Edición 20

Alicia Genovese: “La poesía no necesita más que un lector atento o una escucha atenta, nada más”

7 abril, 2019
Imanol Ortega

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Alicia Genovese: “La poesía no necesita más que un lector atento o una escucha atenta, nada más”

Por Ignacio Ratier.

Durante cuatro días, del 10 al 13 de abril, Santiago del Estero será sede del VIII Festival Nacional de Literatura, organizado por la fundación Filba. Escritores locales y de todo el país llevarán adelante talleres, encuentros de gestores culturales, actividades en escuelas, debates y lecturas en distintos puntos de la ciudad. Para la edición de este año fueron invitados a integrar la organización Alicia Genovese, Eric Schierloh y Mariano Quirós. Además, se contará con la presencia de otras figuras destacadas, como Elena Anníbali, Inés Garland, María Moreno, Juan Sasturain, Francisco Bitar y Tamara Tenembaum.

Subida de Línea entrevistó a Alicia Genovese, poeta, ensayista y docente universitaria, para conversar sobre diferentes temas, entre ellos, el adelanto de las actividades que se van a realizar durante los cuatro días de literatura que vivirá nuestra ciudad.

¿Qué puede aportar un evento de estas características a la vida cultural de una ciudad periférica?

Yo no he desarrollado ninguna actividad en Santiago del Estero. Conozco, sí, muchas ciudades del interior, porque he ido a dar talleres a través del Fondo Nacional de las Artes. La Pampa, Mendoza, Salta, Tucumán, La Patagonia. Y sé que siempre es muy importante para la gente tener este intercambio con los escritores que, muchas veces, se perciben como lejanos, como ubicados allá arriba, de manera que espero sea algo fructífero. Yo estoy abierta al diálogo y a ponerme en contacto con la producción cultural de Santiago del Estero. Espero que el evento tenga la trascendencia que merece, porque está muy bien organizado, hay una gran variedad de actividades: si no te gusta una, te puedes enganchar con la otra.

¿Con qué dinámica se van a encontrar los que participen de tu taller?

Para mí sorpresa, desde la semana pasada está cubierto el cupo. Muy contenta, porque quiere decir que hay un interés. Lo que hice fue pedir que cada participante envíe tres poemas y sobre esa base mi idea es hacer una devolución lo más personalizada posible. Y establecer, a partir de las lecturas, algunas puntas de discusión o algunos temas en los que yo pueda aportar algo. Por supuesto, el intercambio y la discusión siempre son fundamentales en estos casos, pero esta es la propuesta del taller y por eso mismo está concebido como taller. Sino sería una conferencia abierta.

¿Qué te has llevado de la experiencia de otros talleres?

Las experiencias siempre son muy buenas. En cada lugar es distinto, pero siempre se hace un aporte. El taller que vamos a hacer en el Filba es breve. Al principio pensamos en dos o tres jornadas, pero son tantas las actividades que no se pudo hacer de esa forma. Igualmente, creo que es muy productivo para la gente que interviene. Justamente, vos mencionaste esa palabra: periferia. Y a veces tenemos que pelear por dejar de ser considerados “centro”. No existe tal cosa como una entidad fija, no hay centro fijo ni una periferia fija. Son dos nociones móviles, es decir, uno está un ratito en el centro y vuelve a su periferia. Y está en la periferia, y en determinado momento se encuentra en el centro. Nunca se está definitivamente en un lado o el otro. Esto puede llegar a ser algo muy importante que ocurre en los talleres.

Buenos Aires estuvo históricamente relacionado con la consagración de los escritores de provincia, ¿crees que el mapa de las escrituras actuales es más federal?

Eso no lo sé, siempre hay muchos prejuicios de un lado y del otro. Lo único que sé es que no existe tal cosa como el escritor de provincia como un equivalente de escritor de periferia, sino que es algo cambiante. Por ejemplo, una experiencia: en una época, era muy joven, me presentaba a becas y no las obtenía porque era de Buenos Aires, y había un buen número de gente de acá que se presentaba. En cambio, me encontraba con escritores de otras provincias que accedían fácilmente. En ese caso, te diría que yo era la marginada. De manera que, volviendo a tu pregunta, no sé si hay una nueva configuración, pero creo que en tiempo de comunicaciones más veloces hay que replantearse el concepto de periferia.

Hay una vieja discusión respecto a si se puede enseñar a escribir o no. ¿Cómo te posicionas en ese debate?

Lo que creo es que no hay que situarse tanto en la enseñanza de la escritura, sino en la escritura como aprendizaje. Un escritor siempre está aprendiendo, siempre está tomando elementos de aquí y allá, siempre está llevando la escritura a lugares que antes no había explorado. Siempre se está en una situación de aprendizaje. Quizá esa práctica, estar siempre en el ejercicio de la escritura, sea algo que sí se puede transmitir. Más horizontalmente que verticalmente, no esa cosa jerárquica de pensar que existe por allá arriba un maestro y por acá abajo un acólito. Lo digo así para marcar lo peyorativo que puede ser. Lo que se puede transmitir es eso, una experiencia con la escritura.

Sé que es incómodo cuando el entrevistador pregunta qué cosas hay que leer, pero también es cierto que los lectores están en la búsqueda de las puertas que los autores pueden abrir: por eso te pido recomendaciones.

Hace poco me hicieron esa pregunta, me dijeron que elija algo así como diez libros imprescindibles de poesía. No pude, hice una lista de veinte y me quedaron muchos afuera. Es una pregunta incómoda y te voy a decir porqué. Lo que hago en mis talleres, y cuando doy clases en la Universidad Nacional de las Artes, es ver cuáles son las búsquedas de esa persona que está escribiendo y sobre la base de esas búsquedas recomiendo o sugiero algunos nombres. ¿Qué sentido tiene que le diga a alguien que está trabajando con una poesía muy contemporánea, y muy ligada a la lengua coloquial, que lea a Alberto Girri? Me lo va a tirar por la cabeza. Personalmente, las lecturas que me han servido son las que busqué, las que pude encontrar, más allá de las sugerencias e informaciones que te pueden dar; más allá de las instituciones educativas o las conversaciones amistosas.

Encuentro dos constantes en la lectura de tus poemas: las evocaciones a la naturaleza y la crítica a la modernidad.

Más que una crítica a la modernidad es un estado de tensión con ciertas cosas de la modernidad con las cuales la escritura de poesía no se lleva muy bien. No es una crítica, porque la modernidad está presente dentro de la poesía. Esto no quiere decir que implique una defensa del clasicismo. Respecto a la evocación a la naturaleza, es así, tengo mucha conexión con el paisaje natural, pero eso no sé si es una elección mía o si naturalmente me relaciono con el agua, con el paisaje del delta, donde estoy asiduamente. En fin, son cosas que una nunca sabe si las eligió o la eligieron.

¿Cuáles son esos elementos de la modernidad que entran en tensión con la poesía?

El discurso poético, o la poesía misma, siempre está en tensión con otros discursos que circulan en la modernidad. Por ejemplo, la exigencia de transparencia de ciertos discursos como el periodístico. Si bien la poesía puede tomar eso, de hecho, lo hace, siempre tiene que desarticular las formas estereotipadas. La poesía está en tensión con esos lenguajes estereotipados, siempre está rompiéndolos, recreando y creando su propia lengua.

Y muchas veces se piensa a la poesía como algo que está en una torre de marfil o en una burbuja, sin embargo, también puede ser una herramienta para participar de la discusión pública.

Absolutamente. La poesía no está en ninguna burbuja, eso es un malentendido. La poesía está abierta al mundo todo el tiempo, por lo menos la poesía que a mí me interesa.

Porque pensaba en un poema tuyo, sobre el aborto, que tuvo mucha repercusión en Facebook. Fue en la época de la votación de la IVE.

Sí, estoy muy comprometida con el tema. Ahora va a salir la segunda edición de una antología que se llama Martes Verde, que tiene que ver con las poetas que leyeron esos días martes cuando se hacían las asambleas públicas en la Plaza del Congreso, cuando se debatía la ley que finalmente no salió. La poesía como herramienta de discusión pública es una herramienta de doble filo. Porque no creo demasiado en que uno deba escribir un poema para participar en determinada movilización política o social. En política, por nuestra mirada e ideología, hay cosas que nos tocan más que otras. Eso, de alguna manera, puede estar o no presente en los poemas.

Eso puede dar pie al oportunismo…

Por supuesto, y también a la mala poesía y a una poesía que no es poesía, que simplemente es parte de un manifiesto político, de una proclama política. A la poesía hay que sacarle todas las muletas, y eso puede ser una muleta. Por más conciencia de la realidad que se tenga, por más justo que creamos algo, a esas creencias, dentro de la poesía, hay que soltarlas en la incertidumbre. Hay que sacarlas de ese discurso político, que también forma parte de los discursos estereotipados.

Volviendo al festival, Alicia, pienso que a veces chocamos con la pared y nos damos cuenta de que este mundo es chiquito, ¿a quién crees que está dirigido el Filba?

Quiero resaltar dos cosas. Una tiene que ver con el circuito al que llega la poesía, que no es tan chiquito. Eso también hay que cuestionarlo, como el concepto de periferia. La poesía tiene un enorme alcance, hay un circuito alternativo que permite que las cosas lleguen, que tiene mucha vitalidad y está compuesto por las pequeñas ediciones, por las ediciones artesanales, por las lecturas de poesía, por los intercambios de muchos festivales que son exclusivamente de poesía. También hay una reproducción muy grande a través de las redes y por eso creo que ya no es tan pequeño el círculo lector de poesía. Quizás sí ese lector que compra el librito y luego lee en soledad. Pero hay otros modos de circulación que es imposible no tener en cuenta. Eso, por un lado.

Por el otro, entra el prejuicio de que se necesita cierta iniciación para entrar al género. La poesía no necesita más que un lector atento o una escucha atenta, y nada más. No necesita nada más. Eso hay que quebrarlo y esta es la invitación para las lecturas en el Filba. Simplemente necesitamos alguien que nos escuche. Después, el festival tiene de todo, narradores, ensayistas…

Tiene una fiesta, también…

Y una fiesta, eso también forma parte de la vida cultural, esos espacios de socialización suelen ser muy ricos, muy importantes. Si hay una virtud que el Filba está teniendo es que le está dando a la poesía el lugar que tiene que tener. En muchos otros festivales o eventos se habla de literatura, pero todo se concentra en la narrativa. No hay presencia de poetas, como si no pensaran o no fueran capaces de articular un discurso de otro orden. Y esto forma parte de la pelea; que nos conozcan como personas comunes y silvestres; trabajamos, nos levantamos temprano, no vivimos en una burbuja ni en una bohemia inalcanzable, tampoco estamos por allá arriba, en las nubes de Úbeda. Estamos acá, como cualquier otro.