SUBIDA CUMPLE Un nuevo aniversario de SubidaLeer Más
#Ensayos#Notas#SubidaCumple

¿Les molestan los nazis o la salud pública? (En defensa de Ramón Carrillo)

6 Minutos de lectura

Por Maximiliano Jozami*.

Apenas circuló un eventual diseño para un billete con los rostros de Ramón Carrillo y Cecilia Grierson, brotó por las redes una campaña contra quien fuera nuestro primer Ministro de Salud de la Nación. Los impulsores originales fueron, principalmente, algunas publicaciones de derecha y usuarios de Twitter que se caracterizan por una obsesión antiperonista y un apoyo sin fisuras a Cambiemos. Luego se sumaron diversos actores políticos, entre ellos el embajador del Reino Unido y hasta el Centro Simón Wiesenthal.

Carrillo fue el sanitarista más importante de la historia argentina. Sus detractores le atribuyen ser “nazi”, “homofóbico” y “racista promotor de la eugenesia”. Las acusaciones son, además de falsas, insensatas: por ejemplo, acusan a Carrillo de haberse tomado una foto con Hitler. La supuesta foto, sin embargo, no existe; existiría una persona que contó que otra persona le contó que Carrillo le contó que había una foto. Sí, no es broma: a este juego de teléfono descompuesto pretenden hacerlo pasar por “fuente”, algo que sería desaprobado en cualquier trabajo académico de historia. A esto se suma que Carrillo estuvo sólo un mes en Berlín, antes de que Hitler asumiera el poder. Por otra parte, no hay absolutamente ninguna evidencia de simpatía con el nazismo; por el contrario, en un texto de 1947, el ministro justicialista rechaza al “nazi fascismo” y lo diferencia del peronismo (Doctrina peronista del bienestar social y de la salud del pueblo, 1947). En el contexto de un país que venía de un antisemitismo fuertemente institucionalizado, Carrillo tuvo como mano derecha en su ministerio al destacado médico y escritor judío Salomón Chichilnisky, integrante de la Organización Israelita Argentina (OIA). En Los muchachos peronistas judíos, el historiador israelí Raanan Rein cuenta que Carrillo recibió en una ocasión, junto al ministro del interior, a una delegación de la OIA, a la que garantizó una solución ante problemas de discriminación contra la colectividad judía en universidades y la continuidad de la faena de ganado cumpliendo el rito kosher. Chichilnisky sostuvo económicamente a Carrillo en su última etapa, y el propio Ministro de Salud de Israel, Joseph Serlin, le envió a su colega santiagueño un agasajo conmemorativo.

Las acusaciones de racismo son igualmente infundadas y se sirven de citas fuera de contexto en las que Carrillo hablaba, por ejemplo, de “crear conciencia eugenética en bien de la raza, es decir en bien de la patria”. La eugenesia, que tenía diferentes vertientes, buscaba una “mejora de la raza” mediante la selección de rasgos “deseables” y la exclusión de los “indeseables”. La mayoría de esos postulados son hoy considerados pseudocientíficos y moralmente inaceptables, pero lamentablemente eran las ideas científicas predominantes en la época. Sin embargo, hay una doble vara: (por suerte) nadie ha lanzado estos infundios contra la Dra. Grierson, que compartiría el billete con Carrillo y formó parte de la primera Conferencia Internacional de Eugenesia en Londres, además de haber sido fundadora de la Sociedad Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social. ¿Será que lo que molesta no es la eugenesia, sino la defensa de la salud pública?

La “mejora de la raza” no era para Carrillo sinónimo de racismo; por el contrario, este santiagueño descendiente de pueblos precolombinos defendía una concepción de la salud desprovista de toda discriminación: “La salud (…) hace, como ningún otro [derecho], a la dignidad del ser humano y por eso mismo excede fronteras, religiones, razas, ideologías políticas, estratos económicos” (La medicina preventiva, 1946).

Finalmente, resta la acusación vinculada a la homofobia. En 1947 llegó a Argentina, muy probablemente con ayuda del gobierno peronista, el médico danés y miembro de las SS, Carl Vaernet. Este vil personaje había realizado implantes experimentales de una supuesta glándula hormonal artificial a 17 prisioneros del campo de concentración nazi de Buchenwald, con el fin de “curarlas” de la homosexualidad. Los biógrafos de Vaernet señalan que éste estaba en contacto con quienes organizaron su escape a Argentina desde 1946 y que su rol en Buchenwald no era conocido públicamente más que de manera “vaga e inespecífica” al menos hasta 1947. Posteriormente, las autoridades danesas entraron en conocimiento de los detalles de los experimentos, pero se negaron a pedir la extradición a Argentina. Esto no quita la responsabilidad histórica del Estado argentino, y específicamente del peronismo, en la organización del ingreso de numerosos criminales de guerra nazis y croatas al país (algo que, por otra parte, hicieron en mucha mayor cantidad norteamericanos, ingleses y soviéticos). Es increíble que debamos aclarar que Carrillo jamás autorizó a que este médico nazi realizara cirugías sin consentimiento de los pacientes (como sí había realizado en el campo de concentración de Buchenwald). En Argentina, Vaernet estaba a cargo de la investigación de una hormona sintética con la que buscaba “curar” la homosexualidad. Estas prácticas aberrantes, que ocasionaron sufrimientos indescriptibles a innumerables personas, no eran monopolio nazi, sino que eran predominantes en la ciencia de la época: baste recordar el caso de Alan Turing, sometido a una terapia hormonal por orden de la justicia británica (se puede ver en la película The Imitation Game, traducida en Argentina como El código Enigma). El trabajo científico de pioneras como Evelyn Hooker y la lucha del colectivo LGBTI, con hitos como la rebelión de Stonewall, lograrían recién en 1973 que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría dejara de considerar a la homosexualidad como enfermedad. La Organización Mundial de la Salud haría lo mismo sólo en 1990 (en nuestro país, todavía en 1997 Mauricio Macri decía que los gays eran “enfermos”, víctimas de una “desviación no deseada”). Juzgar a Carrillo con valores y conocimientos que en su época no existían o eran absolutamente marginales es un anacronismo.

¿Qué significado tiene este debate? Cambiemos abreva en el viejo estanque de la ideología derechista, que insiste en identificar al peronismo con el nazismo, para ocultar las miserias propias: Carrillo fue el primer Ministro de Salud de la Nación, el macrismo disolvió ese Ministerio. Carrillo creó más de 230 hospitales y centros de salud, el macrismo se enorgullece por no haber construido un solo hospital en toda la provincia de Buenos Aires. Carrillo expandió como nunca antes el acceso popular a medicamentos, la presidencia de Cambiemos eliminó el plan Remediar. Carrillo erradicó el paludismo, Macri propuso “enfrentar” al coronavirus con el criminal modelo de Boris Johnson.

La mención a Johnson nos obliga a subrayar la hipocresía del embajador británico, Mark Kent, quien en su cuenta de Twitter insinuó falsamente que Carrillo habría sido participante en el Holocausto. El dislate del embajador salta a la luz cuando vemos que los activistas LGTBI daneses que publicaron un documentado libro sobre Vaernet en 2002 (Hans Davidsen-Nielsen, Niels Høiby, Jakob Rubin y Birger Danielsen) concluyeron que éste escapó de prisión con complicidad británica. ¿Considera por este motivo Mark Kent que el Estado al que él representa fue partícipe del Holocausto?

Lo que ha sucedido en estos días es una mezquina instrumentalización. Quienes acusan de nazi a todo adversario político banalizan la memoria de la Shoá y contribuyen con ello a la relativización del abominable legado nazi, en momentos en que el auge de las nuevas derechas ha puesto en el poder a imitadores literales de Goebbels. Cabe destacar que la propia DAIA dio por cerrada la polémica, y que el ex Secretario de Derechos Humanos del gobierno de Mauricio Macri, Claudio Avruj, se retractó públicamente (a título personal) de las acusaciones contra Carrillo.

Toda discusión sobre la memoria es una discusión sobre el presente. Un homenaje no implica una idealización del homenajeado; de hecho, se pueden elevar críticas válidas a Carrillo: por ejemplo, en un período casi contemporáneo, pero con recursos innegablemente más reducidos y condiciones de mayor hostilidad, la Revolución Cubana produjo una transformación sanitaria mucho más profunda que la del primer peronismo. Abandonada la perspectiva hagiográfica, entonces, un homenaje puede destacar algún rasgo para proyectarlo socialmente. En el contexto actual, el mundo discute la necesidad de un sistema de salud que ponga la vida humana como valor supremo antes que las ganancias capitalistas. Es un mérito de un amplio movimiento global que encabezan sectores de la izquierda reformista norteamericana. Pero las nuevas generaciones deben saber que, 80 años antes, un santiagueño peronista desarrolló una vasta obra de transformación en este sentido, con enormes aciertos y también con límites.

La reivindicación de Carrillo y Grierson, en esta consideración, es un pequeño paso en la construcción de una memoria que fortalezca la lucha por un sistema de salud pública y gratuita, la concepción de la salud-enfermedad como un proceso social, la formación científica y la lucha por la igualdad de las mujeres en la medicina y la ciencia. Que así sea.

* El autor es becario doctoral de Conicet, con lugar de trabajo en el Indes (UNSE). Actualmente se encuentra en Alemania, donde es investigador invitado en el Instituto Latinoamericano de la Freie Universität Berlin. El tema de su investigación es La izquierda argentina frente al conflicto árabe-israelí, con el que aspira Doctorado en Historia en la Universidad Nacional de La Plata.

Textos relacionados
#Notas

Deshabitadas del pueblo que fuimos

6 Minutos de lectura
Por Gabriela Álvarez Ilustración: Juanca Paez Gimenez Palabras que intercambian y dialogan con el último poemario de la poeta Belén Cianferoni, “Matar…
#Crónicas#Notas#SubidaCumple

Los cuerpos de Delgado

28 Minutos de lectura
Texto: Ernesto Picco. Fotos: Gabriela Álvarez. 1. Un mundo interior Roberto Delgado había pintado una línea blanca que atravesaba el patio de…
#Notas#SubidaCumple

Si Robin Hood viviera, sería mujer y científica

6 Minutos de lectura
Por Amautas Huarmis. Hablando «a ciencia cierta», podríamos sugerir que la forma de hacer y comunicar ciencia actualmente se considera un poco…
Suscribite a nuestras novedades

Prometemos no hacer spam ;)