel gesto de aprobación a la salida anticipada de varios genocidas, parecía ultrajar un suelo de acuerdos nacionales e internacionales que, hasta la actualidad, le ha valido a la Argentina un lugar privilegiado mundialmente en el campo de los Derechos Humanos y sus políticas de Memoria, Verdad y Justicia (MVJ).

Sin embargo, aquel día fue memorable por varios y mejores motivos, que no provienen, justamente, del campo del derecho. Luego de un período de procesos de juzgamiento, enjuiciamiento y reparación, en los que el Estado reconocía su responsabilidad frente a los crímenes cometidos durante la dictadura, a través de una política sostenida, aquella marcha permitió constatar sus efectos singulares y colectivos.

Un primer efecto a señalar es que la marcha demostró que los contornos de nuestra sociedad se delimitan y estructuran en torno a las banderas levantadas desde hace 40 años por los organismos y colectivos de derechos humanos que exigen una política de Memoria, Verdad y Justicia. Esto es: “Nunca más”, “Aparición con Vida”, “30.000 desaparecidos”, “Juicio y Castigo”, “Ni olvido ni perdón”, “No nos reconciliamos” y el derecho a la Identidad de lxs niñxs apropiadxs, no constituyen formulaciones abstractas de un colectivo particular. Constituyen sentidos que no sólo han ido articulándose a nuevas demandas y luchas (Tierra, Vivienda, Salud, Educación, entre tantos), sino además marcando el ritmo de la agenda de prioridades de los gobiernos de nuestro pasado reciente. Las consignas que señalan que en Argentina existió un genocidio bajo la forma del terror de Estado fueron trazando los mojones desde donde se erigen los pilares de una sociedad democrática. Tal cosa se muestra en lo que constituyó el lema de la marcha del 24 de marzo de este 2018, que enunciaba: “Un país para pocos, Nunca Más”.

 

“Las consignas que señalan que en Argentina existió un genocidio bajo la forma del terror de Estado fueron trazando los mojones desde donde se erigen los pilares de una sociedad democrática”

 

La transmisión generacional de una política contra el genocidio en Argentina tiene además como base fundamental de apoyo a la línea filiatoria que se desliza desde Abuelas, Madres, Ex Presxs, H.I.J.X.S y Nietxs. Es decir, el modo de nombrar al sujetx políticx integrante de los diferentes organismos de Derechos Humanos lleva la marca de sus efectos ascendentes y descendentes. Sujetxs políticxs que han llevado la voz cantante durante los últimos cuarenta años con una temporalidad anticipada e instituyente de cualquier programa político estatal (4).

Pero, el verdadero hallazgo en la avalancha de repudio fue la magnitud de un coro multitudinario conformado por jóvenes estudiantes, familias diversas, diferentes sectores de la clase trabajadora y también de la clase política y judicial (algunos que incluso apoyan el gobierno de Cambiemos o forman parte de su coalición o sus alianzas). Todxs, decididos a tomar participación para marcar su disidencia y rechazo ante el fallo. De manera que la marcha dejaba entrever no sólo el rápido contraste de la política y gestión entre un gobierno y otro de distinto signo ideológico (del Kirchnerismo a Cambiemos), sino también demostró que la posibilidad de borrar aquello que había sido ya escrito por la mano de la ley para juzgar el pasado reciente, no contaba con las condiciones de posibilidad necesarias ni suficientes para su apoyo. Podía decidirse sobre su legalidad en el estrecho recinto de la casta judicial y Suprema Corte de Justicia, pero el ágora poblada de las más variopintas posiciones ideológicas-culturales ponía al descubierto su carácter plenamente ilegítimo.

Lo anterior, constata que las implicancias del Terrorismo de Estado configuraron, al decir de Rousseaux (5), un nuevo terreno ético desde el cual la Argentina erige y resignifica la base de su cultura política y sus condiciones democráticas.

Una de esas nuevas bases concierne al modo en que, desde los costados trágicos del genocidio, se estructuraron las relaciones con otrxs, la constitución de nuevas identidades políticas-culturales y, fundamentalmente, el lugar que adquieren ciertos elementos diferenciales en sus lógicas de articulación y construcción de otro. Como dijimos más arriba, la lucha que abrieron las Madres de Plaza de Mayo fueron superficies de inscripción y configuración de nuevas y múltiples demandas, cada vez. A la par, y como deja entrever la marcha contra el 2×1, las consignas de “Memoria, Verdad y Justicia” (MVJ) se fueron constituyendo en pilares de la vida democrática desde las cuales se trazan e inscriben las fronteras políticas de nuestra identidad, sus límites y contornos, y sus antagonismos.

De un lado, aquellos que intentan tratar a los genocidas con las mismas prerrogativas que a los autores de delitos comunes; del otro, aquellos para quienes aquello constituye un gesto político e imprudente que vuelve a tejer las tramas del escenario cotidiano con la telaraña del horror, el trauma y la negación del genocidio en Argentina. De manera que la marcha contra el 2×1 también constató que la “memoria” permanece despierta y advertida frente al ultraje de la injusticia estatal.

Aquella “memoria despierta” nos permite señalar un segundo efecto constatado en aquel “2×1”: la lucha y la política sostenida por la MVJ en los últimos cuarenta años, cosecharon las condiciones de posibilidad para la emergencia de voces murmurantes entre la multitud, hasta entonces inéditas. Una voz quizás más dispersa, menos visible, pero no por ello menos potente en su enunciación: “Marché contra mi padre genocida” fue la formulación esgrimida por Mariana Dopazo (MD), por aquellos días. El sonido de su voz femenina y de hija (o, mejor dicho, de ex hija) de un jefe de policía de aquel plan sistemático, permitió volver la atención y la escucha hacia los murmullos de un nuevo actor social menos audible en el unísono de la multitud.

“…ese desafiante “fallo del 2×1” nos puso el terror enfrente nuevamente. El 12 de marzo en nuestra sociedad, marca el día en que la justicia se volvió injusticia, y no desde lo personal, sino desde el horror, volviendo actuales las heridas, las pérdidas, los duelos y las ausencias ejercidas por un aparato que se sostuvo desde lo cívico, lo económico, lo militar y lo eclesiástico, aún por quienes no lo reconocen. No hay ‘dos teorías’ [de los dos demonios], hay una sola, y nos duele a todos” (MD, 2018, p. 176).

Las palabras esgrimidas por MD volvían un poco más inteligible y tangible una dimensión del terror obturadas, imposibles de ser puestas en palabras hasta entonces. El coraje parresiástico, al decir de Foucault, de aquel testimonio de MD, aparecido en varias oportunidades bajo la pluma periodística animó a muchas otras hijas e hijos de genocidas a tomar la palabra en el espacio público (6).

“Cuando salió publicada la historia de Mariana Dopazo, muchos de [mis] amigos me la reenviaron. Me partió la cabeza. Me impactó la manera de reflexionar sobre lo que pasó También Erika. Y creo que fueron claves para pensar que podíamos tener una voz pública. Ahora hay dos grupos de ex hijos y de hijos. Y me parece que es una buena noticia que haya dos, tres, miles (…)”. (7)

“En mayo de 2017, después del fallo de la Corte Suprema de Justicia conocido como el “2×1”, muches de nosotres empezamos a buscar la manera de alzar la voz, entendiendo el retroceso que el gobierno actual estaba llevando a cabo en materia de Derechos Humanos. A partir de publicaciones en la prensa, nos dimos cuenta de que no éramos les úniques con estas inquietudes y comenzamos a encontrarnos. Así nace “Historias Desobedientes: familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”. El primer encuentro se realizó el 25 de mayo de 2017. En ese momento éramos cinco hijas de genocidas y un hijo (8).

Sin agotarse en el colectivo, comenzaron a surgir relatos que permitieron entender la trascendencia que adquiría el fallo judicial que amnistiaba las condenas a genocidas, ya dilatadamente juzgados y beneficiados durante los años ochenta y noventa. Las voces de las hijas y ex hijas, le devolvió la consistencia y la magnitud del terror infundido por quienes conformaron aquella maquinaria estatal (y que el fallo banalizaba en su aplicación). Seres que ocupaban no sólo funciones públicas, sino también lugares cotidianos, en el ámbito familiar y civil: llevaban sus hijos a la escuela, al cine, a jugar o a festejar sus cumpleaños en una convivencia con el horror que dejaría huellas perdurables (9). Marcas que condensan silencios, encuentros traumáticos con una verdad que sin saberla permanecía latente en lo visto u oído, o que llegó a ser comprendido, mucho años después, como parte de lo que implicó vivir bajo la lógica concentracionaria:

“Siempre cuento como algo impresionante que desde el jardín de infantes, en el año 1977 o 1978, mi cumpleaños se festejaba en Campo de Mayo. El rito era que nos pasaba a buscar un colectivo verde, de esos Mercedes Benz grandotes, donde iban subiendo mis compañeros para ir a pasar el día entero a ese lugar. Durante el jardín de infantes y también en la escuela primaria hasta que un día, supongo que para 1983, mi mejor amigo de la escuela, Juan, hijo de Rogelio García Lupo, me dijo que ese año no iba.

—No voy a poder ir a festejar tu cumpleaños —me dijo—, porque donde vos festejás, matan gente.

 

“En mayo de 2017, después del fallo de la Corte Suprema de Justicia conocido como el “2×1”, muches de nosotres empezamos a buscar la manera de alzar la voz, entendiendo el retroceso que el gobierno actual estaba llevando a cabo en materia de Derechos Humanos. A partir de publicaciones en la prensa, nos dimos cuenta de que no éramos les úniques con estas inquietudes y comenzamos a encontrarnos. Así nace “Historias Desobedientes: familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”

 

Para mí fue un baldazo de realidad. También me dijo algo parecido mi gran amiga Alejandra, parte de una familia muy importante a lo largo de mi vida. No me dejan ir a tu cumpleaños, me explicó. De esa manera aquella cita, tan esperada, a la que nadie se olvidaba nunca de llevar el permiso firmado por los padres para subir al helicóptero, se convirtió en una vergüenza y en el símbolo horroroso de una tragedia horrible y muy difícil de explicar. ¿Y ahora qué hacemos?, me dije.” (10)

Estos actos testimoniales dan cuenta que el Terrorismo de Estado fue un hecho total, una maquinaria con “eficacia calculada”, siniestra, basada en el exterminio y que atravesó todos los estratos (11). Un hecho frente al cual no había huida posible sino a través de alternativas no menos trágicas como el silencio, la negación, el exilio. Como afirma MD, “Las marcas para quienes quieran verlas, para quienes puedan, para quienes las nieguen, están ahí, más allá de lo que uno decida hacer con eso” (12).

 

Fotografía: Juanca Páez Giménez.

 

El beneficio del 2×1 para genocidas significó un fallo “fallido”, como resalta Rousseaux, en el que la comunidad demostró capacidad para poner un límite (13). Un límite entonces que dibuja y señala un territorio simbólico consagrado en Argentina, custodiado largos años por organismos y colectivos de derechos humanos, y cuya transgresión ya no puede ser ejercida sin las debidas responsabilidades políticas para quienes ejercen sus actos bajo el nombre de lo “imparcial” y lo “justo”. Para sorpresa de muchos, hallazgo de otros y malos cálculos de las castas judiciales, el terror que devolvía el fallo resonaba incluso para quienes vivieron sus efectos totalizantes atravesados por vínculos donde, parafraseando a Borges, no los une el amor sino el espanto con sus progenitores genocidas.

Aunque el significado de aquel acontecimiento reverbera todavía, de manera abierta, aún indescifrable en muchos sentidos, desde aquella marcha contra el 2×1 se puso de manifiesto que ante las políticas negacionistas del gobierno de Cambiemos, la movilización de la ciudadanía en el espacio público se transformó en un cuerpo social hecho de posiciones subjetivas múltiples, pero entramada y articuladas en torno a un antagonismo que viene estructurando lo social como efecto de las políticas de MVJ: “Señores jueces: Nunca más un genocida suelto” o, dicho de otro modo, “No nos reconciliamos”.

Pero, además, señaló que ésta última consigna no implica entonces trazar fronteras antagónicas determinadas por motivos biológicos, naturalizando posiciones políticas bajo líneas sanguíneas. Como venimos señalando, la sanción contra el accionar genocida del Estado en Argentina no sólo se logró a través del valor simbólico que adquirían las vías de la filiación, cuya insistencia permitía sostener la presencia de un cuerpo ausente. Además, el reconocimiento de la ley, a través de los juicios y sentencias a cárcel común y perpetua de los genocidas constituyó otro pilar estructurante de la lucha por el trípode democrático en torno a MVJ.

 

“El beneficio del 2×1 para genocidas significó un fallo “fallido”, como resalta Rousseaux, en el que la comunidad demostró capacidad para poner un límite. Un límite entonces que dibuja y señala un territorio simbólico consagrado en Argentina, custodiado largos años por organismos y colectivos de derechos humanos, y cuya transgresión ya no puede ser ejercida sin las debidas responsabilidades políticas para quienes ejercen sus actos bajo el nombre de lo ‘imparcial’ y lo ‘justo'”

 

De manera que la aparición de las voces antes mencionadas, nos devuelven preguntas y rupturas epistémicas que nos llevan a reflexionar desde nuevas categorías, para abordar los modos en que se trenzan genocidio, ley y filiación bajo significaciones múltiples. “Que a esta política del nuevo gobierno se le contraponga, ni más ni menos, la palabra de los hijos de los genocidas denunciando que se trató de genocidas y no de otra cosa, es un hecho que merece ser pensado, pero no de cualquier manera” (14). Constituye un desafío que, como señala la autora, “Merece ser pensado con la seriedad que eso requiere, no que produzcan efectos de lógicas binarias y antinómicas” (15). Es decir, asumir con responsabilidad tal camino de interrogantes implica salirse del plano de las generalizaciones abruptas o precipitadas, desandar las dicotomías y las polarizaciones estériles.

Estas nuevas voces introducen coordenadas que resitúan las reflexiones actuales bajo nuevas categorías y lógicas, reconfigurando las fronteras que estructuran lo social, asumiendo paradojas y contrariedades. Se trata de experiencias que configuran nuevos bordes en el campo de las memorias y sus políticas, el de otras infancias y clandestinidades que instituyó el poder del terror. Memorias subversivas que expresan su dinámica inacabada y socavan cualquier intento de legitimar lo ilegítimo en nombre de una “Memoria Completa”.

Testimonios que exigen resguardar el estatuto que adquiere una verdad, en su dimensión histórica y singular, como lugar ético que merece no sólo ser custodiado, sino también alojado en la medida en que hace ingresar al otro de la diferencia. Como afirma Arfuch, “de lo que se trata ahora es de poder escuchar. Abrir la escucha como hospitalidad hacia el otro” (16). Escuchar aquellas voces requiere atender al modo en que su enunciación se esgrime en torno a una responsabilidad ética (aquella que se desmarca de un poder alienante, absoluto, canalla) para dar lugar a su posición política: “no le permito más ser mi padre”, es la forma que toma el enunciado de MD, ejerciendo así un acto performático que deslinda series naturalizadas de sentido en torno a las herencias mortificantes.

Interroga, en fin, sobre los soportes que la ley y la justicia otorgan como terreno ético y político en el cual se erigen las condiciones del ordenamiento social, los intercambios y la regulación de los lazos sociales, donde se juegan sus lógicas de articulación y los antagonismos que lo fundan. Ello nos invita a repensar articulaciones de sentido posibles e inéditas hasta el momento, e incluso abordar sus implicancias para avanzar en las políticas de MVJ, imaginar sus horizontes y el devenir de nuevxs sujetxs políticxs. Allí radica el desafío actual.

Notas

1– En MD, Anfibia, aquí.

2– El “beneficio 2×1” se encuentra incorporado en la ley 24.930 sancionada en 1994, cuyo artículo 7 establece que posteriormente a los dos años de prisión preventiva cada día de prisión se computaría doble. Aunque la ley fue derogada en 2001, el efecto de dicho beneficio permanecía vigente para todas aquellas personas juzgadas previamente a su derogación. Por tal motivo, el fallo del 2×1 para genocidas permitía a represores del calibre de Etchecolatz o Muiña, entre otros, solicitar la aplicación en sus respectivos casos.

3– Rousseaux, 2008, p.169. La autora señala el modo en que, desde 2015 a esta parte, el gobierno de Cambiemos como representante del Estado, puso de manifiesto gestos degradantes en torno al campo de los Derechos Humanos, tocando aspectos que alcanzaron una legitimidad “sagrada” en los últimos cuarenta años. Al respecto, “¿30.000? ¡Ni idea! El Estado y lo sacro” en Territorios, Escrituras y Destinos de la Memoria. Diálogo interdisciplinario abierto. Tren en Movimiento, 2018, pp. 27-46.

4- Para profundizar sobre el carácter constitutivamente político y anticipado que tuvo la lucha de las Madres de Plaza de Mayo y de la lógica que estructuró a través de las décadas su forma de construcción política se recomienda Barros, M. y Morales, V. “40 años de lucha”, Revista Bordes, 30 de abril de 2017, disponible aquí.

5– Op. cit.

6– Cabe mencionar que el lugar que tuvo la pluma periodística en torno a este tema no fue menor. El Cohete a la Luna, Página 12 y la revista Anfibia demostraron un interés sistemático en torno al testimonio emergente de las hijas e hijos de genocidas. También otros como Lobo Suelto, Gato Pardo, Revista Crisis, Agencia Paco Urondo. Un actualizado trabajo respecto el debate instalado a partir de Anfibia puede consultarse en Scocco, M. “Historias desobedientes. ¿Un nuevo ciclo de memoria?, Revista Sudamérica, N°17, 2017, pp. 78-105.

7–  Florencia Lance, en El Cohete a la Luna, disponible aquí. Se refiere a Erica Lederer cuyo testimonio también fundó la posibilidad de tomar la palabra públicamente.

8– Manifiesto del colectivo “Historias Desobedientes y con Faltas de Ortografía”, disponible aquí.

9– Una nota al respecto.

10– Florencia Lance en El cohete a la luna. En otro fragmento expresa: “Yo no sé qué hace que algunas personas logren ver unas cosas y otras no. Que algunas digan qué raro ir con granadas en el auto. O qué raro perderse en el bosque de Campo de Mayo con una amiga durante una hora y cuando volvés que te recaguen a pedos. Que nos digan de todo. Que nos estaban buscando. Pero la sensación siempre fue esa: no sé si sabía exactamente qué sucedía, pero siempre había algo incómodo. Algo que no terminaba de estar bien ubicado” … “Preguntar me daba la posibilidad de escuchar otras respuestas. Y las respuestas que escuchaba me resultaban más verdaderas que las pocas que había escuchado en el entorno familiar.”

11– Dopazo, M. “Genocidio y Filiación. Hacerse un nombre frente a los legados sin ley” en Territorios, Escrituras y Destinos de la Memoria. Diálogo interdisciplinario abierto. Tren en Movimiento, 2008, p. 174-75.

12– Dopazo, M. op. cit. p. 175.

13– Rousseaux, F. “El fallo fallido”, Página 12, 11 de Mayo de 2017. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/37111-el-fallo-fallido

14– Rousseaux, F. “Genocidio y Filiación. Hacerse un nombre frente…op. cit. p. 169

15– Idem.

16– Arfuch, L., “Las otras infancias clandestinas”, Revista Anfibia, disponible aquí.