Columna Santiago del Estero

La importancia

28 mayo, 2019

La importancia

Por Soria y Obes.

La importancia no es una enfermedad que padezcamos colectivamente, pero hay quien dice que a fuerza de noticias arteras, gente sencilla es inoculada por aquel veneno. Con una variante: la importancia ahora es de la entidad política.

Artistas, emprendedores, profesionales o becarios -el listado de ocupaciones y oficios es ilimitado para demostrar lo indemostrable- son levantados a alturas de relieve, y mantenidos allí, en esa ráfaga circular, por una prensa que ha aprendido muy bien a producir grandes accidentes artificiales.

Así tenemos noticias de personajes grises que pasan a cien metros de un acontecimiento. Un parentesco con un oficinista marginal que compartió el ascensor con un Ministro. Una foto tomada de refilón; contarse entre los damnificados del paro de transporte. Cometer el primer femicidio del año.

Las argucias de la prensa son inflar un muñeco a tamaño sobrehumano, y aprovechando la escala, espetar, a la par del juguete o por delante de él, su gentilicio. Es la teoría del pasacalle aplicada a la noticia, y un recurso jocoso, si nos tomamos a pecho, de las artes de figurar a cualquier precio en planos donde no nos registran.

No hay derivas detrás de estas biografías. ¿Qué interés podemos tener por personajes que son santiagueños, si es esta precisamente la condición indivisible de la noticia?. Son chivos expiatorios que mansamente aceptan un lugar accesorio; es más, ofrecen su historia de buena fe para que los editores hagan justicia. Y la prensa local cada tanto produce estos accidentes de amor propio, de reafirmación de identidad santiagueña como acto reflejo.

Sobre los medios locales pesa esta responsabilidad de poder: inscribir a la provincia en la región, en la nación, en el mundo. El estar letárgico, propio de los tiempos juaristas, en donde se tenía la sensación de estar detenidos en un páramo mientras la historia ocurría allende las fronteras, y esta configuración novedosa, de hoy: una integración forzada por arreglos políticos, el ingreso a la vida nacional en los vagones del último, otra vez a destiempo pero en movimiento. Esta es la savia de la que se nutren las noticias esperpénticas: chismes con sujetos magnificados tamaño Caballo de Troya, envueltos, atravesados por el discurso de la santiagueñidad.

La importancia que se pretende adquirir con estas publicaciones están de vuelta del razonamiento lógico. Primero la fe simbólica en que la marca física de la noticia, su publicación, da visos de realidad a lo que se intenta transmitir. Segundo, que la historia narrada con el único objetivo de rescatar el origen ancestral del ciudadano, no hace otra cosa, por lo marginal y opaco del relato, que menoscabar cualquier referencia de lugar. Y por último, la ambición de colocar a la provincia en planos de importancia, en una adhesión remota con aquello que se lee importante, y que efectivamente puede serlo, si no fuera que transcurre en una virtualidad que se agota en sí misma.

Porque la ingenuidad más grande es suponer que estos relatos de crédito dudoso puedan ser leídos, realmente, en clave de importancia; que, justamente, por esta fabricación de pastiche, donde se une lo real y lo arbitrario, el acontecimiento con la anécdota, ¿habría alguna chance de ser tomados en serio?