Columna

Bomba contra-reloj

15 julio, 2019

Bomba contra-reloj

Por Soria y Obes.

Ahora que me entero de que el ex presidente De la Rúa utilizó la figura de la bomba activada, la misma que popularizó Macri a los meses -tal vez años- de asumir, y que habla de una transferencia maldita del peronismo a los nuevos ocupantes del poder, me planteo algunas sugestiones.

I

La imagen de la bomba es potente y convence por comparación. Es un arma letal que se entrega camuflada en papeles, cuentas y números que no cierran. Puede explotar, porqué no; en cualquier caso denunciarlo es comprar tiempo por las dudas las cosas salgan mal.

II

A los que usan este argumento no les pida detalles porque se llevará una sorpresa; estas fabricaciones salen a la calle con instructivos breves y fáciles de aprender. Usted dirá qué, cómo, y recibirá las partes completas de un arma desarmada.

III

Al peronismo le está vedado usar esta metáfora, ya que es el encargado de darle forma las veces que cede el poder a la oposición. La metáfora está restringida en general para él. El peronismo es una fuerza literal y maldita, y no podrá ser víctima nunca.

IV

¿Por qué pega más esta idea de una bomba preparada para que explote, que la imagen de un país incendiado, o de una tierra sembrada de minas? Mi primera hipótesis es que la guerra vende más que el malestar social, y la segunda es que de las minas nos salvamos solos o no, a la bomba es preciso que unas manos expertas la descubran y la desactiven.

V

“Un país quebrado/fundido”, da pie a una épica que se juzgará por resultados, ergo, si éste es el diagnóstico y el país se stockea de empréstitos y no sale, algo va mal. Las metáforas tienen su carga de misterio y contradecir este principio acarrea el fracaso de la metáfora. Y más grave aún, el fracaso de lo que se debía velar.

VI

Por estos días ha revivido la idea del desbarajuste después de la fiesta, la fiesta que De la Rúa atribuía al menemismo y ante la cual oponía la austeridad, el recato, y una dosis involuntaria de aburrimiento personal.

VII

No queda claro en qué haya consistido la fiesta K, si consideramos que el gasto social se ha mantenido y las políticas pro-consumo son motorizadas con las remesas del FMI. Lo que sí es evidente es una suerte de heterodoxia a la hora de avanzar con el ajuste: se permiten las fiestas con bajo volumen y la solidaridad de los vecinos.

VIII

En paralelo a lo que se dio en llamar gradualismo -la relentización del ajuste-, una fórmula vaga: “la pesada herencia”, fue elegida para cimentar la acción. La acción, al cabo de un tiempo, fue abandonada como un error de cálculo, lo mismo que los términos de comparación del peso del legado.

IX

Desactivar una bomba imaginaria es más complejo que hacerlo con una de verdad. Si decidimos creer en la bomba estamos dispuestos a confiar en cualquier contingencia que altere el procedimiento. Uno de ellos podría ser la resistencia al cambio, lo que trae aparejado la evacuación de los administradores hacia lugares más seguros. Tal vez sus hogares.

X

El poder de estas representaciones llega a ser el hueso, la última ratio, que se expone en la charla pública para marcar una posición, y sirve a contrario de defensa contra ataques de impericia e improvisaciones. La presunción de los crédulos es que la supuesta bomba tiene poderes destructivos de niveles atómicos.