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Otros sueños eléctricos

7 abril, 2019

Otros sueños eléctricos

Por Nicolás Adet Larcher.

1

Años antes de partir, Stephen Hawking organizó una fiesta en la universidad de Cambridge. Los medios norteamericanos la calificaron como “la fiesta del siglo”, por las pretensiones de Hawking. En el salón se desplegaban mesas con masitas hojaldradas, champagne y sanguchitos de pepino. Había manteles blancos de seda, sillas, mozos, y una pancarta colgando en la entrada. Hawking esperó, pero nadie fue a su fiesta. Planificada durante días, habiía tomando precacuciones propias de su obsesión sobre el tema. Decepcionado, pero con una sensación de alivio sobre sus hombros, se fue a dormir. Las masitas, los sanguchitos y el champagne quedaron sobre las mesas. A la pancarta la bajaron los mozos. Arrugada en un rincón, todavía podía leerse “Bienvenidos viajeros del tiempo”.

Al día siguiente, tomó la última precaución que tenía anotada: envió las tarjetas de invitación para su fiesta.

2

En Sueños de Robot de 1986, Isaac Asimov dejó talladas en papel las tres leyes de la robótica. La primera dice que un robot no puede dañar a un humano,por acción o por omisión. La segunda dice que un robot siempre debe obedecer a los humanos, sin entrar en conflicto con la ley uno. La tercera, dice que un robot debe cuidarse a sí mismo, siempre respetando las leyes uno y dos. Para la década del ochenta, las leyes sobre robots eran parte de la ciencia ficción. Pero desde 2017, la Unión Europea y Estados Unidos empezaron a preocuparse. La UE creó una legislación para robots que dice qué es un robot, cómo debe actuar un robot y qué pasa con la inteligencia artificial. Pero la UE se olvidó de las leyes de Asimov, y en ningún lugar escribió la regla más importante: un robot no puede matar.  

3

En la película Perfetti Sconosciuti dicen que el celular es nuestra caja negra. Lo que sé de las cajas negras es que no son negras, no son cajas y solo graban dos horas y media de audio. Son los minutos finales de un vuelo. Google es más que eso. Lleva un registro infinito y extenso de los lugares que visito, lo que digo, escribo, busco y veo. Un registro que excede la vida útil del teléfono. El 30 de noviembre de 2018 dije “qué qué qué es bastante”. El 8 de julio de 2018 dije “Chery”, el nombre de una fábrica estatal de autos de China. El 10 de mayo de 2017 dije “amor”. El 2 de mayo dije “hablar de amor”.

4

En moto o en bici. No importa. Lo importante es que ser joven, extranjero y desempleado. Tener disponibles ocho horas por día para pedalear, y para hacer cola en el Rapipago. Rappi, Glovo, Pedidos Ya, cambian los colores y el nombre. El sistema es el mismo. Una caja enorme sobre las espaldas y el celular a mano. Desde una app, alguien pide una hamburguesa desde su casa o un cuaderno, un alfajor o una cerveza, y hay que salir a buscar la orden. Al instante. Desde que el pedido está listo, hay 35 minutos de margen para llegar. Sino el envio es gratis. Todo sea por la superación personal. Ocho horas por día para que rinda el laburo. Sin vacaciones, ni aguinaldo, ni aportes, ni gremio. Alcanza con el esfuerzo, dicen. Un laburo, unos pesos. La meritocracia. Siempre arranca varios escalones abajo para los de abajo.

 

5.

En la película Another Earth (2011), la humanidad descubre la existencia de un planeta gemelo al nuestro. Otro lugar de la galaxia donde existe una réplica de nosotros mismos. ¿No estamos solos? se pregunta la revista National Geographic en su última edición de marzo de 2019. Hay innumerables mundos desparramados por innumerables galaxias. Hasta el momento, fueron descubiertos 4 mil y hay cerca de 3 mil en revisión. Son exoplanetas que no pertenecen a nuestro sistema solar y que llaman la atención de la comunidad científica. Munazza Alam, una astrónoma musulmana de 24 años, es una de las investigadoras que cree que hay vida más allá de nuestro planeta. Sus investigaciones están centradas en una categoría de exoplanetas llamados Júpiters calientes y, a través del Telescopio Espacial Hubble y los telescopios terrestres de Chile, Alam busca espectros de atmósferas en esos mundos alejados. Dice que su sueño es encontrar un planeta años luz del nuestro, con un clima similar, con el potencial de albergar vida. En palabras de Alam, “un planeta gemelo de la tierra”.