Crónicas Edición 21 Literatura

Noé Jitrik en Santiago: la lectura como pasión y una ética de la escritura

28 mayo, 2019

Noé Jitrik en Santiago: la lectura como pasión y una ética de la escritura

Por Esteban Brizuela.

Desde que supe que Noé Jitrik vendría a Santiago del Estero sentí entusiasmo por conocer y tratar a quien consideraba una especie de prócer de la crítica literaria. Mayor fue el entusiasmo cuando supe que lo acompañaría la escritora Tununa Mercado. Ahí me di con la noticia de que eran pareja hace más de medio siglo.

Lo primero que hice cuando se confirmó esta visita fue revisar mi biblioteca para ver qué tenía y qué había leído de Jitrik. Porque se trata de uno de esos nombres con los que inevitablemente te encuentras en las carreras de humanidades. Si estudias Historia o Letras, es inevitable. Aparecen en alguna clase, en alguna bibliografía, en alguna mención de charlas de café.  En cambio, de Tununa solo había leído entrevistas o la había visto en apariciones televisivas.

En la requisa por la biblioteca me encontré con su “Panorama histórico de la literatura argentina”, “El mundo del ochenta”, “Historia e imaginación literaria” y también, bastante cuidados, los números en facsímil de Contorno, donde publicó sus primeros ensayos. Sí, Contorno, aquella mítica revista de los hermanos Viñas, Ramón Alcalde, Juan José Sebreli, Adelaida Gigli, Halperín Donghi y otros ilustres nombres, aunque en ese momento (los años cincuenta) eran solo jóvenes promesas.    

Una de las cosas que Jitrik pidió al venir fue que no quería dar clases magistrales, quería dialogar, quería interlocutores con los que pudiera conversar de todas las cosas que sabe y que aún le apasionan. Por eso vino acompañado también de Raúl Ordenavia, editor y amigo del matrimonio Jitrik-Mercado.  

“Después, o la víspera, mencioné la Biblioteca del pueblo y todos fuimos allí a ver cómo era ahora, Fernando conjeturó que habría, quizás, algún libro mío, después de todo hijo de ese pueblo, pero yo tenía otro objetivo en la mente. Lo que yo quería ver era si estaba todavía el primer libro que leí. Lo recordé: era La cabaña del Tío Tom. Lo había leído entero, cuando apenas tenía seis años y medio, prodigiosamente, pues durante el primer mes de escuela primaria y de aprendizaje yo me había negado a aprender las letras y me había opuesto con serena violencia a palotes y a sílabas que mis compañeros digerían con absoluta facilidad”.

En este fragmento del “Libro perdido. Marcas (apenas) autobiográficas” se cifra el momento clave de una vida cuyo eje se centrará en la literatura.  El momento del descubrimiento del placer de la lectura, cuando Noé era un niño inquieto en un pueblito de frontera de la provincia de Buenos Aires llamado Rivera. Y ese fue uno de los disparadores de las conversaciones con él: la mirada, la lectura, los primeros deslumbramientos (y descubrimientos) con los libros. ¿Cómo se construye un lector sofisticado?, podría haber sido una pregunta de fondo que sintetizara argumentos.    

Entre sus tantas actividades en Santiago del Estero, se le hizo un homenaje en la Biblioteca Popular Ricardo Rojas. Y la casualidad (o la causalidad) quiso que se realizara justamente en una biblioteca con ese nombre, el nombre de aquel santiagueño que escribió una monumental “Historia de la literatura argentina”, sobre la que Borges, con su clásica ironía, decía que era más larga que la propia literatura local. Pero digo que la casualidad lo quiso así ya que Jitrik, en la línea abierta por Rojas, dirigió la “Historia crítica de la literatura argentina” (12 tomos), trabajo que hoy es la más cercana referencia si hablamos de síntesis histórica de las letras de nuestro país.          

“¿Quién soy yo? ¿Quién soy con el transcurso de un tiempo que me cambia y me desgasta? ¿Soy cada vez otro, soy siempre el mismo? Quiero decir: ¿qué soy, cuál es mi consistencia,  qué me define con un signo único e intransferible, en que soy diferente de otros seres que están junto a mí, a quienes veo y considero, a quienes escucho y amo y, secretamente, envidio en su identidad?”. Este es otro fragmento del libro citado. Aquí la pregunta que pareciera buscar respuesta es ¿para qué se lee? Para saber quiénes somos, responde Noé.

Fotografía: Escuela para la Innovación Educativa.

La literatura como pregunta y no como un catálogo de respuestas cerradas, nos ofrece la sabiduría de Jitrik. No leemos para saber sino para darnos una dimensión de cuánto ignoramos. Jitrik, un observador del detalle y de las profundidades o lo invisible de cada escritura, lee y escribe buceando en posibles respuestas. No le gustan los marcos teóricos como adornos que solo exhiben erudición sobre autores extranjeros. Le interesan esos marcos teóricos cuando echan luz sobre algo que en primera instancia no supimos ver en un texto ¿Podemos postular que para Jitrik la ética de la escritura consiste en que el lector se quede pensando? Si es así, es evidente que su trabajo lo ha logrado.    

En su paso por Santiago, Noé y Tununa no dijeron que no a nada. Fueron a cuanto lugar los invitaran. Se percibía cierta incomodidad de Jitrik al posar para la foto como una celebridad ante fieles admiradores de su obra. Al fin y al cabo, él piensa que todo homenaje es una exageración, o como dijo, una despedida anticipada.

Tal vez con Noé Jitrik aquella idea de que la lectura nos hace mejores personas se pueda verificar. Nos hace más conscientes de nuestra propia finitud, de nuestra inevitable intrascendencia; nos acerca al prójimo, al Otro, nos ayuda a explorar las profundidades del ser humano. Por supuesto que esto no es una regla general: el mundo está lleno de miserables que han leído más de un libro.

Pero en esa imagen de él pidiendo enfáticamente que no lean su currículum porque le genera incomodidad, se resume la clave de un hombre cuya serena humildad no es falsa modestia. A sus 91 años nos deja un montón de lecciones con solo observarlo -hasta la admiración- cada vez que se sienta frente a un auditorio y se olvida del reloj solo para hablar durante horas de trabajo crítico, modos de lectura, ficción y realidad.